La resolución. Una bonita palabra.

Ramtha


Ahora. ¿Cuál fue el siguiente punto que aprendimos? La resolución. Una bonita palabra. Suena como a revolución, una revuelta espiritual. Hoy discutimos en forma de repaso lo que eran los asuntos sin terminar. Y aunque algunos de mis ejemplos fueron muy crueles, la ironía es que esos son los que hay que mostrar, porque, como te dije, hay cosas en nuestra vida que siempre estarán con nosotros. Son las cosas gratas, el verdadero Dios-Fuente. Son las grandes acciones que realizamos que trascienden el curso normal de las cosas. Hay aspectos dentro de nosotros que nos han hecho merecer el derecho a la definición. Podríamos decir que esos aspectos, según la conciencia humana, son las buenas obras. Son las cosas y las lecciones virtuosas, las obras virtuosas.

Hay cosas en ti, en cuanto a aspectos, colores y dimensiones, que son espectaculares y te has ganado el derecho a conservarlas. Son parte de tu naturaleza genuina. "No necesitamos hablar de ellas porque cuando hacemos buenas obras, cuando transmitimos lo extraordinario que hay dentro de nosotros, no estamos fracturando, sino definiendo. Todos tenéis esas cualidades.

En alguna etapa de la vida un amigo, un vecino desesperado te ha llamado en momentos de caos y angustia. Algo muy noble ha salido de ti y has accedido a darle una mano. Esas son las magníficas cualidades de definición en nuestra vida que nunca nos serán arrebatadas, porque ellas son el eco de lo que Dios es. Y sabes, mi amada entidad, ciertamente ha habido muchos incidentes ocasionados por la naturaleza o por el espíritu destructivo del hombre en los cuales has participado.

Y tal vez días antes hayas estado renegando de tus vecinos porque, como te dije anoche, en este grupo hay canallas y sabéis muy bien quiénes sois—, ¿no es interesante cómo nuestra parte humana se apresura a reconocer algo en otra persona, porque eso está dentro de nosotros? Es allí donde está nuestra energía, ¿no es así? Esa es nuestra fractura. Y al día siguiente el vecino se podría ver afectado por una situación terrible, quizás su vida esté amenazada y, de repente sin pensarlo, nos salimos de nuestra cómoda zona de arrogancia y vanidad y nos transportamos a un espacio de pensamiento que parece brotar de nuestro profundo interior, y corremos en su ayuda. Detenemos las aguas, llevamos comida, tomamos niños hediondos y andrajosos en nuestros brazos y, aunque dos días antes no tolerábamos ver sangre, ahí estamos limpiando heridas, estrechamos a los niños con amor en nuestro pecho donde habita nuestra alma. Y brindamos ayuda.

Y aunque dos días antes nos quejábamos de nuestra falta de dinero y de fondos, de repente no nos importa. La mano va a al bolsillo, sacamos dinero y damos. Ni siquiera pensamos en las consecuencias de dar.

Ahora, esa es nuestra naturaleza; son nuestros verdaderos momentos de definición. Y cuando realmente brindamos ayuda sin importar el costo —y a veces cuanto más grande es el llamado de auxilio, mayor es el costo y el esfuerzo que requerirá de nosotros— en esos momentos nos definimos como Dios. Realmente nos definimos. O como dirían algunos historiadores, esos son los momentos de definición, la joya de coronación de la existencia humana. Esos son nuestros mejores puntos a favor. No hay ninguno de vosotros que en mayor o menor grado no haya saltado del hipócrita al Dios en cuestión de instantes. Eres Dios cuando haces esos actos de bondad y consideración, esas áreas de generosidad, sin pensar qué vas a recibir a cambio. Cuando haces una pausa, reflexionas y piensas, entonces vuelves a definir tus linderos, y el momento pasa y se pierde la oportunidad de definir a Dios.

