Auxilios a los llamados muertos.

Annie Besant


Todo lo que podamos hacer por los vivos, por medio del pensamiento, podemos verificarlo aún más fácilmente respecto de los que han pasado antes que nosotros por las puertas de la muerte; pues respecto de ellos no existe ninguna materia física grosera que poner en vibración antes de que el pensamiento pueda llegar a la conciencia despierta. Después de la muerte, la tendencia del hombre es volver su atención internamente y vivir en su mente más bien que en un mundo externo. Las corrientes de pensamiento que acostumbraban lanzarse a lo exterior, buscando el mundo externo por medio de los órganos de los sentidos, se encuentran entonces rodeados de un vacío, causado por la desaparición de sus instrumentos. Es como un hombre que acostumbrado a lanzarse a través de un puente tendido sobre un abismo, se encontrase súbitamente detenido ante el vacío por haber desaparecido el puente.

La reconstrucción del cuerpo astral que sigue inmediatamente a la pérdida del cuerpo físico, tiende a encerrar dentro las energías mentales para impedir su expresión externa. La materia astral, si no es perturbada por actos de los que quedan en la tierra, forman una coraza aisladora en lugar de un instrumento plástico, y mientras más pura y elevada haya sido la vida que ha terminado, tanto más completa es la barrera entre las impresiones de afuera y las sugestiones de adentro. Pero la persona que así es refrenada en la expansión externa de sus energías, es mucho más receptiva de las influencias del mundo mental, y por tanto puede ser auxiliada, consolada y aconsejada de un modo mucho más eficaz que cuando estaba en la tierra. En el mundo a que han pasado los que se han libertado del cuerpo físico, un pensamiento amante es tan palpable a los sentidos como aquí pueden serlo las palabras amantes o los tiernos cuidados.

Así, pues, todos los que marchan deben ser seguidos por pensamientos de paz y de amor, por deseos de que pasen pronto a través de los valles de la muerte hacia las brillantes regiones superiores. Muchos son los que permanecen en el estado intermedio más tiempo del que de otro modo estarían, porque tienen el mal Karma de no poseer amigos que sepan cómo ayudarles desde el lado de acá de la muerte. Y si la gente en la tierra supiese ¡cuánto consuelo y dicha experimentan los viajeros que marchan hacia los mundos celestes, por medio de estos verdaderos mensajeros angélicos, o sean esos pensamientos de amor y de fortaleza; si supiesen la potencia que tienen para reanimar y consolar, ninguno quedaría abandonado por los que quedan atrás.

Los queridos "muertos" tienen, seguramente, derecho a nuestro amor y cuidado, y aun aparte de esto, cuán grande es el consuelo para el corazón, que carece de la presencia que iluminaba su vida, de poder seguir sirviendo al ser amado, y rodeado en su marcha de los ángeles guardianes del pensamiento! Los ocultistas que fundaron las grandes religiones no descuidaron estos servicios, debidos por los que quedan en la tierra a los que parten de ella. Los indios tiene su Shraddha, por medio del cual ayudan en su camino las almas que han pasado al mundo próximo, apresurando su paso al Svarga. Las iglesias cristianas tienen misas y oraciones para los "muertos": "Concédele, Señor, la paz eterna, y permite que la luz perpetua brille sobre él", ruega el cristiano por su amigo del otro mundo. Sólo la sección cristiana protestante ha perdido esta feliz costumbre, con otras muchas cosas que pertenecen a la vida superior del hombre cristiano. ¡Que el conocimiento les devuelva pronto esta útil y auxiliadora práctica que la ignorancia les ha robado!.


Extracto de El Poder Del Pensamiento
Annie Besant

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