Estar atascado.

Jesús ~ Jeshua


Queridos amigos,

Soy Jeshua. Estoy aquí, entre vosotros, para conectar con cada uno y que podamos compartir nuestras energías. La energía que yo traigo se funde con la vuestra, con vuestra luz, con la sabiduría que habéis acumulado a lo largo de las vidas que habéis vivido aquí, en la Tierra. De este modo, juntos formamos un canal mediante el cual exteriorizar un conocimiento apropiado para el presente.

Estamos canalizando juntos. Sentid que participáis en esta canalización y que no sois solo oyentes, estudiantes a la búsqueda de repuestas, sino también maestros que saben e intuyen las respuestas en su interior y que desean transmitir ese conocimiento a otros que también están buscando. Todos desempeñáis ambos papeles. Sois buscadores, estáis en continuo crecimiento y centrados en vuestra renovación y expansión. Pero, al tiempo que se desarrolla ese proceso, también transmitís vuestra energía a aquellos que quizás no estén tan avanzados en su proceso de cambio y que se benefician de los descubrimientos y logros interiores que les transferís de manera natural. El arte de ser un maestro espiritual no consiste en ser capaz de formular el conocimiento mediante palabras elocuentes y precisas, sino en la capacidad de transmitir su esencia de un modo natural y auténtico que propague una vibración de alegría y libertad, así como un sentimiento de confianza y fe.

Hay momentos en los que sentís claramente esa vibración, es entonces cuando estáis conectados con la esencia de vuestro ser. En esos momentos, vuestras enseñanzas no tienen que ver con lo que hacéis ni con lo que dais al mundo, tienen que ver con lo que sois. Tienen que ver con la vibración natural que difundís espontáneamente a los demás. Cada vez que os preguntéis «¿En qué consiste exactamente el trabajo espiritual que he venido a hacer en la Tierra», adentraos en las profundidades de vuestro ser, donde reside la sencillez: la verdad de vuestro yo único. Una vez que conectáis con vuestra esencia y actuáis desde ahí, la forma en la que permitís que vuestra energía fluya hacia el mundo carece de importancia. Todo lo que os haga sentir bien y os proporcione alegría e inspiración os pertenece, y por ofrecérselo al mundo seréis compensados a su debido tiempo; vosotros también recibiréis. No busquéis la seguridad en lo material, sino en vuestra esencia, allí donde reinan la paz, la naturalidad y la sencillez.

Quiero que sepáis que, cuando os digo estas cosas, también os habla el Uno en vuestro interior. Quiero expresar vuestra voz en esta canalización, unida y fundida con mi propia vibración. Juntos formamos un campo y tal es la intención. No soy un maestro que esté por encima de vosotros y tenga todas las respuestas. En verdad, cada alma expresa su propia sabiduría de un modo que le es único y que se mezcla en un inmenso campo luminoso con una amplia gama de tonos y matices. Estad orgullosos de ser quienes sois y nunca intentéis imitar a nadie. Que cada uno de vosotros encuentre quién es; en ese momento alcanzará su máxima belleza y pureza. La respuesta a todas vuestras preguntas reside en ese lugar profundo, en esa esencia; allí donde todo fluye con facilidad y podéis exclamar: «¡Sí, es cierto que es muy fácil! Esto es lo que yo soy —un ser ilimitado y libre. El miedo y la carencia no son de verdad, no pueden afectarme realmente».

Naturalmente, hay momentos en la vida de todo ser humano en que perdéis esa conexión con vuestra esencia, donde todo se vuelve tenebroso y oscuro, y os dejáis dominar por el miedo y la desesperación —lo que llamáis «energía negativa». Al perder esa conexión con vuestro centro, todo lo que al principio parecía claro y sencillo se convierte en algo complejo y complicado, en algo sobre lo que tenéis que pensar mucho y bien. Andáis en círculos y quedáis atascados del mismo modo que la aguja de un tocadiscos queda atascada en una ranura, mientras el vinilo sigue girando pero nada cambia realmente. Esa situación provoca un agotamiento energético y una tristeza desesperada, y puede incluso llevar a la depresión.