Esta situación de emergencia a la que nos elevamos no sólo nos ayuda a definir el Yo, sino que nos une al Yo eterno. Esas son las grandes acciones que hemos hecho, ¿sabes? Si alguien pierde su monedero con los ahorros de toda su vida adentro y tú lo encuentras, te para ti, que estas buscando crear una riqueza fabulosa, sería una gran afirmación afirmar que es tu manifestación. Eso es el instinto humano alterado de la supervivencia. El Dios honorable buscaría a su legítimo dueño sin dudar, porque en este momento de elevación estamos de nuevo en el Plano Sublime, donde, como bien sabes, no existe la necesidad. Sólo existe la expansión del conocimiento para producir formas más elevadas de preexistencia. Es ahí cuando Dios entra en escena, cuando estamos en lo mejor de nosotros y en nuestro máximo grado de ennoblecimiento.

¿Cuántas veces te ves en situaciones en las que habla la verdad viviente del Espíritu en vez de la astucia de la carne? Pues a diario se te presentan esas situaciones. ¿Cuántas oportunidades se te presentan de brillar con la nobleza que eres, cuando sería más fácil esconderse, palidecer y escapar? Todos habéis actuado así; esta es tu belleza. De eso nunca te tendrás que avergonzar a la luz de toda la eternidad. Y no es algo de lo que debas adueñarte en esta vida; es la tela de fabricación del Yo. Todos tenéis eso a favor. Hay que ser un hombre o una mujer admirable para escoger, en un momento cegador, el sendero correcto y andar por él en medio del fuego de la conciencia social.

La resolución es entonces tomar esos momentos magníficos a tu favor y aplicarlos en las zonas donde estás cargado, pero no se debe hacer con la lógica humana que siempre está acompañada de un motivo ulterior, como sabes. Hay que aplicarlos directamente desde el Yo espiritual que los creó en otro lugar.

Te digo que es mejor alejarse de las emociones que te desgarran y te destrozan. Es un ser más bello el que se levanta, sacude el polvo de sus rodillas y se marcha. Y puede que no posean nada al hacerlo, pero son más bellos, más ennoblecidos y más espirituales en ese momento que en el de la disputa de quién tiene la razón o quién no. Hay que ser una persona muy poderosa para hacer eso, pero esas son las acciones que nos proporcionan la cualidad definitoria de Dios.

Escogiste el aprendizaje espiritual y por eso estás aquí. Yo dispuse el formato. Escogiste estar aquí para aprender sobre lo que no e totalmente tangible. En esta vida aprendiste a definirte, para no tener que seguir viviendo en la bruma de vida tras vida. En aquel plano antes de encarnar, encontraste el núcleo de algo que era necesario hacer. Necesitabas estudiar; necesitabas definir qué era lo que había sido olvidado en vez de repetir las mismas experiencias sin sentido sin encontrarles la resolución. Así que en el cielo escogiste parte de tu proceso lineal. No estarías aquí si no hubiera sido así.

En este auditorio no hay víctimas de la enseñanza espiritual. Estás aquí según tu designio, por elección propia. Estás siguiendo el viaje de tu alma. Y qué vida más excelsa podría tener alguien que aquella que define a Dios, pues en definitiva eso es lo que cada cosa es. Escogiste estar en este aprendizaje porque obviamente pensabas que yo sabía de qué hablaba, y era lo suficientemente importante para ti como para pasar un tiempo conmigo y dedicar parte de tu vida a obtener este conocimiento. En ese potencial que creaste apreciaste el valor de esto y recordaste el camino diferente que yo seguí en contraste con el que tú has seguido desde entonces. Eso lo recordaste. Estás aquí entonces para dedicarte al conocimiento que te entrego. Te enseño a pensar, no como un dios fracturado, sino como uno que es completo. Y te muestro esto mediante procesos que, aunque son difíciles, pueden ser muy sencillos. Y tú escogiste estar aquí.

El Dios-Fuente espiritual es la resolución de todo porque eso es parte de él. Cuando aprendemos sobre el Yo, éste ya no está cubierto de misterio. Aunque es mucho más grande y amplio que cualquier cuadro que podamos pintar, comenzamos a tener un sentido de su presencia. Empezamos a estudiar nuestras huellas, miramos las pisadas que hemos hecho. Cuando lo hagamos, nos estaremos aproximando a la presencia invisible que las creó, y estás aquí para saber eso. Una vez enterados, encontraremos todas las respuestas que resuelven las cargas a las que te estás enfrentando. Tienes algunas pesadas que obviamente no has podido resolver, de modo que has ido a la fuente primera en este plano para saber cómo te puedes liberar de ellas.

