El viaje interior.

Maria Magdalena


Queridos míos,

Soy María Magdalena. Vengo a vosotros como amiga. Me siento feliz y agradecida de estar a vuestro lado.

Vuestro obrar es determinante. Al uniros con el objetivo de transformar vuestra consciencia y de hacerla más receptiva y abierta, generáis cambios en vuestra vida y, también, en la atmósfera colectiva de la Tierra —todo lo que hacéis tiene una influencia decisiva.

Desde la perspectiva del plano de existencia en el que yo vivo, el mundo interior es primordial. Para nosotros, los acontecimientos externos, eso que vosotros llamáis el mundo objetivo, son secundarios. Las circunstancias de fuera se producen a partir de cambios internos, de intenciones impulsadas desde dentro —lo externo es fruto de lo interno. Para mí, y para todos aquellos que están conmigo en este plano, el mundo interior es más real que el exterior.

Para vosotros, en cambio, la verdad es justo lo contrario: el mundo que os rodea tiene un impacto y una influencia considerables en vosotros. Las impresiones físicas que recibís a través de vuestros sentidos, las conversaciones con otras personas, las circunstancias externas… Todo ello parece definiros y moldearos. Con todo, en esencia no es sino una ilusión. Existe un mundo interior que precede todo cuanto os rodea. Y la forma de recuperar vuestra fuerza es mediante la conexión con ese mundo interior, el mundo de vuestra alma.

En el plano exterior sois vulnerables y débiles. Tenéis un cuerpo humano que puede caer presa de todo tipo de influencias externas: enfermedades, catástrofes naturales, violencia humana. Ese cuerpo humano es frágil y delicado, y es mortal. También tenéis emociones, las cuales a menudo os parece que están fuera de vuestro control. Sentís entonces que sois como el juguete de los estados de ánimo y emociones que os asaltan, al igual que lo sois del viento, la lluvia o las tormentas. Cuanto más os identificáis con vuestras emociones, más pequeños y vulnerables os sentís, pues os consideráis víctimas de vuestros estados de ánimo y veleidades.

En cierto sentido, sin embargo, esos estados mentales y de ánimo, esas emociones, están fuera de vosotros. En lo más hondo de vuestro ser existe un lugar que es independiente tanto de las tormentosas emociones que os zarandean como del mundo físico que os rodea, sean cuales sean sus gentes y circunstancias.

Os voy animar ahora a que vayáis hacia ese lugar, un lugar de neutralidad y silencio, independiente del tiempo y el espacio, e independiente de vuestro yo físico. Encontrar ese lugar dentro de vuestro cuerpo y conectar con él es posible cuando desarrolláis una profunda intimidad con vosotros mismos. El cuerpo es la puerta de entrada al yo interior. Llevad vuestra atención hacia dentro, conectad con vuestro corazón y sentid la manera en que la cálida corriente de vuestra atención acaricia y beneficia todo vuestro cuerpo.

El cuerpo también posee una vida interior; no consiste únicamente en un complejo de células o cualquier otro objeto que pueda ser descrito por un químico o un biólogo. Vuestro cuerpo posee una consciencia y una vida internas. Sentidlo durante unos instantes. Dejad que vuestra respiración penetre profundamente en vuestro cuerpo y observad que lo hace por sí sola: vuestro cuerpo sabe cómo respirar de una manera tranquila y relajada. Daos cuenta de cómo el mundo exterior va perdiendo importancia a medida que os adentráis en vosotros y os serenáis.

Id hacia la zona del abdomen, hacia la parte baja del mismo. Allí, localizad un lugar en el que podáis deteneros a descansar; sentid energéticamente en dónde está ese lugar. Imaginad que lo rozáis con vuestra respiración y, luego, adentraos en él. Podéis visualizarlo como un cuenco formado con dos manos o cualquier otro tipo de nicho o abertura. Dadle una forma a ese lugar de descanso de vuestro abdomen e imaginad que toda vuestra fuerza está ahí depositada. Es una fuerza serena, una fuerza milenaria que el tiempo no erosiona.

Todos habéis estado ya muchas veces encarnados en un cuerpo en la Tierra. En lo más hondo de vuestro abdomen hay un lugar en el que os dais cuenta de que sois mucho más y mucho más grandes que ese cuerpo, que esa persona con esas emociones; más incluso que esta vida. Sois seres eternos y, cuanto más comprendáis esta verdad, mayor acceso tendrá vuestra alma a vuestra existencia física y vida externa aquí, en la Tierra.

Primero, sentid esa paz interior en las profundidades de vuestro abdomen. Ahí encontraréis un ancla, una estabilidad que no se deja afectar por las emociones ni por los estados de ánimo que fluctúan en vuestro campo energético. Con todo, ese lugar sereno no es un lugar vacío —puede que sea neutro, pero no está vacío. Sentid la consciencia que en él palpita; es resiliente y vital, y, también, muy amplia y espaciosa.

Imaginad que esa consciencia, esa energía, fluye desde las profundidades hacia el resto de vuestro cuerpo y observad cómo sucede sin más. Desde ese lugar de quietud localizado en el suelo pélvico, una corriente de energía se arremolina lentamente por todo vuestro abdomen, antes de seguir su camino, apacible y tranquila. Se trata de vuestro yo más profundo fusionándose con vuestro yo terrenal. Por tanto, fijaos hacia dónde quiere ir esa corriente: ¿hacia arriba, hacia el corazón, los hombros, el cuello y la cabeza? ¿O hacia abajo, hacia los muslos, las rodillas, las pantorrillas y los pies?

