El modelo solar.

Omraam M. Aivanhov


Lectura del pensamiento del día:

«El más alto ideal consiste en tomar al sol como modelo. Si queréis imitar a un sabio, a un filósofo o incluso a un héroe, a un santo, o a un Iniciado, sin duda recibiréis algunas partículas de sus virtudes, pero nunca en tal cantidad ni con una cualidad tan pura como cuando vuestro modelo es el sol.

«La imagen de la perfección es el sol, y si lo tomáis como modelo, si como él sólo pensáis en calentar y vivificar a las criaturas, entonces os transformaréis verdaderamente. Aunque no obtengáis nunca la luz, el calor y la vida del sol, sólo el deseo de adquiridos os proyectará a las regiones celestes, donde haréis verdaderas maravillas. Este deseo de iluminar, de calentar y de vivificar a las criaturas, os volverá más luminosos, más cálidos y más vivos.»

Esta es una página que va a escandalizar a unos y a extrañar a otros. ¡Tomar al sol por modelo! Todo el mundo me dirá: «Pero oiga, eso es inverosímil, el sol no es un ser inteligente ni consciente». Y se equivocan.

Por supuesto, el sol se presenta bajo la apariencia de una bola de fuego. Pero, y el ser humano ¿bajo qué apariencia se presenta? Un cuerpo que funciona como una máquina... y el universo también es una máquina. Han existido algunos cerebros geniales que han aparecido en el mundo, y se pretende que es obra del azar. Pero un azar tan inteligente, tan perspicaz, ¿no es raro?

Si una máquina funciona, no es por azar, hace falta que alguien la haya puesto en marcha.

Nunca se ha visto que una máquina se ponga en marcha sin que una inteligencia haya provocado esta puesta en marcha.

Desde el momento que hay una materia, hace falta un espíritu que la anime. Por eso pensar que el sol no es más que una bola de fuego incandescente, es un error. El sol es una tierra magnífica, habitada por criaturas evolucionadísimas, que dirigen los planetas, y las vibraciones de estas criaturas son las que se transforman en el espacio en calor y en luz; en el propio sol reina una temperatura extremadamente moderada. Pero, ¿quién me creerá? Los niños, quizá. No rebajo a ninguno de los grandes Maestros de la humanidad cuando digo que debemos tomar al sol por modelo, pues ellos también lo han hecho. Ya que han iluminado al mundo entero con su sabiduría, que han encendido los corazones con su amor, que han vivificado al mundo entero con su vida pura, esto prueba que han tomado al sol como modelo. Por otra parte si el sol no cesa de enviar su luz y su calor, si sostiene sin descanso la vida en el universo, es que él también tiene un modelo a quien imita: el Señor.

La imitación es una tendencia innata en el ser humano y en todas las criaturas. Pero ¿a quién se quiere imitar? A un actor o a una actriz de cine, a un campeón de fútbol, etc... No tenemos un criterio para elegir modelo y sobre todo no sabemos la importancia de la elección de modelo para la vida psíquica. Tenéis un amigo: cuando le tratáis, recibís partículas de él, os da algo de sus virtudes y de sus vicios, y es así como, aún sin saberlo, os modeláis en él. De la misma forma, «tratando» al sol, maravillándoos todos los días con su belleza, su limpieza, su poder, con toda la vida que surge de él, al cabo de algún tiempo os daréis cuenta que se producen transformaciones dentro de vosotros mismos, en vuestras células: algo en vosotros empieza a vibrar de otra manera y os volvéis cada vez más luminosos, más cálidos y más vivificantes.

Si queréis tener una influencia benéfica sobre los humanos, entrad todos los días en contacto con el sol para recibir de él algunas partículas que comunicaréis a los demás. El sol es el único que puede poneros en las mejores disposiciones con respecto a los humanos. Mientras no haya ese modelo de calor y de luz, nos dejaremos llevar por manifestaciones inferiores. Observad lo que pasa en el mundo: no se ven más que personas que quieren aprovecharse de los demás, esclavizados y aplastados. ¡No es muy maravilloso todo esto! Mientras que en el sol, tenéis la imagen de un ser radiante, generoso y estáis influidos por él. Incluso admitiendo que no sea una criatura inteligente y razonable en el sentido en que lo entendemos habitualmente, el contacto con su luz y su calor os inspirará pensamientos más amplios, sentimientos más fraternales.