Entonces, ¿cómo resolvemos? La resolución es tan simple que se puede dar en un instante. Es el mismo momento de claridad que se presenta en el campo cuando por fin renuncias al pasado, colocas ese enfoque sobre agua cristalina y entonces ocurre. Es una dinámica que te muestra que lo único que tenemos que hacer es ponernos por encima de nuestro pasado y dejar de afiliarnos a él. Como seres humanos tenemos que hacer el esfuerzo de perdonar en cada lugar donde podamos encontrar el perdón, porque sólo entonces seremos perdonados nosotros- Tiene que salir de nosotros mismos. Al hacerlo aquí se da permiso al Dios, o el hijo pródigo, para que regrese a casa, y entonces las lágrimas de gozo pasan por esa barrera emocional. Tenemos que observar cada área de nuestra vida para ver qué nos molesta, qué rompe nuestra paz, qué o quién nos impulsa, y por qué seguimos pensando en términos del pasado en lugar del presente. Tenemos que liberarnos del pasado quitando nuestra energía de allí. Cuando hacemos esto, nos volvemos completos.

Eso no significa que el drama de la realidad tangible no se siga representando. Continúa por un tiempo. Es entonces cuando es importante perseverar en la enseñanza de mirar la mesa y verla llena, aunque al ojo le parezca que está vacía. Perdona, perdona, perdona, perdona; libera, libera, libera, libera; permite, permite, permite, permite. Con cada acción recuperamos el poder. Recuerda, queremos que regrese todo a nosotros; y todo está encerrado en el pasado. Lo queremos todo de regreso.

Ahora: he aquí lo aterrador de este momento. Al hacerlo, a veces cortamos la línea vital de nuestra propia soberanía, ¿no es verdad? En otras palabras, nuestra soberanía, nuestros linderos, nuestra definición de amor y compañía están todos basados en estos lugares que vamos a quitar de debajo de nosotros. Literalmente le estamos moviendo el piso a nuestra vida carnal, ¿verdad? Bueno, de eso trata el camino espiritual, pero hay que hacerlo, hay que tomar esa caja, sacudirla y arrojarla. Sí, vamos a caernos de bruces. Sí, todo se detiene por un rato. Sí, va a suceder. ¿Qué esperabas? «Bueno, la alacena está vacía, pero tengo mi poder.» Sí, sí, sí, lo tienes. Pero si te atreves a lamentarte porque la alacena está vacía, entonces no tienes el poder porque, ¿no tiene también el lamento el poder del Dios-Fuente? ¿No lo tiene? Tienes que dejar de lamentarte. No puede haber ningún lamento, porque si lo hay, estás fracturado. Y lo que queremos hacer no es salvar las apariencias, sino tener de nuevo el poder. ¿Comprendes?

Ahora, esto al parecer nos desnuda y nos vuelve vulnerables. Nos dan escalofríos y nos ponemos nerviosos. Pero si podemos mantenernos en ese lugar puro, que es el mismo que se presenta cuando por fin te enfrentas a la realidad y le dices la verdad a ese tonto, ¿sabes una cosa?, ya ni siquiera te importa cuáles sean las repercusiones. No puede ser peor que lo que has venido experimentando ¿Te ha sucedido algo así? Y cuando todo está hecho, te sientes tan ligero, ¿verdad? No interesa si la casa se derrumba, te sientes ligero.

Eso es espiritual; ese es el espíritu, que ahora empieza a flotar, está tomando forma de nuevo. Ahí es donde cobra importancia el entrenamiento de cómo empezar a aplicar poder puro a lo que estás haciendo. Ahora, cuando tenemos resolución y decidimos trabajar en esto en nuestra vida, ¿cuál es la mejor manera de hacerlo?

Bueno, tienes que permanecer consciente. Ahora, puedes trabajar inconsciente ocho horas al día, pero dediquemos por lo menos dos horas diarias a estar conscientes, tan conscientes y alertas que afectemos las otras ocho horas, que realmente causemos un impacto. En esos momentos conscientes debes liberar la energía de los tres primeros sellos —como yo te entreno a hacerlo— que es el lugar donde está arraigada.

