Las formas, colores y contornos del pensamiento.

Annie Besant


PRINCIPIOS GENERALES

Tres principios generales gobiernan la producción de todas las formas del pensamiento:
1) La cualidad de los pensamientos determina el color;
2) La naturaleza de los pensamientos determina la forma;
3) La precisión de los pensamientos determina la precisión de los contornos.


- El significado de los colores.

El sentido de la pauta para el significado de los colores es el mismo que el de la obra El Hombre Visible e Invisible. Lo que se dijo referente a los colores de los distintos cuerpos del hombre puede repetirse cuando se trata de las formas de pensamiento generadas por ellos.

A los lectores que no conocen el libro mencionado o que no lo recuerdan, les diremos que el negro significa el odio y la maldad; el rojo en toda su escala, desde el rojo ladrillo hasta el escarlata brillante, indica la cólera; la cólera brutal se manifiesta por medio de relámpagos de un rojo oscuro atravesando densas nubes de color pardo, mientras que la indignación noble se manifestará por medio de un color escarlata muy vivo que, aunque lejos de ser feo, es desagradable por su brillo; un rojo oscuro y repugnante, casi exactamente lo que se llama “rojo de sangre de dragón”, es el indicio de las pasiones animales y todos los deseos sensuales.

El color moreno claro (como de tierra de Siena quemada) expresa la avaricia; el gris oscuro indica el egoísmo –este color se encuentra, desgraciadamente, con demasiada frecuencia-; el gris oscuro y sombrío es señal de depresión, mientras que el gris claro y lívido indica el miedo; el verde gris denota la superchería, mientras el verde oscuro salpicado de puntos y de relámpagos de color escarlata manifiesta los celos.

El verde parece demostrar siempre la facultad de adaptación; en el caso más inferior, cuando se aplica al egoísmo, esta facultad se convierte a menudo en engaño y falsedad; más adelante, cuando la evolución ha avanzado, el color se hace más limpio, más puro, denotando que el ser que posee desea darse todo a los demás, aunque entren aún en sus proyectos muchos sentimientos interesados, como el deseo de popularidad o de buena reputación. En su aspecto más elevado, el verde brillante expresa el divino poder de la simpatía. La afección se manifiesta por medio de toda la gama, desde el carmesí al rosa; un color acarminado claro y limpio significa la afección normal, fuerte y sana;; si este color rosa se oscurece con un moreno gris opaco, indica un sentimiento manifiestamente egoísta, mientras que un rosa pálido y puro corresponde al amor absolutamente desinteresado de que están dotadas las naturalezas elevadas.

Semejante a los primeros albores de la aurora, el amor pasa de igual modo del carmín oscuro de los sentimientos groseros a los tintes delicados del rosa más suave a medida que se purifica la afección de todo egoísmo, y crece cada vez más abrazando en su grande y tierna compasión a todos los seres necesitados de él. Este color admirable, ligeramente mezclado con el azul de la devoción, puede expresar el sentimiento ampliamente realizado de la fraternidad universal de todos los hombres.

El anaranjado oscuro implica el orgullo o la ambición, y toda la gama del amarillo pertenece a la intelectualidad; el amarillo de ocre oscuro demostrará la inteligencia aplicada a satisfacer el egoísmo, mientras que el amarillo claro indicará una personalidad intelectual elevada. El amarillo primavera, pálido y luminoso, es el indicio de la inteligencia más elevada; es la razón pura dirigida hacia fines espirituales.

Las diferentes tonalidades del azul indican el sentimiento religioso, escalonándose desde el azul oscuro de la devoción egoísta, o el azul gris del fetichismo matizado por el miedo, hasta el color intenso y brillante que representa el acto de adoración de un corazón amante; y el espléndido azul pálido, exaltación del color precedente, que pone de relieve la renunciación del yo personal y la unión con lo Divino.

Un pensamiento lleno de amor producido por un corazón piadoso da origen a una serie de tonalidades maravillosas, semejantes al azul profundo de un cielo de estío. Algunas veces, a través de estas nubes de un azul espléndido, resplandecen en todo el conjunto deslumbradoras estrellas de oro de chispeante lluvia.