Cuando estáis atascados, pueden suceder dos cosas: o bien os liberáis, o bien os enredáis aún más todavía hasta que llegáis a un punto en el que estáis tan atascados, por decirlo así, que algo termina ocurriendo. Desde un punto de vista energético, la vida nunca se detiene —no puede detenerse—, con lo cual, termináis atrayendo algún acontecimiento o se produce una erupción interior que os obliga a cambiar de dirección. Esa nueva dirección siempre será más intensa que la anterior, pero os ofrece nuevas oportunidades y la posibilidad de seguir nuevos caminos. Desde una perspectiva cósmica, es imposible quedar atascado; la vida sigue fluyendo a través de vosotros, aunque tengáis la sensación de estar atrapados. En realidad, lo que eso significa es que anheláis algo con lo que ya habéis establecido una conexión emocional, pero que aún permanece fuera de vuestra vista y alcance; está más allá del horizonte. Es entonces cuando os sentís atrapados y es ahí donde surgen la frustración y la decepción que parecen confirmar que estáis atascados.

¿Cómo salir de esa situación? Lo primero que habéis de hacer es abandonar la idea de que algo va mal. Seguramente pensáis algo como: «Ya debería estar allí; mi objetivo era haber conseguido ya esto o aquello —y he fracasado». Esa idea, ese juicio, os desanima y hace que os atasquéis aún más. Si pudierais observaros con mayor objetividad y con cierta distancia, lo que os diríais sería: «Parece que hay algo que me preocupa y que me resulta difícil de gestionar, por eso no estoy todavía allí donde quiero estar». Considerar de este modo vuestra sensación de estar atascados supone más bien una invitación a la introspección y a investigar qué es aquello que quiere ser visto. Y lo que encontraréis son emociones contradictorias: una parte vuestra desea lo nuevo, lo que os satisface y lo que os trae más creatividad e inspiración, pero otra parte se aferra a lo viejo porque tiene miedo de soltar y de renunciar a la seguridad.

¿Cómo lidiar con ese miedo? Si estáis intentando dar un gran paso hacia vuestra renovación, lo ideal sería soltar vuestra vieja identidad y convertiros en una nueva persona, de ahí que en la literatura espiritual se hable de «renacimiento» o de un «segundo nacimiento». No obstante, ¡convenceos desde ya de que no os va a resultar fácil soltar vuestra vieja identidad! Esa identidad la habéis ido construyendo con sumo cuidado y consiste mayormente en una compleja mezcla de mecanismos y pautas de supervivencia, de conductas que habéis venido utilizando para evitar y escapar de emociones difíciles. Es algo que empezáis a hacer de niños y, para un niño, es a menudo la única estrategia de supervivencia posible, pues las emociones que experimenta pueden llegar a ser demasiado abrumadoras para su espíritu.

Los niños, en particular los niños sensibles, tienden además a experimentar los problemas y las energías densas de sus padres como si fueran suyas, como si se tratara de un problema que tienen que resolver ellos, tarea que no compete en absoluto a un niño. Así, ya desde muy temprana edad vais forjando pautas de comportamiento para huir del dolor, del miedo y del trauma, con el fin de esquivarlos y sobrevivir. Es importante que entendáis esta faceta vuestra.

Hasta aquí he hablado solamente de la identidad que forjasteis durante vuestra infancia en esta vida. Pero también lleváis con vosotros impresiones de otras vidas, energías residuales que hoy, en esta vida, desean ser vistas y liberadas. Por ello, al mismo tiempo que anheláis adentraros en una nueva realidad, acercaros a vuestra alma, realizaros y tener relaciones auténticas con otros, esforzaos también por tratar con la mayor ternura y compasión posible esa parte vuestra a quien le está costando soltar lo viejo. Sentid vuestra propia resistencia, el miedo y la desconfianza, y vedlo todo a través de los ojos de aquel niño pequeño abrumado de responsabilidades e incapaz de gestionarlas. En cierta medida, cada uno de vosotros ha sido traumatizado emocionalmente, aunque sea por el mero hecho de haber crecido en la Tierra, acosado por múltiples miedos, ideas de carencia y creencias negativas —no podíais sino perder una parte de vosotros.