Por supuesto, siempre han existido seres excepcionales que podemos tomar como modelos por su pureza, su bondad, su inteligencia, su honestidad. Pero la perfección es otra cosa. La perfección supone el desarrollo ideal de estos tres factores que son el intelecto, el corazón y la voluntad, lo cual es muy raro. Existen personas extraordinariamente inteligentes e instruidas que no sienten ningún amor por los demás. Otros están llenos de amor, pero no tienen ninguna voluntad, y así sucesivamente. La vida no cesa de mostramos seres notables en ciertos terrenos, pero defectuosos en otros. Sin embargo el sol nos da la imagen ideal de la perfección: su luz nos enseña que conoce todo, su calor nos habla de su amor y la vida que esparce en el universo nos revela su inmenso poder.

Cuando queremos adquirir conocimientos, aprender un oficio: tonelero, por ejemplo, o barbero, vamos a casa del tonelero o del barbero para que nos enseñe el oficio. Pero si tenemos que aprender a convertirnos en seres inmortales, a tener la vida eterna, ¡es a los muertos a quienes preguntamos! ¡A los vivos, nadie les pregunta! Esta es la inteligencia de los humanos: en los libros de los muertos es donde van a aprender la vida, ¡no van junto al sol! Al sol, sólo lo utilizan para alumbrarse, para calentarse, y ahora sobre todo para explotar su energía, metida en botellas y vendida. Id a hablar a los físicos y a los ingenieros de que tienen que tomar al sol como modelo, ¡se reirán en vuestras narices! Pero vosotros, si me escucháis, si ponéis al sol por encima de todas vuestras preocupaciones, veréis como os ilumina, como os estimula, como os cura.

Pero yo hablo, y hablo, y sé que muchos continuarán teniendo como modelo a cualquier mequetrefe o a cualquier chica vulgar. «Pero entonces, diréis, ¿no debemos tener novia?» Por supuesto que sí, pero en vuestro amor tomad al sol como modelo. Id junto al sol, colmaos de luz y abrazad después a vuestra novia, veréis qué diferencia... En realidad sería preferible no abrazada, pero en fin, si lo deseáis, al menos hacedlo después de haberos colmado de luz, de calor y de pureza.

En cuanto a mí, nunca os he aconsejado que me toméis por modelo. Siempre os he dicho que yo no era más que un poste indicador: miro hacia el sol, y en dirección al sol tiendo mi dedo para que os dirijáis hacia él. Pues es el sol el que os lo dará todo; yo, ¿qué puedo daros? Puedo solamente llevaros hacia él, que es la imagen de la perfección.

La mayoría de los humanos se imaginan que no existe nada más grande ni más glorioso que su trabajo o su oficio. Yo encuentro que nada se puede comparar con este oficio aún desconocido que nadie sospecha : convertirse en el sol que ilumina a todas las criaturas, las calienta y las vivifica. Tomar al sol por modelo y, como él, iluminar, calentar y vivificar. Por supuesto, no es tan fácil ser como el sol; dentro de varias centenas de años aún no habréis llegado. Pero al menos este ideal de llegar a ser como él producirá en vosotros tales transformaciones que interiormente, esto es cierto, os convertiréis en un reflejo del sol, y en vuestra presencia los hombres empezarán a sentirse más luminosos, más cálidos y más vivos.

Existen millares de actividades en el mundo, sobre todo desde hace unos años en que han aparecido tantos oficios nuevos, pero ninguna puede compararse al trabajo del que quiere llegar a ser como el sol. Ninguna otra puede verdaderamente satisfacerlo. Mirad, cualquier cosa que hagáis limita vuestra actividad. Podéis ser químico, astrónomo, músico, pintor, abogado, notario... evidentemente una parte de vosotros mismos se siente colmada con vuestra actividad, pero no es ni con vuestra ciencia ni con vuestro arte como llegaréis a resolver los otros problemas de la vida (vuestra mujer, vuestros hijos, vuestros amigos, o incluso vuestra salud).