Un sentimiento compuesto a la vez de afección y de adoración se manifiesta por medio de un tinte violeta, cuyos delicadísimos matices expresan con exactitud las diversas capacidades que tienen las almas para responder a la concepción de un ideal elevado.

El brillo y la intensidad de los colores denotan, generalmente, la medida de la fuerza y la actividad del sentimiento que los ha originado.

Es preciso no olvidar la clase de materia de que están constituidas las formas de pensamiento.

Si un pensamiento es puramente intelectual e impersonal; si el pensador, por ejemplo, trata de resolver un problema de álgebra o de geometría, la forma de pensamiento, así como su modo vibratorio, pertenecerán únicamente al plano mental.

Supongamos que el pensamiento sea de orden espiritual, que esté matizado de amor y de aspiraciones elevadas, o de un olvido completo de sí mismo; una forma semejante se elevará por encima del plano mental y participará en gran manera del esplendor y la gloria del plano búdhico. En este caso su influencia es muy poderosa. Un pensamiento semejante será siempre una fuerza considerable que no producirá sino un efecto bienhechor en la mente de aquellos a quienes puede alcanzar, a condición de que ellos posean el don de sentirla y responder a ella.

Por lo demás, si un pensamiento contiene en sí mismo algo de egoísmo, algún deseo personal, sus vibraciones descenderán y se rodearán de materia astral, que formará a manera de una envoltura a la materia mental de que todo pensamiento está constituido.

Un pensamiento de esta clase actuará sobre el cuerpo astral de los hombres, así como sobre su inteligencia, y de esta suerte no solamente despertará sus pensamientos, sino también sus sentimientos.


- Las tres clases de formas de pensamiento.

Si consideramos los pensamientos desde el punto de vista de las formas que ellos crean, podremos clasificarlos en tres categorías.


1) LAS FORMAS QUE REPRODUCEN LA IMAGEN DEL PENSADOR.

Cuando un hombre se encuentra con el pensamiento en cualquier apartado lugar, en el cual quisiera vivamente hallarse en aquel momento, crea una forma de pensamiento que lo representa y que aparece en el lugar donde desea estar. Una forma semejante puede ser vista frecuentemente por otras personas, ya menudo ha sido tomada por el cuerpo astral o por la aparición del hombre mismo. En un caso semejante, el vidente debe serlo lo suficiente, en aquel momento, para poder darse cuenta de este fantasma astral, o la forma de pensamiento debe tener la suficiente energía para materializarse, es decir, para atraer alrededor de ella, temporalmente, cierta cantidad de materia física. Un pensamiento capaz de generar una forma de esta clase debe ser necesariamente poderoso, y emplea también una gran cantidad de materia del cuerpo mental.

Por pequeña y restringida que sea la forma de pensamiento cuando sale del pensador, se envuelve, no obstante, con una considerable cantidad de materia astral, y crece hasta adquirir las dimensiones de un ser viviente antes que llegue a su destino.


2) LOS PENSAMIENTOS QUE TOMAN LA FORMA DE OBJETOS MATERIALES.

Cuando un hombre piensa en un amigo, da forma por medio de su cuerpo mental a la imagen exacta de ese amigo. Esta forma brota a menudo de la mente del pensador y flota, generalmente, suspendida ante él. Del mismo modo, si un hombre piensa en una habitación, en una casa o en un paisaje, diminutas imágenes de estos objetos se forman en el cuerpo mental, y pronto se exteriorizan. Lo mismo sucede cuando la imaginación está en actividad. El artista, al concebir la obra que se propone ejecutar, la construye primeramente con la materia de su cuerpo mental; después la proyecta en el espacio ante sí, mirándola mentalmente, y la copia. Del mismo modo construye el novelista las imágenes de sus personajes en la materia mental, y luego, por un esfuerzo de voluntad, hace mover sus muñecos de un lado a otro, separándolos o agrupándolos, y de este modo se desarrolla la verdadera intriga ante él.

