¿Por qué le tememos a la muerte?.

Varios/Otros


Las semanas transcurrieron rápidamente, mi amistad hacia la hermana de Mauricio se fortalecía día a día. Comencé a confiar poco a poco y mi corazón iba recuperándose con la calidez y la bondad de ella. Muy dentro de mi, la parte espiritual estaba fortalecida, pero todavía no me animaba a hablarlo. Las decepciones ante religiosos que decían una cosa y actuaban de manera contraria, hacía que rechazara hablar del asunto, por no saber darle una explicación mas racional de la que comprendía.

Cierto día, estábamos tomando café, cosa que me encantaba y charlando al mismo tiempo con ella.

–Liliana, no se porque siento que puedo confiar en ti, hace mucho que no lo hago con nadie.

–Te entiendo más de lo que supones, aunque te parezca increíble, David.

Sin titubear, entré directamente al tema espiritual que le esquivaba desde hacía mucho tiempo y nunca antes lo había querido hablar con nadie.

–¿Crees que hay algo más que la muerte física? –pregunté.

Ella estaba serena, meditó unos segundos y respondió:

–Antes de contestarte, quiero saber si crees o sientes que existe un Creador, una Inteligencia Superior o como quieras llamarlo.

–Todavía no estoy seguro. En un tiempo creí porque lo había sentido, es algo que no puedo explicarlo con palabras, pero ahora dudo mucho.

–Entonces no me va ser posible contestarte –dijo con convicción.

Me sentí desorientado. Hasta ese momento de mi vida, las personas sólo me daban consejos, órdenes, verdades que consideraban indiscutibles, sin lógica y para colmo lo hacían sin que yo les preguntase nada.

Nunca me había sucedido de escuchar una respuesta así y mi curiosidad por sus pensamientos aumentó. Intuía que sabía más de lo que hablaba y no le interesaba convencerme de nada, si no buscar un punto en común para poder dar sus argumentos. Esto me atrapó. Como si hubiese leído mi pensamiento, acrecentó:

–David, no puedo contestarte si no tenemos un punto de partida en común. Si tienes dudas sobre la existencia de un Creador, habría que comenzar por ahí y mi intención no es convencerte de nada, ya que es algo que se siente dentro de uno mismo, una sensación maravillosa y misteriosa al mismo tiempo. No puedo transferirte mi fe por ese Dios que siento en mi corazón, con una bondad infinita. Hay cosas que simplemente se sienten…

–¿Por qué es tan importante para ti que crea en El? –pregunté.

–No quiero hacerte creer en lo que no crees ni hacer que sientas lo que no sientes, pues es algo que cada uno lleva dentro de sí. La pregunta es: ¿Por qué deseas saber si existe algo más que trasciende a la muerte física, si tú mismo no crees en nada que exista fuera de la materia?

¿Cómo puedo contestarte diciendo que ese Amor Superior no destruye a sus criaturas si ni siquiera puedes sentirlo? Si no hay nada mas fuera de las cosas materiales que vemos, tampoco podrás aceptar la existencia del Creador.

Recapacité unos momentos en el por que me negaba a hablar de la existencia de mi guía y ya no me interesó que me tomara por demente.

Desde mi niñez veía cosas y ahora no me importaba lo que pensaran.

¡Nadie podría internarme! Y si quisieran hacerlo, buscaría asesoramiento legal y diría que fueron bromas que se las tomaron en serio. Tan traumado estaba que llegué a pensar en todo esto si llegaba aquel momento.

En un impulso inexplicable, comencé a relatarle rápidamente mi experiencia luego del accidente automovilístico, de cómo me vi fuera del cuerpo mirando a mi propio cuerpo físico y que todo lo que pensaba, salía como si fueran palabras, apenas emitidos por el pensamiento. Había descubierto que fuera de mi organismo, los pensamientos y sentimientos no se pueden ocultar, sale lo que se piensa y se siente. Ese era yo, no mi cuerpo, el cual se asemejaba mas a una vestimenta transitoria, ya que no tenía emociones ni pensamientos propios, era mi mismo espíritu o alma lo que le daba vida a esa vestimenta, exteriorizándolo con palabras habladas. Todos mis cuestionamientos, en ese momento mágico de mi vida, no salieron por un lugar determinado, si no que veía y hablaba a través de todo mi ser.

