La educación de la mente.

Annie Besant


El educar la mente en cualquier sentido es educarla toda en cierto grado, pues cualquier clase definida de educación organiza la materia mental de que está compuesto el cuerpo mental, así como también llama hacia afuera algunos de los poderes del conocedor. La facultad mejorada puede dirigirse a un fin cualquiera y sirve para todos los objetos. Una mente educada puede aplicarse de un modo que sería imposible a la no educada, y ésta es la utilidad de la educación.

Pero no debe nunca olvidarse que la educación de la mente no consiste en sobrecargarla de hechos, sino en desarrollar sus poderes. La mente no se desarrolla poniéndola repleta con los pensamientos de otros, sino ejercitando sus propios poderes. Se dice de los grandes Maestros que se hallan a la cabeza de la humanidad, que conocen todo cuanto existo en el sistema solar. Esto no significa que todos los hechos que en éste se encierran están siempre en su conciencia, sino que han desarrollado de tal modo en ellos el aspecto del conocimiento, que siempre que dirigen su atención sobre algo, conocen el objeto en que la han fijado. Esto es algo mucho más grande que el acopio en la mente de cualquier número de hechos, así como es una cosa más grande ver un objeto en el que se fija la mirada, que ser ciego y conocerlo sólo por la descripción que otros hacen. La evolución de la mente se mide no por las imágenes que contiene, sino por el desarrollo de la naturaleza llamada conocimiento, el poder de reproducir en ella todo cuanto se le presente.

Esto es tan útil en cualquier otro universo como en éste, y una vez obtenido, es nuestro para emplearlo donde quiera que estemos.


- La asociación con superiores.

Ahora bien: este trabajo de educar la mente puede ser muy auxiliado poniéndonos en contacto con aquellos que están más altamente desarrollados que nosotros. Un pensador de mayor poder que nosotros puede ayudarnos materialmente porque emite vibraciones de un orden superior al que nosotros podemos crear. Un pedazo de hierro no puede por si solo emitir vibraciones de calor; pero si se halla cerca del fuego, puede responder a las vibraciones de éste y calentarse.

Cuando nos hallamos al lado de un pensador potente, sus vibraciones obran en nuestro cuerpo mental y despiertan en él vibraciones respondientes, de suerte que vibramos en simpatía por él.

Durante aquel tiempo sentimos que nuestro poder mental ha aumentado y que podemos asir conceptos que normalmente se nos escapan; pero cuando de nuevo nos hallamos solos, vemos que estos mismos conceptos se han tornado borrosos y confusos. Muchas veces sucede que la gente oye un discurso y lo sigue inteligentemente durante aquel tiempo. Se marchan luego muy satisfechos, sintiendo que han obtenido algo valioso en conocimiento. Al día siguiente, al querer participar a un amigo lo que han obtenido, encuentran, con mortificación, que no pueden reproducir los conceptos que tan claros y luminosos le parecieron, y entonces exclaman: "Estoy seguro que lo sé; aquí lo tengo, sólo que falta agarrarlo". Este sentimiento proviene de la memoria, de las vibraciones que, tanto el cuerpo mental como Siva, han experimentado; existe la conciencia de haber comprendido los conceptos, la memoria de las formas tomadas y el sentimiento de que, habiéndolas producido, su reproducción debiera ser fácil.

Pero el día anterior las vibraciones superiores fueron las que produjeron las formas cogidas por el cuerpo mental; fueron moldeadas desde afuera y no desde adentro. La impotencia experimentada al tratar de reproducirlas, significa que este moldeamiento tiene que repetírsele algunas veces antes de que tenga suficiente fuerza para reproducir estas formas por vibraciones por él mismo iniciadas. El Conocedor tiene que vibrar de este modo superior varias veces antes de que pueda reproducir las vibraciones a voluntad. En virtud de su propia inherente naturaleza, puede desenvolver el poder dentro de sí para reproducirlas, una vez que se ha hecho responder varias veces a la impresión desde afuera. El poder en ambos conocedores es el mismo, pero el uno lo ha desarrollado, al paso que el otro está latente. Se le saca de esta latencia por el contacto con un poder semejante ya en actividad, y de este modo el más poderoso apresura la evolución del más débil.

En eso consiste una de las utilidades de asociarse con personas más avanzadas que nosotros. Nos aprovechamos de su contacto y nos desarrollamos bajo su influencia estimulante. Un verdadero Maestro ayuda de este modo a sus discípulos mucho más teniéndolos a su lado que por la palabra. Para esta influencia el trato personal directo proporciona el contacto más efectivo. Pero a falta de esto o la asociación con el Maestro, mucho puede también obtenerse de los libros, si éstos se eligen sabiamente. Al leer una obra de un verdadero gran escritor, debemos por el momento tratar de colocarnos en una situación negativa o receptiva, de suerte que se reciba el mayor número posible de sus vibraciones mentales. Cuando hayamos percibido estas vibraciones, nos esforzaremos al tratar de sentir el pensamiento que parcialmente expresan, extraer de ellas todas sus ocultas relaciones. Nuestra atención debe concentrarse de modo que penetre la mente del escritor al través del velo de sus palabras.

Semejante lectura sirve de educación y hace progresar nuestra evolución mental. Una lectura menos esforzada puede servir de pasatiempo, puede llenar nuestra mente, con hechos valiosos y aumentar así nuestra utilidad. Pero la lectura que se ha escrito significa un estimulo para nuestra evolución, y no debe ser descuidado por los que buscan el desarrollo con el fin de servir.



Extracto de El poder del pensamiento
Annie Besant

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