A causa de nuestra extraña y falsa concepción de la realidad, nos es difícil comprender cómo pueden existir actualmente estas imágenes mentales y ser tan perfectamente objetivas que a un vidente le resulte dable percibirlas y aun ser transformadas por otro que no sea su creador. Algunos novelistas han observado este hecho, y han asegurado que los personajes, una vez creados en su imaginación, actúan con voluntad propia y hacen que la intriga cambie de dirección, y algunas veces en un sentido opuesto al plan original del autor. Lo que sucede en estos casos es que a veces las formas de pensamiento son vivificadas por elementales de la naturaleza, o más frecuentemente por la acción de algún novelista muerto que vigila desde el expresar sus consejos.


3) LOS PENSAMIENTOS CUYA FORMA ES DEL TODO ORIGINAL, Y QUE SE MANIFIESTAN POR MEDIO DE LA MATERIA QUE ATRAEN.

Tan sólo las formas de pensamiento de esta clase pueden ser, en realidad, representadas por medio de láminas, pues las de las dos primeras series no serían, en suma, más que paisajes o retratos. En esta clase de pensamientos veremos copias de formas pertenecientes al plano físico, pero modeladas con materia astral; en el tercer grupo tenemos, por el contrario, una vislumbre de las formas cuya naturaleza corresponde a los planos astral y mental. Esto hace que tales formas sean verdaderamente interesantes aun ante la dificultad insuperable de reproducirlas de un modo exacto.

Las formas de pensamiento de esta categoría se manifiestan casi siempre en el plano mental, pues, en su mayoría, son la expresión de los sentimientos, así como de los pensamientos.

Los que hemos expuesto en este trabajo pertenecen casi todos a esta clase, a excepción del pequeño número que nos ofrecen las maravillosas formas de pensamiento que se originan en la meditación bien definida de aquellos que han llegado, gracias a una larga práctica, a saber pensar. Las formas de pensamiento dirigidas hacia un individuo determinado producen efectos bien definidos; estos efectos son en parte reproducidos en el aura del que recibe los pensamientos, y en este caso fortalecen su conjunto o son rechazados.

Un pensamiento lleno de amor y de deseo de proteger, dirigido con energía a un ser querido, crea una forma que va hacia esta persona y permanece en su aura como un guardián, como un escudo; esta forma de pensamiento buscará todas las ocasiones de ser útil, todas las oportunidades de proteger y defender a aquel hacia quien ha sido enviada, mas no por un acto consciente y voluntario, sino por una obediencia ciega al impulso que la creara. El resultado será fortalecer las corrientes benéficas que están' en el aura, y debilitar las corrientes perniciosas que podrían encontrarse en ella. De este modo creamos y mantenemos, cerca de los que amamos, verdaderos ángeles guardianes, y más de una madre al orar por su hijo ausente ha construido barreras protectoras en torno de él, aunque haya ignorado cómo pudo ser que sus plegarias hubiesen producido efecto.

En el caso en que pensamientos malos o buenos son proyectados hacia personas determinadas, con el fin de que lleven a cabo alguna misión, deben encontrar en el aura del que los recibe materiales capaces de responder a sus vibraciones. Ninguna combinación de materia puede vibrar fuera de ciertos límites, y si la forma de pensamiento está más allá de los límites en que el aura es capaz de vibrar, no puede afectarla de ninguna manera.

Por consiguiente, el pensamiento retrocede hacia el que lo ha generado con una fuerza proporcional a la energía empleada para proyectarla. Por esto se ha dicho que un corazón puro y un espíritu elevado son los mejores protectores contra el asalto de los pensamientos de odio, pues el corazón y el espíritu puros construirán un cuerpo astral y un cuerpo. mental compuestos de materia fina y sutil, que no pueden responder a las vibraciones pertenecientes a una materia más densa y grosera. Un pensamiento envidioso o de odio, puesto en movimiento con fines perversos, se encuentra con que al tocar un cuerpo puro como el que acabamos de hablar, es rechazado y retrocede con toda su energía, sigue la línea de menor resistencia que lo ha conducido, y llegando a su progenitor, lo hiere.

Como éste posee en la materia de que se compone su cuerpo astral y su cuerpo mental elementos semejantes a los que constituyen tal forma de pensamiento, ésta suma sus vibraciones con las otras correspondientes, y al fin el creador del mal pensamiento sufre justamente lo que quiso hacer sufrir a otro.