Quisiera añadir que no es realista entablar una «batalla espiritual» contra las injusticias de afuera ni intentar cambiar el mundo que os rodea ni intentar forzar el nacimiento de un nuevo mundo. El auténtico guerrero que lucha por la luz incorpora tanto cualidades masculinas como femeninas, y observa a su niño interior, se da cuenta de sus dificultades y, con exquisita ternura, lo abraza, se compadece de él y lo tranquiliza. Aquí es donde podéis apreciar cuán importante es que hagáis uso de vuestras fortalezas tanto masculinas como femeninas para sanaros a vosotros mismos. El poder femenino tranquiliza esa parte vuestra más ansiosa y desconfiada, y que quizás no desea siquiera estar aquí, en la Tierra. La energía femenina tiende su mano, es dulce y cariñosa como una madre: incondicional y acogedora, crea apertura. Probad a experimentarlo dejando que la energía femenina fluya hacia vosotros, en particular hacia esos aspectos que os generan tanta resistencia y tanto conflicto.

También es necesario que utilicéis vuestra energía masculina, simbólicamente reflejada en determinadas fortalezas. A veces, es importante tomar decisiones «duras», poner límites y despedirse de situaciones o de personas que siguen enganchadas a viejas pautas. Ser espiritual no consiste en tener una compasión y comprensión impasibles en relación con los patrones negativos, propios o ajenos. A veces, la energía masculina es contundente: «¡Al cuerno con esto!». Os lleva por un camino nuevo en el que os afirmáis y os atrevéis a mostrar quiénes sois realmente. Ese es el aspecto de la energía masculina que resulta esencial para liberaros. Naturalmente, vuestro lado femenino os permite sentir una honda comprensión de lo que puede estar ocurriendo, en vosotros y en los demás, cuando hay negatividad, violencia e incluso destrucción.

Pero vuestro lado masculino hace que os deis cuenta de que, en esta vida, estáis aquí para vosotros y que tenéis que tomar decisiones que sirvan a vuestra luz, a vuestra alma. Lo que puede llevaros a hacer elecciones muy precisas y concretas, e incluso a alejaros de lo que no es esencial ni va ya con vosotros.

Visualizad ahora vuestra energía masculina como si fuera una espada que empuñáis con la mano derecha. En la mano izquierda sostenéis una preciosa copa, un magnífico cáliz que representa la energía femenina, receptiva y sanadora. Ambas son herramientas que podéis utilizar como apoyo. A veces, en esas situaciones donde ciertas pautas se repiten una y otra vez, y donde no fluye ninguna corriente de renovación, es necesario esgrimir la espada, hablar con contundencia y no dejarse arrastrar por patrones con los que ya no os sentís a gusto.

Otras veces, cuando os toca lidiar con profundas emociones de miedo o tristeza, es necesario en cambio que os deis ánimos y consuelo, y que permanezcáis abiertos y receptivos a vuestras emociones. Podéis visualizar el cáliz como si estuviera hecho de un cristal de color curativo, en el cual depositar y acoger las emociones que más conflicto os generan. Y si no sabéis qué hacer en alguna situación determinada o con respecto a ciertas emociones, preguntaos intuitivamente: «¿Qué necesito aquí —la espada? ¿Me conviene dar un paso decisivo, poner límites y alejarme? ¿O es mejor que me adentre en mí interior y acoja esa honda emoción que emerge hacia la superficie? ¿Necesito quizás hacer ambas cosas?». La espada masculina y el cáliz femenino son dos herramientas a vuestro servicio.

Para terminar, os voy a pedir que sintáis la conexión que existe entre nosotros. Fijad vuestra mirada interior en el maestro que ya sois, en vez de en los problemas y conflictos que habéis compartido unos con otros. Sentid esa enorme fuerza que tenéis; esa esencia única y poderosa que está a vuestra disposición y que tanto se aprecia ya en vosotros. Intuid el canal que formamos juntos y recibid la energía que emana de todos nosotros. Sentid la alegría, la sabiduría y la esperanza presentes en esta energía. Y cuando os sintáis atascados, no os ofusquéis mirando lo que no funciona. Tomad también consciencia, por favor, de todo lo que va bien, de todo lo que fluye en vuestra vida y de todo lo que ya tenéis para dar y compartir con los demás —¡es muchísimo!

Os doy las gracias por dejarme estar entre vosotros y mezclar mi energía con la vuestra. ¡Sí!



Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Traducción de Laura Fernández

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