Notad que, cuando os sumáis a esa energía, a ese poder, la perspectiva que tenéis sobre muchos de los asuntos de vuestra vida se modifica. Sentís que sois fuertes e independientes. Que sois más grandes y abarcáis mucho más que cualquier cosa que esté sucediendo en vuestra vida, incluyendo vuestras emociones o vuestros sentimientos más intensos. Hay algo más grande que todo ello —y eso es lo que sois.

Lo que hoy necesitan muchas personas —todas las personas— es espacio para ser ellas mismas y sentirse a salvo. Sin embargo, las estructuras sociales que prevalecen en la Tierra son incapaces de ofrecer a la gente ese espacio interior y esa seguridad. Por lo tanto, lo que se necesita son personas que puedan traer estructuras sociales nuevas y flexibles, que no estén basadas en el miedo y el control, y que constituyan una extensión de esa libertad y sabiduría internas.

Vosotros sois quienes traéis esa nueva sociedad. Generalmente, tenéis la idea de que vivís y funcionáis en la Tierra como individuos solitarios, pero lo que hacéis, lo que sentís y lo que pensáis es determinante. Por el mero hecho de pensar de forma distinta ejercéis ya una influencia en vuestro entorno. Lo interno va siempre por delante de lo que luego ocurre fuera; por lo tanto, lo interno conlleva más poder que lo externo.

Lo que pensáis y sentís es esencial para que se produzcan cambios en el mundo, así que no os distraigáis considerando la manera en que os ven los demás. En vez de ello, os animo a que os adentréis en vosotros mismos. Algo surgirá entonces, de forma espontánea y natural, en vuestro interior —la sensación de recuperar vuestra propia fuerza—; no será necesario que os esforcéis para que ocurra. Lo que hace que la llave gire en la cerradura es emprender el camino interior; a partir de ahí, lo demás va desenvolviéndose por sí solo.

Emprender ese camino interior requiere valentía. A veces, parece más fácil limitarse a seguir la corriente y adaptarse a las circunstancias aparentemente reales que os envuelven en vuestra sociedad, incluyendo sus expectativas y los hábitos de la gente. Esa corriente tiene un poder de succión muy convincente y puede, en cierto modo, convertirse en una distracción y una adicción. Es gratificante pensar que uno pertenece a la sociedad y es halagador ser admirado o querido en esas condiciones. Pero ¿de qué valen realmente ese amor o esa admiración si resulta que os oprimen y no hacen justicia a quienes de verdad sois en esencia: esa fuerza vital que late en vuestro abdomen y que procede directamente de vuestra alma?

En última instancia, el propósito es que le abráis del todo la puerta a esa fuerza vital de vuestra alma y eso empieza con vuestra renuncia interna a las estructuras, los requisitos y las expectativas que no encajan con vosotros. Hacer eso requiere valor. Es del todo normal —no es que estéis locos— experimentar miedo cuando os adentráis plenamente en vuestro abdomen y conectáis con vuestra naturaleza más espontánea, con vuestros impulsos más sinceros.

Debido a ese miedo, es necesario que lo hagáis una y otra vez, con el fin de reanimar la conexión con el poder de vuestro abdomen. Es necesario que os recordéis continuamente que es ahí donde reside vuestro auténtico ser; que es ahí donde radica la fuente de vuestra inspiración y, por tanto, la fuente de sentido y dirección de vuestra vida.

Yo os animo a que os adentréis en vuestro abdomen y conectéis con ese lugar de reposo para, desde ahí, sentir cómo vuestra energía fluye hacia las entrañas de la Tierra. Cuando conectáis con la Tierra y su núcleo esencial desde la alegría, os sentís libres y sin ataduras; tanto vosotros como la Tierra sois almas poderosas. Luego, preguntaos a vosotros mismos y a ese flujo de energía: «¿Qué necesito en mi vida diaria para dar a luz a mi propio poder? ¿Hay pequeños pasos que pueda seguir para lograr que eso suceda?».

Imaginad ahora que estáis firmemente anclados en vuestro propio centro y unidos a la Tierra, y preguntaos: «¿Qué es lo que YO quiero?». Sentid la sonoridad de ese «YO». Quien os está hablando es un «YO» profundo, una parte esencial de vosotros mismos. Es posible que no captéis nada concreto de inmediato, pero prestad atención a lo que sentís, a lo que deseáis o anheláis fervientemente. Puede que sea algo general: más libertad, más alegría, menos presión. Dejad que vaya brotando y confiad en la sabiduría instintiva de esa energía de vuestro abdomen. Pero no os detengáis en ella demasiado; dejaos llevar, sin más.

Asumid que, al hacer esto de forma regular en vuestra vida diaria, sois, en cierto modo, revolucionarios. En el silencio de ese viaje interior, soltáis aquello que es tan solo apariencia e ilusión. Empezáis a escuchar de verdad a vuestro yo auténtico y, por ello, a generar cambios no solo para vosotros, sino también para la sociedad que os rodea.

Os doy las gracias por el trabajo interior que estáis llevando a cabo y os saludo con el corazón rebosante de alegría.

Muchas gracias.



Pamela Kribbe canaliza a María Magdalena
Traducción de Laura Fernández
https://jeshua.net/esp/canalizaciones/maria-magdalena/el-viaje-interior/

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