Así pues, las maldiciones y las bendiciones son comparables a los pájaros que instintivamente vuelven a su nido. Se comprenderán, pues, los peligros que existen en dirigir pensamientos de odio a un hombre muy evolucionado: las formas de pensamiento enviadas contra él son impotentes para alcanzarlo; pero, por el contrario, retroceden hacia sus creadores y los hieren mental, moral y físicamente.

Casos semejantes han sido muchas veces observados por miembros de la Sociedad Teosófica y les son bien conocidos. Mientras permanezca algo grosero y bajo en los vehículos de un ser, cualquier cosa que propenda al mal y al egoísmo es el blanco de los ataques de aquellos que desean perjudicarlo; mas cuando ha eliminado todo vestigio de mal por medio de la purificación de sí mismo, sus enemigos no podrán nada contra él, tendrá la virtud de permanecer tranquilo y apacible en medio de los peligros que lo amenacen. ¡No les sucede lo mismo a quienes crean pensamientos de odio!

Otra cosa es preciso mencionar aún: Cada uno de los pensamientos ha sido observado en la vida real; no son el resultado de la imaginación de un soñador, sino la imagen de formas observadas en el presente y proyectadas por hombres o mujeres en estado normal, y han sido reproducidas con el mayor cuidado y la más escrupulosa exactitud, bien sea por los mismos que las han observado o con el auxilio de artistas a quienes las han descrito.


FORMAS DE PENSAMIENTO CREADAS EN LA MEDITACIÓN.

SIMPATÍA y AMOR HACIA TODOS LOS SERES.

Debemos estudiar algunas formas originadas por pensamientos subjetivos. Esto es, creaciones de la meditación debidas a un esfuerzo consciente del pensador, el cual tiende a realizar una idea definida o procura alcanzar un estado espiritual.

Los pensamientos de esta clase son siempre bien definidos, pues el hombre que sigue este método aprende a pensar con claridad y precisión. La belleza y la regularidad de las formas que se crean dependen del desarrollo del poder mental. En el caso que nos ocupa, vemos en el pensador la resolución de amar a todos los que lo rodean, y tenemos ante nosotros toda una serie de líneas armónicas del verde luminoso que corresponde a la simpatía, destacándose sobre el fondo rosa brillante del amor. Estas líneas son de suficientemente anchas y separadas como para poder reproducirlas fácilmente en un dibujo.

En muchas formas de pensamiento de la clase más elevada de esta serie, las líneas son tan finas y tan unidas, que sería imposible representarlas tal como realmente son. Los contornos de esta forma son los de una hoja de árbol; mas las líneas y las curvas que la componen la asemejan más bien a una especie de concha; y aquí nos vemos obligados a hacer constar lo mismo, cuando hacíamos observar la analogía que existe entre ciertas formas de pensamiento y ciertos objetos de la naturaleza.


ESFUERZO PARA AMAR TODAS LAS COSAS.

Un ejemplo aún más perfecto de la misma clase. Esta forma de pensamiento fue creada durante la meditación por una persona que concentró todas las fuerzas de su voluntad en el ardiente deseo de ver abrazar a todos los hombres el ideal que tan claro aparecía a sus ojos. Por esto la forma producida parece emanar de su creador y cruzarse después para volver a su punto de partida. De ahí que el maravilloso dibujo sea del color violeta más vívido, y esta espléndida forma resplandezca con un brillo dorado que, desgraciadamente, resulte imposible reproducir.

El hecho es que todas estas líneas que parecen tan entrecruzadas no son en realidad más que una sola línea que dibuja la forma de pensamiento con gran precisión y maravillosa exactitud. Apenas podría mano humana reproducir un dibujo semejante, y sería de todo punto imposible lograr su efecto con nuestros colores. Si probásemos de trazar sobre un fondo amarillo líneas muy finas de color violeta, no obtendríamos más que un efecto gris, que de ningún modo se parecería al original; pero lo que no puede hacerse a mano es dable realizarlo algunas veces por una máquina más hábil y más delicada; de esta manera se ha obtenido un dibujo que casi logra tan bien el efecto del color como la maravillosa perfección de la línea y de las curvas.


CONCEPCIÓN INTELECTUAL DE ORDEN CÓSMICO.