Ella escuchaba atentamente y sin asombro, como si fuera todo natural.

Al ver que le resultaba familiar y quería seguir oyendo, le comenté de mi guía espiritual, de como me ayudaba y al mismo tiempo me dejaba el libre albedrío para que aprendiera. Por fin le relaté algunas de las duras experiencias por las que había atravesado y todo eso me endureció por dentro, transformándome en una persona incrédula en lo espiritual, a pesar de haber constatado todo personalmente, sin que me lo contaran.

Liliana oía atentamente mientras lágrimas discretas comenzaron a brotar de sus ojos.

–Liliana, no fue mi intención relatarte parte de mi vida y experiencias para que llores, discúlpame, has de cuenta que no dije nada.

–Al contrario, David, no lloro por lo que acabas de contarme, si no por la tristeza que me causa el que te hayas alejado de tu guía espiritual, Esencia o como le llames. Pienso también en el dolor de Emmanuel por el hecho que te hayas apartado de él. No todos tienen la oportunidad de ver a sus guías o ángeles de la guarda, como muchos los denominan, la mayoría lo sienten y experimentan emociones inexplicables cuando lo buscan de corazón, ¡pero tu ni siquiera eso! Lloro por tu incredulidad y por como te has alejado de la espiritualidad.

Ante estas palabras, sentí una angustia en mi pecho por haberle relatado parte de mi vida y al mismo tiempo una extraña sensación de vergüenza. ¿Era mi orgullo que no aceptaba oír tantas verdades? Mi guía ya me lo había advertido desde adolescente, pero también con una mirada misteriosa. Había dicho que el tiempo del otro lado de la vida era relativo y luego de atravesar duras pruebas para aprender, encontraría personas con sus consciencias lúcidas. ¿Sería este el momento al cual se había referido? Estos pensamientos me fueron serenando. Liliana no opinó sobre mi vida, yo se la conté y ahora sentía que tenía mucho para aprender, hacerme más humilde y seguir escuchándola para analizar objetivamente. Ella no tenía nada contra mi, lo que me estaba diciendo eran cosas que yo no podía verlas, así de simple.

–David –continuó Liliana– no te juzgo, me alegro tanto que hayas confiado en mi y me siento agradecida por todo esto. Si somos amigos, debemos decirnos lo que sentimos. Si no te tuviera aprecio, sólo te hubiera escuchado y me habría callado la boca sin expresar lo que pensaba.

¿Estás molesto con lo que dije?

–Al principio, sí, Liliana, por mí mismo, el haber entristecido a mi guía, por mas que él no me lo diga, pero especialmente me hiciste reaccionar sobre mi orgullo herido. Ese germen que no te deja escuchar otras opiniones y por lo tanto no podemos crecer si vemos la vida únicamente bajo nuestra propia óptica y pretender que todos la vean así. Creí, por eso mismo, que me juzgabas y era todo lo contrario, me estabas ayudando a ver más nítidamente las cosas. Estoy comprendiendo que debo confiar y los verdaderos amigos no deben ocultarse lo que piensan, porque les importa la vida del otro. Yo inicié esta conversación y quise saber que pensabas. ¡No sabes cuánto valoro todo lo que me has dicho!, me hizo reaccionar.

–Creo que las verdades relativas a cada uno, cuando nos piden una opinión, son como espadas y debemos tener la precaución de como las empleamos –exclamó Liliana.

–¿A qué te refieres? –dije.