Todos los que se aproximan conscientemente al sol con el deseo de ser como él, acaban por aportar realmente la vida, el calor y la luz del sol. Y los demás, que lo sienten, se aproximan a ellos. ¿Cómo no ir hacia un ser junto al cual se sienten vivificados, calentados e iluminados? Sin embargo evitamos a quien es frío, apagado, sin vida, y si nos vemos obligados a tratado nos cerramos ante él. Mirad las flores: se cierran durante la noche, pero durante el día se abren al sol.

Las flores nos hablan, nos enseñan muchas cosas, nos dicen: no podéis abrir a los seres más que por el calor y la luz. Pero ¿quién las comprende?

Tomad al sol como modelo. A lo largo de la jornada, cuando no estéis delante del sol, vigilaos, analizaos y preguntaos: «¿Irradio y propago la luz? ¿Caliento y dilato el corazón de las criaturas? ¿Les aporto la vida?» Sí, en cada momento del día preguntaos esto, pues es la clave de vuestra perfección.

La lección más sublime que nos da el sol, es su amor por todas las criaturas. No se preocupa de saber a quien envía sus rayos. Que los humanos sean inteligentes o estudiosos, buenos o criminales, que merezcan o no merezcan sus beneficios no importa, a todos los ilumina sin distinción. ¡Es en esto en lo que el sol es único! Fijaos en los seres más extraordinarios que hayan existido sobre la tierra: todos han tenido prejuicios, preferencias e incluso animosidades. Aún los más grandes profetas, incluso los más grandes Maestros no pudieron liberarse completamente de la necesidad de aplicar la ley de justicia y de castigar a los malvados.

¿Por qué el sol da luz, calor y vida a todas las criaturas sin discriminación, tanto a los criminales como a los santos y a los justos? ¿Está ciego, no ve los crímenes, no es más que algo mecánico, sin inteligencia ni discernimiento, al que poco importan la bondad o la maldad, la rectitud o la falta de honradez? No, el sol ve las faltas de los humanos mucho mejor que cualquiera, pero para él éstas son cosas minúsculas en comparación a la inmensidad de su luz y de su calor. Todo lo que nos parece monstruoso y terrible, para él son pequeños errores, pequeñas destrucciones y pequeñas suciedades... Ellos suprime, los repara, los lava y continúa ayudando a los humanos, hasta que alcancen la perfección, con una paciencia ilimitada.

Os preguntaréis: «Pero a qué se debe esta generosidad? ¿Qué filosofía puede tener el sol en su cabeza?» Ahora lo vais a ver. El sol tiene un concepto del género humano: ve la eternidad y la inmortalidad del alma humana, sabe muy bien que la humanidad es un fruto todavía verde, áspero, duro y ácido. Entonces él, que sabe madurar los frutos de los árboles, que los llena poco a poco de azúcar y de perfume hasta que los hace deleitosos, quiere también madurar a la humanidad. Pero como comprende que para la humanidad hace falta más tiempo que para los árboles y los frutos, ha decidido tener paciencia.

Sabe que calentando a un criminal, éste acabará un día por estar tan fatigado y descorazonado de sí mismo, que se abandonará a la influencia benéfica del sol... y llegará a ser un ser adorable, delicado, un poeta, un músico, un bienhechor de la humanidad.

El sol no abandona a los hombres porque sabe que si los abandona, su evolución fracasará; ya no habrán frutos maduros, no habrán santos ni profetas, no habrán divinidades sobre la tierra. El sol continúa iluminando y calentando a los hombres porque conoce las causas y las consecuencias, el comienzo y el fin, conoce el camino de la evolución... De otra forma, se pondría furioso, se cerraría, se obscurecería ¡y sería el fin del ser humano! El sol brilla siempre, lo cual prueba que conoce la meta de su trabajo, la finalidad de la creación, y continúa ayudando a los humanos hasta su madurez.