Es la primera disciplina que aprendiste a hacer: subir la energía. Yo te enseño la disciplina y la ciencia ha probado que funciona. Yo te enseño a hacerlo. Así que primero tienes que salir de este plano y ser capaz de ser móvil en el espíritu. Tienes que sacar la energía de estos lugares para que suba hasta aquí arriba (cuatro sellos superiores). Eso es lo que hace la disciplina de C&E®. Cuando ella está allí, puedes lanzarte al Vacío, y deberías hacerlo. Deberías permitir la acción de disolverte en la nada. Te enseño cómo moverte hacia puntos de luz, cómo volverte dinámico, cómo dar la vuelta, cómo estar literalmente en el Vacío. Recuerda, la conciencia y la energía están creando la realidad. Este es nuestro lugar natural, el Plano Sublime. Somos la imaginación; ella es nuestro producto. De modo que tenemos que ir a casa, a nuestro Yo original, nuestra creatividad de la imaginación.

El Vacío es el lugar donde nos sumergimos para limpiarnos, para purificarnos, para liberarnos de los apegos. Y cuando estamos listos, desapegados, podemos ir otra vez desde el Vacío al Punto Cero. Nos movemos de la nada hacia Dios, de la nada hacia Dios, y en Dios estamos en el pináculo de nuestro Yo espiritual. ¿Cuánto tiempo tarda esto? Depende de cada maestro. Algunos de vosotros, despues de una hora de soplar, no llegáis; otros con dos respiraciones estáis allí. No hay una regla general, todo depende del individuo, depende de cuán enraizado estés en los tres primeros sellos y si quieres salir de ellos. A algunas personas no les agrada salir de ellos. Algunas personas quieren sentirse cansadas en la mañana, quieren sentir esto y aquello, de modo que dondequiera que esté su "querer" es donde ellos están.

Cuanto más nos acercamos al trabajo espiritual eso se convierte en un requisito para nosotros, y entonces queremos lavarnos de este cuerpo, luego nadar en la nada y regresar al Dios-Fuente completamente puros.

Estamos en la cabeza espiritual. Estamos ahora en el punto de vista del Observador. Ahora podemos mirar a medida que empezamos a caer desde Punto Cero, y caemos a los niveles quinto, cuarto y tercero, que es lo que vamos a hacer cuando empecemos a imaginar. Vamos a regresar a un lugar muy familiar. Este es el lugar donde creamos las oportunidades para esta vida y vamos a bajar hacia ellas. Nos van a resultar muy familiares. Vamos a tropezar con ellas y, como el Observador, vamos a permitir que haya un repaso de esta vida y de lo que quisimos que pasara antes. La línea de potencial ya ha sido trazada para que la recorras. Es fácil hacerlo.

¿En qué punto quieres trabajar entonces? Quieres liberarte de la carga del arrepentimiento. Hoy le toca al arrepentimiento, y simplemente caerá sobre ti. Y tomarás el arrepentimiento y lo soplarás hacia fuera tres veces, hasta que se limpie. Y sabrás que lo has afectado, porque sentirás un increíble estado de ligereza en el cuarto sello. Lo que sucederá entonces es que todas esas personas, lugares, cosas, momentos y sucesos a los cuales está ligado el arrepentimiento comenzarán a desfilar frente a ti y te enfrentarás a ellos uno por uno; ahora te estás enfrentando conscientemente a ellos.

O puede ser el perdón. Recuerda que te dije cómo saber a quién conociste en el Plano Sublime, con quién hiciste un trato: será la persona más difícil de perdonar, y será alguien que consintió en representar ese papel, tanto para ti como para él. Y lo tendrás que erradicar, encontrar la persona y tratar el asunto. En cuanto a tus padres, una relación de lo más precaria, ya no puedes sentarte a juzgar las acciones de otras personas. Y hasta ahora, siendo la víctima, has sido su atormentador. Ya no puedes sentarte en ese lugar de poder para responsabilizarlos y culparlos de todo lo que te ha pasado en la vida. Vas a tener que dejarlos libres, porque sólo así podrás recobrar e poder, pues ya no está arraigado en la culpa. Entonces serás libre; ¡Dios mío!, eres libre. Y puedes sentirlo a medida que ello empiece a purificarte.