–La espada podemos utilizarla para defender nuestras convicciones, en un sentido simbólico, eso está claro, pero muchas personas que tienen facilidad de palabras, por envidia o lo que fuese, las usan para herir o hasta matar ideales, sueños y proyectos de otros semejantes, haciéndolos desistir del intento, especialmente a los jóvenes, cuyos principios se están desarrollando. Por eso, creo que antes de dar nuestra opinión, debemos evaluar a la persona para hablarle en su propio idioma por lo que piensa, ya que cada uno tiene su verdad relativa y la nuestra puede no estar en lo correcto también. Pienso que debemos estimularlas a que se encuentren a si mismas.

Me sentí encantado con sus conceptos, muy parecidos a los que mi guía me había dicho en numerosas oportunidades, pero necesitaba que me las recordaran nuevamente, ya que las había anulado dentro de mi.

No podría decir que las experiencias y las personas que había conocido anteriormente terminaron por matarlas, no, yo dejé que me convencieran de lo contrario y que sólo tenía que pensar en mi y nadie más. Era muy fácil echar culpas a los demás, las decisiones las tomamos nosotros. Yo me había dejado arrastrar por esas espadas simbólicas y por lo tanto tenía que asumir mi decisión equivocada hasta ese momento, modificándolas.

Me miró profundamente, como si pudiese leerme el alma y prosiguió…

–Si supiese que tu amor propio se sentiría herido y resentido conmigo, no te lo hubiese dicho. Sin embargo, como te comenté antes, te comprendo más de lo que piensas.

No sabía que decir, era como si mi propio guía la estaría inspirando, usando los conceptos que ya me había dicho antes, a la manera de una confirmación…

–Hay personas tan orgullosas –continuó– de creerse que ya lo saben todo, que no aceptan opiniones diferentes a las suyas y se estancan sin animarse a seguir incorporando ideas nuevas, quedando paralizadas en su evolución de la vida, por no adaptarse a los cambios ni a enriquecerse con nuevos conceptos. Por eso no progresan.

Otras son dubitativas, no creen en ellas mismas ni en su potencial interno y pueden ser arrastrados por caminos peligrosos a través de mentes que las controlan, adulándolos en su propio ego y estimulando su orgullo, sabiendo que lo necesitan por sus complejos de inferioridad.

De esta manera los dominan.

“Todos estos términos me resultaban familiares. La observé con más detenimiento y… ¡la mano de Emmanuel estaba sobre su frente transmitiéndole estas sugerencias mentales, para que sepa que no era el único con percepciones espirituales!”.

–Me encantan tus conceptos, de los cuales estoy aprendiendo, Liliana, por favor continúa.

–Creo que debemos aprender a usar estas espadas simbólicas para defendernos de los ataques de las personas codiciosas, ambiciosas, resentidas, envidiosas, sin escrúpulos, para mantener la fe en nosotros mismos, sin desvalorizarnos por nuestros ideales. Pero por sobre todas las cosas, en nuestro Creador que es todo bondad. Por eso insisto en que la fe es una conquista propia, que no se puede prestar ni transferir. Y cuando me refiero a los ataques de estas personas que nombré, no me limito a la agresión verbal únicamente, como también a los pensamientos que son disparados como flechas, concientes algunos o inconscientemente otros, pudiendo anularlas con el poder de la oración hacia los planos superiores de la vida, con nuestro corazón, creando un campo energético a nuestro alrededor que nos aliviará. Sin embargo, aquellos que no responden con amor y si con odios, crean un infierno de ida y vuelta, de vibraciones que parecen dardos envenenados, como un efecto bumerang, sintiéndose mal tanto uno como el otro por no parar estas locuras a través del perdón.

Sólo te ofrezco que hablemos cada vez que quieras y necesites. Me siento muy cómoda contigo porque no tienes ideas preconcebidas y has escuchado cada una de mis palabras, que por supuesto es mi verdad relativa al día de hoy. Creería que con el tiempo podría ayudarte a que tú solo encuentres el camino que te conduzca a encontrar un poco de paz y a la Verdad que tanto estas buscando. ¿Quieres? Se que tienes muchas cosas dentro tuyo guardadas, pero no hay apuro.