Comprobamos el resultado de una tentativa para la realización de una concepción intelectual de orden cósmico. El pensador era evidentemente un teósofo, y se verá que pensando en la acción del espíritu sobre la materia se produjo como consecuencia la figura simbólica que expresa el emblema de la Sociedad Teosófica.

En efecto: el triángulo con la punta dirigida hacia arriba es el triple aspecto del espíritu, mientras que el otro triángulo, cuya punta se dirige hacia abajo, representa la materia con sus tres cualidades principales. Generalmente el triángulo superior es blanco o dorado, y el inferior de un color más oscuro, azul o negro; pero es preciso advertir que en este caso está el pensador tan preocupado con su tentativa intelectual, que sólo aparece el amarillo. No hay lugar ni para las emociones que nacen de la devoción, ni para las que se derivan del asombro o de la admiración.

La idea que embarga el espíritu, y cuya realización es deseada, excluye a las demás. Por lo tanto, la nitidez de los contornos de esta forma se destaca sobre un fondo compuesto de brillantes rayos, lo que denota el alto grado de desarrollo alcanzado por su autor.


EL LOGOS MANIFESTADO EN EL HOMBRE.

Hemos llegado a una serie de pensamientos de tal índole, que difícilmente puede el alma humana crear formas más elevadas cuando medita sobre su divino origen. Cuando el hombre, en estado de contemplación, trata de elevar su pensamiento hasta el Logos de nuestro sistema solar, no hace esfuerzo alguno para representárselo, y no puede formarse una idea basada sobre una forma por él conocida. A pesar de eso, los pensamientos de esta clase se expresan por medio de formas definidas que toman la materia del plano mental, cuyo examen puede sernos interesante. La figura representa precisamente una forma de pensamiento que se refiere al Logos manifestado en el hombre, y un deseo ardiente del pensador de servir de canal a esta manifestación. Este sentimiento de devoción es el que da a la estrella de cinco puntas el color azul pálido, y la forma misma de esta estrella es muy significativa, pues desde luengos años ha sido el símbolo de Dios manifestado en el hombre.

El autor de la forma de pensamiento era tal vez un francmasón, dado el simbolismo de la Francmasonería; la forma de la estrella parece demostrarlo bien claramente. Se observará que los rayos que la circundan salen de una nube resplandeciente, lo que denota una plena comprensión respecto a la gloria infinita de Dios, pero también un esfuerzo intelectual intenso unido a la devoción.


EL LOGOS PENETRÁNDOLO TODO

El esfuerzo dirigido a imaginar al Logos penetrando toda la naturaleza. Aun aquí, es imposible llegar a una perfecta reproducción de una forma de pensamiento semejante, y recurrimos a la imaginación de nuestros lectores que con su buena voluntad suplan semejante insuficiencia. Es preciso representarnos la esfera dorada como en el interior de otra esfera formada de líneas de color azul pálido, y yuxtaponiendo en el plano físico los dos colores en cuestión no se consigue producir sino una mezcla informe de color verde, que no responde en modo alguno al carácter de la forma de pensamiento que se pretende reproducir. Sólo la máquina de que hemos hablado antes ha podido reproducir la gracia y la delicadeza de líneas del dibujo. Como en el caso precedente, una sola línea reproduce un trazado maravilloso, y la cruz luminosa formada por la cuádruple radiación de las líneas del dibujo es debida al hecho de que las curvas no son realmente concéntricas, aunque lo parezcan.


EL LOGOS EN SU TRIPLE MANIFESTACIÓN

En el momento en que la forma de pensamiento representada, su autor trataba de imaginar al Logos en su triple manifestación. El espacio vacío en medio del dibujo era un chorro deslumbrante, color amarillo, imagen clara del primer aspecto; el segundo era simbolizado por el ancho anillo de líneas entrecruzadas que rodean el centro; el tercero, por la franja más estrecha del exterior de la figura, que parece de una contextura menos compacta. Todo el conjunto debería tener como fondo la luz dorada de que ya hemos hablado, brillando a través de las líneas violadas del trazado.

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Extracto de FORMAS DE PENSAMIENTO
Annie Besant y Charles W. Leadbeater

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