Formas creadas por la música.

Annie Besant


Antes de terminar este pequeño tratado, hemos pensado en el interés que podría tener para nuestros lectores la exposición de algunos ejemplos de otro orden de formas desconocidas de todos aquellos que no poseen sino los sentidos físicos como medios de observación.

Muchas personas han notado que el sonido está siempre asociado al color, que a las notas musicales corresponden sus colores, los cuales pueden ser percibidos por aquellos cuyos sentidos más refinados han alcanzado ya un alto grado de desarrollo. Generalmente no se ha reconocido que el sonido produce formas, así como también colores; además, la ejecución de cada pieza de música deja tras de sí una impresión de esta naturaleza, que persiste durante cierto tiempo y puede ser vista por quienes tienen este poder. Una forma de esta índole no es, quizá, en la verdadera acepción de la palabra, una forma de pensamiento, a menos que se la considere, como pudiera suceder, el resultado del pensamiento del compositor, pensamiento expresado por mediación del que la ejecuta y por el instrumento de que se vale.

Estas formas son muy sorprendentes y su variedad es, naturalmente, infinita.

Cada clase de música tiene su tipo especial de formas, y el estilo del autor se pone de relieve con pasmosa claridad en las formas que su música construye, del mismo modo que se manifiesta el carácter de un hombre en su escritura. Otro factor de carácter vario es introducido por medio del aparato con el cual se ejecuta la pieza musical, así como también por el talento del ejecutante. El mismo fragmento musical, si es exactamente ejecutado, construirá siempre la misma forma; pero esta forma será mucho más grande cuando dicho fragmento sea ejecutado por el órgano de una iglesia o por una banda militar, y no alcanzaría iguales dimensiones si la misma pieza fuese tocada en un piano. No solamente encontraríamos cambiada la dimensión, sino también la forma; esto puede comprobarse, por ejemplo, en un trozo de música interpretado primeramente en un violín y después en una flauta.

La calidad de la ejecución es igualmente causa de diferencia, y ésta es enorme entre la radiante belleza de la forma, construida por el trabajo de un verdadero artista, perfecta como expresión y como ejecución, y la forma comparativamente triste y confusa producida por el esfuerzo defectuoso y mecánico de un músico inexperto. Cada falta de exactitud en la ejecución se reproduce en la forma con un carácter bastante marcado, para dar al clarividente la medida exacta del talento desplegado, del mismo modo que puede ser percibida durante la ejecución por un auditorio atento.

Es evidente que podrían llenarse centenares de volúmenes, si el tiempo y los medios lo permitieran, para reproducir diseños de las formas creadas por diferentes fragmentos de música ejecutados en determinadas condiciones. Aquí sólo podemos dar algunos ejemplos de los tipos principales. Hemos determinado concretarnos a tres clases de música, presentando los contrastes fáciles de comprender, y aun para simplificar, representarlos tal como aparecen ejecutados los tres en el mismo instrumento, en un buen órgano de iglesia.

En cada una describimos la iglesia y la forma sonora que se eleva a manera de torre hacia el cielo; mas será preciso hacer notar que, a pesar de las diferentes dimensiones dadas al paisaje, la iglesia, en los tres casos, es exactamente igual en capacidad y en dimensiones, lo que modifica necesariamente el espacio ocupado por la forma sonora; esta diferencia puede ser corregida fácilmente. La elevación real de la torre de la iglesia es aproximadamente de unos treinta metros; calcúlese, pues, qué extensión puede alcanzar la forma producida por un buen órgano.

Estas formas permanecen en la misma situación durante un tiempo algunas veces considerable, una o dos horas cuando menos; en ese lapso irradian alrededor de ellas sus vibraciones características en todas direcciones, exactamente igual que las formas de pensamiento. Si la música es buena, los efectos de estas vibraciones serán un beneficio para todo hombre que las reciba a través de sus vehículos. No hay nadie que no contraiga una deuda de gratitud hacia el músico que ha creado fuerzas tan benéficas; el compositor de genio puede influir en centenares de personas a quienes jamás ha visto ni jamás conocerá en el plano físico.


MENDELSSOHN

La primera forma representada es relativamente pequeña y sencilla. Tenemos en ella un bosquejo que representa una especie de globo, festoneado con una doble línea violeta. Dentro del globo se encuentra una especie de dibujo formado por líneas de variados colores que .se mueven en una dirección paralela a las líneas violeta; y luego un dibujo compuesto de rasgos multicolores que interpenetran las líneas. Estas dos combinaciones de líneas salen del órgano de la iglesia, y por consiguiente atraviesan el techo en su curso, pues la materia física no constituye un obstáculo para su formación. En la cavidad central de esta forma flota un cierto número de pequeños semicírculos dispuestos aparentemente en cuatro líneas verticales.