–¡Por supuesto, Liliana! Por favor, continúa, me hace muy bien oírte –contesté–. No quería decirle que estaba siendo inspirada por mi guía y necesitaba estas palabras para modificarme. Caían como un bálsamo en mi alma y la emoción de sentir su presencia era hermoso.

–Creo que cuando dejamos nuestra incredulidad de lado, por miedo a lo desconocido o por apatía, podemos sentir a nuestros guías en los momentos que más fuerzas necesitamos para continuar… o a otros amigos espirituales que son protectores para orientarnos a despertar nuestras consciencias.

En este punto, clavó su mirada en la mía, dándome a entender que sabía lo que estaba sucediendo. Mi asombro era increíble, había encontrado a alguien como yo. Supe, a partir de ese momento, que debería haber millones de personas en todo el mundo así, sólo que por un tiempo tuve que atravesar solo mis propias pruebas. Sabía que Emmanuel continuaba inspirándola, pero no podía verlo bien, apenas me estaba sintonizando a su vibración.

–Liliana, no puedo casi ni hablar, prosigue –pedí sensibilizado.

–Muchas personas, cuando se hablan de estos temas, por causa de sus orgullos, se escudan detrás de las burlas como un mecanismo de defensa para mantener sus ideas obsoletas. No tienen coraje para investigar lo que desconocen y por lo tanto sólo niegan, postergan, aterrorizados en que algún día tendrán que partir de la Tierra. Información y pruebas existen de la inmortalidad del alma, ya no es una cuestión de fe…

Me sentía como un extraño, luego de atravesar numerosas pruebas, para volver nuevamente a mi realidad de años atrás, pero con más experiencia y fuerzas. Reconocí que mi entorno había sido diferente en los momentos de confusión por los que había pasado, pero lo único que había descubierto y no cambiaba, era el interior de uno cuando mantiene firme o aún en estado latente, sus convicciones. Caí, sí, tropecé en pantanos de barros, sin embargo ahora me daba cuenta de la fe y el fortalecimiento adquirido.

Es verdad que había desistido de aceptar todo lo que se refería a lo espiritual o que existiese algo diferente a la materia bruta, pero no fue casualidad que Liliana se había cruzado en mi vida y volvía a sentir nuevamente mi naturaleza. Un sentimiento de paz me invadía, algo que hacía mucho no sentía y clamaba por ella.

De pronto pude ver a mi guía frente a mí.

–¡Emmanuel! –grité mentalmente–. ¡Qué alegría! Perdóname amigo, no tengo excusas, mi mente y consciencia estaban como anestesiadas y…

–No te preocupes, David –dijo mi guía con una sonrisa benevolente–, estoy feliz junto a otros amigos espirituales que también te han seguido de cerca, porque has atravesado duras pruebas para tu evolución, volviendo nuevamente a tu naturaleza.

–¿David, en qué estas pensando? –interrumpió Liliana–. De pronto no me escuchaste más y estabas tan pensativo, que hasta me dio la sensación que hablabas con otra persona.

Quedé mudo, no quería decirle que estaba conversando con mi guía mentalmente.

–Te noto radiante, David. Tu rostro se transformó, la mirada está serena y brillante, pero al mismo tiempo con tristeza y cierta nostalgia

–agregó.

–Estoy despertando nuevamente a mi naturaleza, a la consciencia lúcida, la que todos vamos a llegar en algún momento de nuestras vidas, sólo es cuestión de tiempo…

–David, si te parece bien, puedo darte la dirección de una señora conocida, la llaman Doña Marita. Todos los viernes hace una reunión en su casa, hablan de estos temas y creería que te va ayudar a encontrar respuestas a tus indecisiones e inquietudes.

–¿De qué tratan en estas reuniones? –pregunté.

–Hay cosas que simplemente se sienten para una comprensión mayor.

Son Espíritas, te hará muy bien. No tienes nada que perder, si no te gusta o no te sientes cómodo, no vayas más. Sólo te pido que asistas por lo menos una vez y luego tú decides.