Puedes pasar los próximos seis meses trabajando en ese proceso hasta que un día ya no tiene importancia.

Despertarás por la manaña, mirarás por esa ventana y ya no estará allí. Es la voluntad de Dios que tengamos nuestro poder. El momento en el que decidimos hacer esto es cuando comenzamos el verdadero sendero espiritual, porque eso significa que aspiramos a un orden más elevado y superior para refrenar nuestro reino inferior. ¿Comprendes?

¿Aprecias entonces el valor de asir lo que has aprendido aquí mediante tu elección? Recuerda eso; te está dando poder. Elegiste venir aquí a aprender esto por tu elección, de modo que ya tuviste una ventaja inicial, y así fue en verdad. ¿Aprecias entonces el valor de considerar la restauración de tu poder? ¿Puedes ver claramente que es en las actitudes —todas ellas basadas en el pasado— donde está atrapado el poder?

¿Aprecias el valor de aplicar la disciplina en el ámbito consciente todos los días? ¿Puedes ver el valor y lo que producirá cuando madure el fruto en tu vida? ¿Comprendes eso?

Ahora, esa es la manera, así es como lo vamos a lograr. La parte difícil y delicada es que podemos encargarnos de asuntos superfluos que en realidad están en lo profundo de nuestro núcleo. Pero tenemos que ir hasta el fondo y hallar esos asuntos de los que hablamos cuando te dije que cuando te enfrentas hoy a la fractura de tu Dios y la curas hoy, no habrá nada que examinar en la luz venidera. Así empezamos a ver con más claridad que el Yo se vuelve más identificable.

Es realmente un Dios que, una vez liberado de sus cargas, de sus pesos, de terminar sus creaciones, tiene enfrente una enorme riqueza y una renta de realidad para producir. Y como no está obstruido, produce rápidamente, no hay que esperar mucho.

La única razón por la que no has obtenido todo lo que quieres es porque tienes muchos obstáculos en el camino. Lo que quieres es el futuro, los obstáculos son el pasado. ¿Cómo podrías abrirle un espacio al futuro si no tienes más lugar porque está atestado de pasado? Solo querer no es suficiente. Tiene que haber poder para promoverlo; poder para imaginar. ¿Cómo puedes imaginar algo inimaginable si tus pensamientos están siempre sujetos a algún pequeño trauma emocional que tienes? No vas a imaginar lo inimaginable si estás pensando en la comida, o si estás sentado allí sufriendo, sintiéndote arrepentido, o deseando estar en otro lugar. No hay espacio para la imaginación. No hay Dios para que suceda, así que no funcionará. Por eso es importante que hagamos esto por pura elección, porque entonces nos daremos a nosotros mismos suficiente poder para continuar la acción de lo que estamos aprendiendo.

Nunca llevarás adelante tu objetivo si no quieres estar aquí. Los mensajeros no llegan; no sucede nada. Tienes que estar abierto a ello. Con la resolución nos liberamos del pasado, ya no está allí; nuestra energía ya no está allí. El maestro lo persigue, lo desentierra, lo desarraiga y se enfrenta a él, se enfrenta a él por amor al Yo.

Lo que las otras personas hagan es realmente incidental. Si has hecho lo necesario para recuperar la energía, si perdonas a alguien y él o ella no pueden soltarlo del todo, entonces la goma elástica les rebotará en la cara, ¿no es así? Y esa energía regresa a ti. Ya será entonces problema de ellos; no tiene nada que ver contigo. Y lo sabrás porque, no importa cuánto se esfuercen, no provocarán una reacción en ti, porque no hay nada que provocar. Es como si el incidente nunca hubiera pasado. ¿Comprendes?