Tratemos ahora de tender un hilo conductor que nos sirva de guía para comprender el significado del conjunto, que tan abstruso podría parecer a un estudiante novicio, e intentemos explicar de qué modo esta forma viene a la existencia. Acordémonos de que se trata de una melodía de carácter sencillo, ejecutada en su totalidad, y que, por consiguiente, podemos analizar la forma de una manera que sería inaplicable a un fragmento más importante y más complicado. Por lo tanto, aun en el caso presente, no nos es posible dar todos los detalles, como pronto se verá.

Sin detenernos ahora en el análisis del festoneado , que forma los bordes de la figura, encontramos a continuación una serie compuesta de cuatro líneas de diferentes colores -azul, rojo, amarillo y verde- situadas en la misma dirección. El conjunto de estas líneas presenta un aspecto irregular y tortuoso; de hecho, cada línea está compuesta de fragmentos situados a alturas diferentes y unidos entre sí por líneas rectas perpendiculares. Parece que cada una de estas pequeñas líneas representa una nota musical, y que la irregularidad de sus respectivas posiciones indica la sucesión de las mismas notas. Así pues, cada una de las cuatro líneas mayores representa el desarrollo de una de las partes de la melodía: tenemos barítono y bajo, en un tono casi simultáneo, y que, por lo tanto, no es la regla cuando se trata de la representación astral de las notas. Respecto a lo que acabamos de decir, conviene una nueva explicación.

Aun en el caso de una melodía tan sencilla como la que nos ocupa, hay matices demasiado delicados para ser reproducidos ni aun de manera aproximada, pues cada una de las pequeñas líneas que representan una nota tiene su color propio, y aunque, en conjunto, las cuatro líneas sean una azul, otra roja, otra verde y otra amarilla, cada una de ellas varía continuamente de color.

Las dos agrupaciones de cuatro líneas que parecen cortadas expresan dos partes de la melodía; el borde dentellado que rodea el conjunto es el resultado de las fiorituras y de los arpegios, mientras que las medias lunas aisladas que figuran en el centro representan acordes o grupos de notas aisladas. Naturalmente, los arpegios no son enteramente de color violeta, pues cada curva de festón tiene un color diferente; pero en conjunto se aproximan más a este color que a otro alguno.

La dimensión de la forma que se eleva por encima de la torre de la iglesia es aproximadamente de unos 30 metros; pero si consideramos que penetra en el interior del edificio a través del techo, entonces podemos calcular unos 50 metros aproximadamente. Debido a la interpretación de una de las "Romanzas sin palabras", de Mendelssohn, esta forma se caracteriza por la finura de sus partes, verdadera filigrana artística, semejante a la mayor parte de las composiciones del autor .

El conjunto de la forma se destaca sobre un fondo de colores centelleantes, que en realidad es una nube que la rodea por todas partes, debida al conjunto de vibraciones que en todas direcciones la acompañan.


GOUNOD

Un coro de Gounod. La iglesia tiene las mismas dimensiones que en el caso precedente, y es fácil ver que la parte superior de la forma se eleva a 200 metros por encima de la torre; el diámetro de esta forma es menor, pues hacía algunos minutos que el organista había cesado de tocar, y el conjunto en su espléndida perfección flota en el aire, en una forma casi esférica, aunque aplanada en los dos polos. Este esferoide es hueco -como todas las formas similares- y se extiende suavemente alrededor de su centro, haciéndose al mismo tiempo menos brillante y menos etérea. Poco a poco pierde su consistencia, y por último desaparece como el humo. La dorada radiación que la circunda y hace que resplandezca por todas partes indica, como en el caso precedente, la suma de vibraciones que ha producido. En el presente ejemplo domina el color amarillo, cosa que no sucede generalmente en la dulce música de Mendelssohn.

En la clase de música que ahora nos ocupa los tonos son mucho más brillantes y mucho más compactos, pues esta música no es ya solamente un encadenamiento de melodías, sino más bien una sucesión espléndida de vibrantes armonías producidas por el efecto de los acordes en conjunto, más bien que el de las notas separadas que las componen, cosa bastante difícil en una escala tan pequeña.

Por consiguiente, es para nosotros más difícil seguir el desarrollo de la forma sonora, pues en ese fragmento, de mayor duración, las líneas se cruzan y se interpenetran de tal modo, que no podemos percibir sino el resplandeciente efecto del conjunto, y ésta debía de ser la intención del compositor, lo que deseaba que sintiésemos y lo que podríamos ver si fuésemos capaces de ello. Sin embargo, es posible comprender algo acerca de la materia con que esta forma ha sido construida, y nos será más fácil si comenzamos a examinarla en su parte inferior izquierda.

La gran cantidad de color violeta, que observamos desde un principio, representa, evidentemente, el acorde con que comienza la frase musical, y si seguimos la línea exterior de esta circunferencia podremos obtener una idea del carácter de toda la base. Un detenido análisis nos demostrará la existencia de otras dos líneas paralelas con esta primera línea exterior, y observaremos que manifiestan la misma sucesión de colores en una proporción menor. Esta disposición nos indicará la repetición de la misma frase musical en un tono más suave.