“¿Espiritistas? ¡Son sectas peligrosas, invocan espíritus! Deben estar locos. ¡No pienso asistir!, pensé, ignorando en aquel momento que rechazar ideas sin conocerlas o por lo menos investigarlas, nos privaba de nuestro enriquecimiento para crecer por dentro, ser mejores personas y tener un poco de paz, por seguir estancados en ideas fijas”.

Para no herir las creencias que Liliana tenía, simplemente contesté:

–Está bien, por el momento no tengo ganas de ir, sólo dame un tiempo e iré. Ahora voy a recostarme un ratito, ¿me das media horita?

–Por supuesto, David, a veces necesitamos tener nuestro espacio propio para meditar, ¿verdad?

Me encantaron sus palabras.

Ya en mi cuarto, me recosté boca arriba, con los brazos extendidos a los costados y las palmas también hacia el cielo. En ese estado, comencé a serenarme, respirar profundo, relajar mi cuerpo e imaginar mucha luz proveniente del universo, irradiando amor y agradecimiento. En algunos minutos, mi guía espiritual apareció.

–Te extrañaba Emmanuel –dije mentalmente con mucha emoción–.

¿Por qué te alejaste? No te podía ver ni sentir.

–Siempre estuve, David, tu te alejaste de mi. Observaba tu situación, intentaba hacerte sentir mis pensamientos pero los rechazabas, no había sintonía espiritual.

–Amigo, te quiero. Ahora comprendo lo que es la ley de sintonía.

Atraemos lo que pensamos y sentimos, y yo estaba muy lejos de ti. Te necesito, no tengo a nadie mas para conversar, preciso nutrirme con el Amor que proviene desde las esferas mas altas.

–¿Quieres tener un poco de paz y sentir ese amor superior? –contestó.

–Sí, Emmanuel.

–Entonces ayuda a tus semejantes mi amigo, no vivas una vida egoísta. Estás de paso por la Tierra, no eres un simple turista. Cuando llegues a este lado de la vida, nadie te va a juzgar, te verás a ti mismo como si fueses reflejado en el espejo de tu consciencia. No te preguntarán el mal que evitaste o si tu comportamiento en la sociedad fue correcto.

Puede llegar el momento en que tu mismo te interrogues: “¿Qué bien hice en el tiempo prestado sobre la Tierra? ¿Ayudé alguna persona?

¿Dejé semillas en el corazón de algún semejante para multiplicar la fe y la esperanza? ¿Aprendí a pensar en los demás también y no únicamente en mi?”.

Luego desapareció y medité sobre sus enseñanzas.

La idea de la muerte comenzó a rondarme nuevamente. ¿Le temía?

¿Qué pasaría si mañana tendría que morir? ¿Hacia dónde iría? ¿Las demás personas le tendrían temor? Pero si esta etapa de nuestras vidas es lo más seguro que sabemos, nacemos con la condición de retornar un día, de donde hemos venido. ¡Nacemos con la condición de morir!

¿La gente pensaría en esto? ¿Lo negarían o simplemente creerían que vivirán eternamente?

Yo mismo no me había planteado seriamente este asunto, hasta que Liliana sacó el tema. Si tenía la certeza de que moriría, cuando el destino, Dios o lo que fuera lo disponga, entonces tendría que investigar, sin miedos ni ideas preconcebidas, hacia donde partiría, que me sucedería y no enterrar la cabeza como un avestruz bajo la tierra pensando que era indestructible.

Muy posiblemente encontraría causas para que mi partida, llegado el momento, sea serena, tranquila y en paz. Sintiendo que no sólo usufructué de los bienes y distracciones en la tierra, si no que aporté alguna cosa al mundo, por muy pequeña que sea y no estuve viviendo la vida por vivir, comiendo y divirtiéndome solamente. Con estos pensamientos, me propuse estudiar e informarme sobre el asunto, para saber que me sucedería, con que me encontraría del otro lado de la vida, porque negar un hecho, no significa anularlo, si no continuar postergándolo…



Extracto de LA ERA DEL sexto SENTIDO
Diario de un médium adolescente
Levín, Carlos Marcelo

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