Ayudar a otros por medio del pensamiento.

Annie Besant


Lo más valioso de todo lo que consigue el que trabaja por el poder del pensamiento, es la mayor facultad para ayudar a los demás, a los débiles que no han aprendido a utilizar sus propios poderes. Con su propia mente y corazón en paz puede auxiliar a otros. Una simple clase de pensamiento puede auxiliar en su esfera, pero el estudiante deseará hacer algo más que dar un mero mendrugo al hambriento. Consideremos primeramente el caso de un hombre que se halle dominado por una mala costumbre tal como la de la bebida, y a quien un estudiante desease auxiliar. En primer lugar, debe asegurarse, si le es posible, a qué hora la mente del paciente es probable que se halle más desocupada, como, por ejemplo, la hora en que acostumbra acostarse.

Si el hombre durmiese, tanto mejor. En tal momento, y para tal objeto, debe retirarse a un sitio apartado y pintarse la imagen mental del paciente del modo más vivido que pueda, como sentada enfrente de él, representándola claramente con todo detalle, de suerte que vea la imagen como si viese al sujeto mismo. (Esta claridad de la pintura no es esencial, por más que haga mucho más eficaz el proceso.) Luego debe fijar la atención en esta imagen y dirigir a ella, concentrándose todo lo posible, uno a uno y con toda lentitud, los pensamientos que desee imprimir en la mente del paciente. Debe presentarlos como imágenes mentales claras, exactamente como si estuviese dirigiéndole una serie de argumentos con la palabra. En el caso que hemos elegido, puede hacérsele presente vividas descripciones de las enfermedades y desgracias que acarrea la costumbre de la bebida, el agotamiento nervioso y el inevitable triste fin.

Si el paciente duerme, será atraído hacia la persona que esté pensando de este modo en él y animará la imagen que de él ha sido formada. El éxito depende de la concentración y firmeza del pensamiento dirigidos al paciente, y su efecto será proporcional al desarrollo del poder del pensamiento. En semejante caso debe tenerse cuidado de no tratar de dominar, de ningún modo, la voluntad del paciente; el esfuerzo debe ser completamente dirigido a presentar a su mente las ideas que influyendo sobre su inteligencia y sentimientos, puedan estimularle a formar un juicio correcto y a hacer un esfuerzo para ponerlo en práctica. Si se intentase imponerle una determinada línea de conducta, y se consiguiese, muy poco se habría ganado entonces. La tendencia mental hacia los vicios no será cambiada por oponerle un obstáculo en satisfacerlos de cierta manera; detenida en una dirección, buscará otra, y un nuevo vicio reemplazará al antiguo.

Un hombre a quien se obligue a la fuerza a la templanza por el dominio de su voluntad, se halla tan curado de su vicio como si se hallase en una prisión. Aparte de esto ningún hombre debe tratar de imponer su voluntad a otro, ni aun para hacerle bien. El desarrollo no se ayuda con semejante coerción; la inteligencia debe ser convencida, los sentimientos despertados y purificados: de otro modo no se consigue nada de positivo. Si el estudiante desea prestar alguna otra clase de auxilio a su pensamiento, debe proceder del mismo modo, ideándose la imagen de su amigo. Un deseo fuerte para su bien que se le envíe como un agente general protector, permanecerá a su lado por algún tiempo, como una forma de pensamiento proporcionado a la fuerza del mismo y de su voluntad, y le servirá de escudo contra el mal, actuando como una barrera contra los pensamientos hostiles, y hasta defendiéndole de peligros físicos.

Un pensamiento de paz y consuelo, enviado del mismo modo, consolará y tranquilizará la mente rodeándola de una atmósfera de calma. La ayuda que a menudo se presta a otro por medio de la oración, es en gran parte de la clase que se ha descrito, siendo debido el frecuente éxito de la oración a la mayor concentración e intensidad que pone el piadoso creyente en su oración. Una concentración e intensidad semejantes acarrearían resultados similares sin el uso de la oración. Hay otro modo de que la oración sea eficaz algunas veces: llamar la atención de alguna inteligencia sobrehumana, o humana desarrollada, hacia la persona por quien se ruega; entonces puede venirle una ayuda directa, enviada por un poder que sobrepuje el del que ore. Quizá sea conveniente presentar aquí la observación de que el teósofo no bien instruido no debe alarmarse ni abstenerse de prestar el auxilio de pensamiento de que sea capaz, por temor de "intervenir en el Karma" (*).

Deje al Karma cuidarse de sí mismo, y no tema intervenir en él, ni más ni menos que si se tratase de la ley de la gravitación. Si puede ayudar a su amigo, que lo haga sin temor, confiando en que si puede hacerlo, es porque tal ayuda estaba en el Karma de su amigo, y que él mismo no es más que el dichoso agente de la Ley.

(*) Karma: La ley de reparación de justicia retributiva, por la cual, cada acción, como causa, se relaciona. directa, aunque no inmediatamente con sus electos, Es la ley final de toda vida, que comprende todas las demás leyes del Universo. - (Lo que es la Teosofía, por W. R. OId)
La Ley (Karma) opera en todos los actos y en todos los puntos del Espacio visible e invisible; sus dos movimientos de emanación y de absorción, de acción y reacción, dirigen las curvas más complejas de la evolución; la acción crea, la reacción destruye; la emanación desarrolla los seres, la absorción los disuelve, conservando tan sólo sus semillas. - (La Reencarnation, par le Dr. Th. Pascal) Karma es físicamente acción; metafísicamente, LEY DE RETRIBUCIÓN; la Ley de la Causa y del Efecto o causa etica. - Hay el Karma del mérito y el Karma del demérito.
Karma ni castiga ni recompensa; es simplemente la Ley una Universal que dirige infalible, y, por decirlo así, ciegamente, a todas las demás leyes protectoras de ciertos efectos por conductos de sus cualidades respectivas - (Clave de la Teosofía, por H. P. Blavastky)


Extracto de El Poder Del Pensamiento
Annie Besant

309 lecturas

Comentario de lectores

Ninguno para este artículo