El aura.

Omraam M. Aivanhov


Todos los seres vivos: los humanos, los animales, las plantas e incluso las piedras, emiten.

partículas, producen emanaciones, y a esas partículas y a esas emanaciones se les llama el aura.

Para el hombre, el aura es el conjunto de emanaciones de sus distintos cuerpos: fisico, etérico, astral, men.. tal, causal, búdico y átmico; cada cuerpo aporta con sus emanaciones distintos matices. El aura es, por consiguiente, una síntesis muy vasta de las distintas tendencias, cualidades y virtudes del hombre. En algunos, el aura es muy extensa, muy vasta, posee intensas vibraciones y espléndidos colores; en otros, por el contrario, es pequeña, apagada y brumosa.


El aura como instrumento de protección.

Un aura en buen estado es la mejor protección. Los estragos que se producen en la tierra no pueden alcanzarnos si tenemos un aura pura, luminosa y potente, porque actúa como una barrera que se opone a las corrientes negativas y a las perturbaciones de todo tipo. Rodeado de un aura semejante, el discípulo se encuentra como en una fortaleza, y cuando a su alrededor todos están agitados, turbados y desmagnetizados, él conserva aún su amor y su ánimo porque siente dentro de sí una luz interior gracias a la cual incluso puede ayudar a los demás.


Los colores del aura como puntos de referencia.

Si queréis ser capaces de distinguir por todas partes lo verdadero de lo falso, necesitáis un punto de referencia, una muestra para reconocer la verdad; esta muestra sólo podéis tenerla si poseéis en vuestra aura el color azul, el verdadero color azul, él os guiará.

Si buscáis la sabiduría, la inteligencia, la encontraréis gracias al color amarillo de vuestra aura, etc...


Cómo trabajar sobre el aura.

Podéis trabajar sobre vuestra aura de dos maneras.

Primeramente, por la voluntad consciente, es decir, imaginando que nadáis en los colores más puros, más luminosos. Y para tener una idea exacta de los 7 colores debéis emplear el prisma, porque solamente los colores que resultan de la descomposición de la luz blanca por el prisma son los verdaderos colores. Los colores que veis en la naturaleza, en las flores, en los pájaros, en los cristales, sólo son tonalidades que se acercan relativamente a los verdaderos colores.

Unicamente con el prisma veréis el verdadero rojo, el verdadero amarillo, los verdaderos verde, azul, violeta...

Podéis ejercitaros imaginando que los colores salen de vosotros y se propagan en el espacio. Os encontráis en el centro de una esfera y desde allí enviáis vuestro amor hacia todo el universo como proyecciones de colores y de luz.

El segundo método consiste en trabajar sobre las virtudes: la pureza, la indulgencia, la generosidad, la bondad, la esperanza, la fe, la humildad, la justicia, el desinterés. Este segundo método es más seguro. Trabajáis sobre las virtudes y entonces estas virtudes forman vuestra aura.

Por el amor la vivificáis, por la sabiduría la volvéis más luminosa, por la fuerza de vuestro carácter la volvéis más poderosa, por una vida pura la volvéis límpida y transparente. Las cualidades que dais a vuestra aura dependen de las virtudes que conseguís desarrollar.

Evidentemente si podéis reunir ambos métodos aún es mejor. Porque, supongamos que os concentráis todos los días en el aura, pero que al mismo tiempo vivís una vida vulgar sin intentar desarrollar las virtudes, entonces estáis construyendo por un lado y destruyendo por el otro. Por eso hay que unir los dos métodos: vivir una vida honesta, pura y llena de amor, y al mismo tiempo trabajar conscientemente sobre el aura. A medida que se desarrolle, esta aura os permitirá comunicar con todas las regiones del espacio.


Extracto de LA NUEVA TIERRA
OMRAAM MIKHAEL AIVANHOV

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