Para el sol somos como granos plantados en alguna parte del suelo espiritual: bajo sus rayos podemos dar flores coloreadas y con perfumes tan extraordinarios que incluso las divinidades se quedan extasiadas. ¿Qué es una flor? No sabe ni cantar, ni danzar, ni tocar el violín, y sin embargo los cantores, los bailarines y los músicos se maravillan ante ella... Si nosotros sabemos ser como flores, ¿por qué las divinidades que están tan por encima de nosotros no vendrán a extasiarse? Dirán: «¡Oh! ¡qué bellas flores!» y se ocuparán de nosotros para hacernos todavía más puros, más luminosos y más perfumados.

Esto es lo que sabe el sol, y por eso es el único que no cesa nunca de hacer el bien a los humanos. Los demás se cansan, cierran la tienda y desaparecen de la circulación: ¡enterrados!

Pero el sol siempre está ahí, triunfante, resplandeciente. El dice: «Venid, bebed, tomad... ¿Habéis hecho tonterías?.. No os quiero mal. Los humanos son egoístas, malvados, vengativos, y si os cogen no respondo de vosotros. Pero yo no os haré ningún daño, venid, exponeos a mis rayos...

¡No me cansaré de daros!» Así pues, si se tomara al sol como ideal, como modelo, seríamos mejores. Junto a él se encuentra el valor para olvidar todas las dificultades, todas las decepciones que se producen debido a los humanos. Pensando como el sol, nos convertimos en una divinidad, nunca perdemos la paciencia. Todos los demás capitulan y al cabo de algún tiempo os dicen:

«¡Marchaos! ¡No quiero veros más! He hecho todo lo que he podido por vosotros, pero ahora estoy cansado. Iros.» Pero el sol, nunca se cansa... Comprenderéis ahora por qué os llevo hacia el sol, por qué él es el único que puede inspiraros sentimientos nobles y divinos.

Para conocer mejor la filosofía del sol, un día me cité con él. Sí, nos encontramos... en un bar, pedimos aperitivos y enseguida le dije: «Oh querido sol, hay algo que quisiera preguntarte, pues no está todavía muy claro en mi corazón. ¿Por qué eres tan luminoso? - Porque ardo de amor, dijo, y el amor hace que brille la luz. Pero explícame, ¿cómo haces para seguir todavía amando y alumbrando a los humanos, cuando ves mejor que nadie que son malvados? - Oh, hace mucho tiempo que decidí no ocuparme de como son. Me ocupo solamente de mí y como me gusta difundir el calor de mi amor, continúo y soy yo quien disfruta. Ahora bien, que los humanos me aprecien o no, me da igual, y te aconsejo que hagas lo mismo, pues si tienes en cuenta lo que son los humanos, nunca podrás estar a su lado.»

Así pues decidí imitar al sol y por ello he podido continuar mi trabajo. Si creéis que hay mucha gente que me aprecia y que están aquí para ayudarme, os equivocáis. Hay muchos a los que molesto y a los que les gustaría desembarazarse de mí. Y os aseguro que viendo lo ruines, malvados, interesados e ingratos que son, me dan ganas de no ocuparme más de los humanos.

Pero afortunadamente el sol está aquí y me susurra: «Acuérdate de nuestra conversación en el bar. - ¡Ah sí, sí!» digo; y continúo... Vosotros también, ¿por qué no imitáis al sol?

Es verdad que la ciencia ya ha calculado la fecha de su muerte y según algunos sabios americanos, ¡está muy achacoso! En realidad el sol posee el secreto de prolongar su vida tanto como quiera, hasta lograr la perfección de toda su familia. Sí, porque tiene una familia que educar, que alimentar: todos los planetas que están a su alrededor son sus hijos, y no puede morir antes de que sus hijos hayan alcanzado la perfección, es decir antes de que lleguen a ser soles como él.



Extracto de: Hacia Una Civilizacion Solar
OMRAAM MIKHAEL AIVANHOV

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