Un cuidadoso análisis del conjunto de la forma nos permitirá reconocer un orden real en este caos aparente, y veremos que para reproducir con perfección esta imagen gloriosa y resplandeciente habrá que ser capaz de representar con exactitud sus más pequeños detalles. Sólo entonces resultaría posible separar pacientemente los distintos elementos de este confuso conjunto, y se conseguiría establecer el lazo que existe entre cada uno de los exquisitos tonos de color resplandeciente y la nota que lo ha producido.


WAGNER

Nadie que haya estudiado las formas de pensamiento musicales puede vacilar en atribuir las maravillosas montañas representadas al genio de Ricardo Wagner. Ningún compositor ha creado aún edificio musical tan vigoroso y tan definido.

Tenemos, en el caso que estudiamos, una vasta construcción en forma de campana, a lo menos de 300 metros de altura y de casi igual diámetro en la base; esta forma flota en el aire por encima de la iglesia, de donde ha surgido. Como en la música de Gounod, ésta forma una cavidad, mas difiere en que se halla abierta en su base. El parecido que existe entre esta forma de pensamiento y un conjunto de montañas es casi perfecto; y está confirmado hasta por las masas de agitadas nubes que corren entre los picos y dan al conjunto su misma perspectiva. No nos hemos esforzado en expresar el efecto de las notas aisladas o de los coros; cada fantástica montaña representa, en dimensión, forma y color, el efecto general producido por talo cual parte del fragmento de música, visto desde lejos.

Todas estas magníficas masas de color son construidas por franjas de colores relativamente estrechas que no pueden ser visibles por separado en el tono gris del conjunto. El resultado definido es que cada uno de estos picos tiene su color y su brillo propios. El espléndido resplandor del color viviente, brillando en la gloria de su propia luz, extiende su radiación, que abarca todo el conjunto. Así pues, esta rápida radiación pasa por cada una de las nubes de color diferente, semejante a las que se ven en el metal en fusión. Los destellos de estos maravillosos edificios del plano astral superan a todas las descripciones que las palabras físicas podrían proporcionarnos.

Una característica muy interesante de esta forma sonora es la diferencia extraordinaria de las dos clases de música que la componen. Una de ellas produce conjuntos de agudas rocas, la otra crea nubes de forma redondeada que las separan. Otros motivos producen las anchas franjas azules, rojas y verdes que aparecen en la base del edificio en forma de campana; las líneas blancas y amarillas que serpentean a través de estas tres franjas es probable que se deban a un acompañamiento de acordes ligeramente arpegiados. En estos tres dibujos no se ha representado sino la forma creada directamente por las vibraciones del sonido, aunque los clarividentes distingan al mismo tiempo otras muchas y pequeñas formas. Estas últimas provienen del sentimiento personal del ejecutante o de las emociones de naturaleza diversa experimentadas por el auditorio.

No sólo la sucesión de vibraciones armónicas que llamamos música, sino todos los sonidos, afectan la materia astral y mental. Tal vez algún día nos refiramos a las formas debidas a otros sonidos; pero esto excede los límites de un pequeño tratado; sin embargo, las personas que se interesen por este estudio especial de los sonidos encontrarán útiles enseñanzas en el libro "El lado oculto de las cosas" Por C. W. Leadbeater. No tenemos necesidad de recordar que la vida tiene siempre un lado oculto; que cada uno de nuestros actos, cada una de nuestras palabras y de nuestros pensamientos, repercuten en el mundo invisible que siempre está cerca de nosotros. Generalmente estos resultados invisibles son de mucho mayor importancia que los fenómenos visibles del plano físico.

El sabio que conoce estas cosas ordena su vida de acuerdo con ellas y se preocupa del conjunto del mundo en el cual vive, no únicamente de su envoltura exterior. De esta manera se evita muchos sufrimientos y hace que su vida sea no sólo más feliz, sino también mucho más útil. Para obrar así se requiere poseer el conocimiento que por sí mismo es un poder; pero en nuestro mundo occidental un conocimiento semejante no puede ser obtenido de hecho sino por medio de las enseñanzas teosóficas.

No basta vivir: es necesario vivir de una manera inteligente; mas para vivir debemos saber, y para saber es preciso estudiar. Vasto es en verdad el campo que ante nosotros se extiende! Si queremos entrar en él, recogeremos una rica cosecha de luz. No perdamos el tiempo en las sombrías mazmorras de la "ignorancia y vayamos intrépidamente hacia el glorioso sol de esta divina sabiduría que los hombres de nuestra época llaman Teosofía.



Extracto de FORMAS DE PENSAMIENTO
Annie Besant y Charles W. Leadbeater

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