Ahora, cuando continuamos experimentando la resolución, el día se vuelve bastante interesante, ¿no es cierto? Y ese debería ser tu enfoque porque, ¿de qué vamos a hablar entonces? Es la misma pregunta que te hice antes en cuanto a lo que ibas a llevar a la mesa del maestro. ¿Por qué piensas que mereces estar en su presencia? No lo mereces. Así como, ¿de qué vas a hablar con alguien si ya resolviste el pasado con esa persona, lugar, cosa, o suceso? ¿De qué vas a hablar? No hay nada de qué hablar, ¿verdad? ¿Me entiendes lo que estoy diciendo? Es precisamente en ese momento cuando sabes que estás libre de esa carga. No tienes que conseguir una cita para volver a repetirlo. Y a veces a la gente le gusta desenterrar el pasado porque los saca del presente y los lleva atrás, piensan que tienen que hacerlo. No hay nada de qué hablar, ¿verdad? Es entonces cuando sabes que se ha terminado.

¿Por qué languidecer allí? ¿Por qué querría un maestro sentarse allí y hablarte acerca de ti? ¿Por qué querría hacerlo? Bueno, es la misma analogía. ¿No es eso lo que deseamos ser? Entonces, ¿por qué queremos o tenemos la necesidad de regresar a entablar una conversación que siempre se basó en la dinámica del arrepentimiento, el resentimiento, el fracaso, la angustia, la pérdida? Y podríamos clasificar todo eso en todo tipo de categorías: los celos, la envidia, la traición, todo eso. Si dentro de nosotros mismos lo hemos resuelto todo, no hay nada de qué hablar, ¿verdad? Entonces, ¿qué clase de conversación vas a entablar? ¿Vas a tratar de regurgitar todo, revivirlo, removerlo con frenesí para así tener un campo de actuación semejante? Córtale la cabeza.

Y esto se convierte —como empiezas a ver claramente— en lo que se llama la iluminación. Empiezas a ver por qué tienes relaciones que te oprimen. Hay cosas y personas que te oprimen. ¿Sabes por qué? Porque ya todo terminó y la única forma de relacionarte con ellas es bajo esas condiciones. No sabes cuándo marcharte; estás un poco confundido acerca de las obligaciones. No sabes cuándo abandonar la situación que sólo te produce fricción. Has crecido; ya no encajas. Es entonces cuando te alejas, porque has representado ese papel y todo debe acabar. ¿Y adonde nos lleva eso? ¿Va a decirme tu inteligencia humana que lo que eso significa es que uno abandona a sus amigos? Ellos no son un amigo; son un dios. Uno no retiene a ningún dios; le da su libertad. Así es.

La amistad verdadera no oprime. Crece al unísono. Son dioses que crecen juntos en máxima libertad. Allí no hay opresión. Por eso te digo que en una amistad no hay carencias. De modo que regresar a repetir los mismos comportamientos porque crees que es la única premisa sobre la cual te puedes encontrar de igual a igual, dime mi amada entidad, ¿es eso resolución? No, eso es una regeneración de la fractura. Eso es lo que es. Tenemos que alejarnos; ya no hay nada de qué hablar. Piensa en el fundamento de tus conversaciones diarias. ¿En qué se basan? Depende de la persona, el lugar, la cosa o el suceso, ¿no es cierto? Depende de esos factores. Entonces, ¿por qué volver a visitarlo? Ya está terminado.

Ahora, hay una bendición en esto. ¿No es una bendición tener una comunidad de individuos que son como una familia, pero una gran familia espiritual en la que no existe el dominio, ni acuerdos para reunirse bajo las condiciones del pasado, una familia compuesta de dioses individuales que son como un bosque que crece? Y a medida que la energía crece y cambia en uno, se esparce a todos los demás. Eso es lo que queremos.

Estás confundido en cuanto a la amistad. Hicimos amigos en el paraíso. Y los hicimos sólo porque estaban estrechamente ligados a nosotros en este viaje y nos los hemos encontrado a lo largo de nuestras vidas.

Todavía nos quedan muchos más por conocer que están esperando representar su papel en el potencial que no se ha desarropo todavía, cuando el Yo haya sido sanado. Ellos también llegarán.

En Dios somos uno. Eso es obvio. Cuando ayudaste a tu vecino, no pensaste si erais amigos o no. Lo ayudaste porque dentro de ti hubo algo apremiante que lo hizo. Ese es el tipo de relación del que estoy hablando. ¿Comprendes? Que así sea.



RAMTHA
Extracto de NACIMIENTO MUERTE Y REENCARNACIÓN. El Libro Azul

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