Los ángeles y el misterio universal del sexo.

V.B. Anglada


El sexo de los Ángeles es un tema que suscitó siempre grandes polémicas y las más enconadas y apasionadas controversias entre teólogos, místicos, filósofos e intelectuales de todos los tiempos.

Pues si bien aparece claro a la observación natural y racional que el sexo es la incorporación objetiva del principio o ley de generación de la Naturaleza y que aparentemente constituye el aspecto natural de la función reproductora de las especies en todos los Reinos, la representación de la idea de pecado que casi siempre acompañó las discusiones de los hombres de las distintas iglesias de la humanidad en torno a la manifestación del sexo, oscureció y desvirtuó constantemente el principio de orden y reglamentación mediante el cual la Vida de la Divinidad se manifiesta en la Naturaleza. Sin embargo, el mandato bíblico de "CRECED Y MULTIPLICAOS" parece ser la expresión natural de una orden dada por el Creador al conjunto de Su Obra Universal, abarcando la vida de los Planos, de los Reinos y de todas las especies vivientes. Pero tal mandato carece de sentido si no se le dota a cada ser viviente de los atributos consustanciales con la función reproductora mediante unos definidos órganos sagrados de procedencia cósmica que constituyen los aspectos objetivos de la propia necesidad cósmica de expansión. Esta es la reglamentación y el orden en la vida de la Naturaleza. Está fuera de discusión la necesidad de los órganos de reproducción de las distintas especies evolucionantes en el Universo o en el planeta. Lo que mayormente interesa aclarar es el carácter específico de la función reproductora, tal como se realiza en los distintos niveles de la Naturaleza, mediante la actividad de ciertas definidas fuerzas físicas, emocionales o mentales que centralizan la fuerza de la Creación divina y le dan adecuada forma de acuerdo con el carácter específico de la evolución que corresponde a cada especie y a cada Reino.

El sexo, tal como lo conoce el ser humano y del cual tanto se ha usado y abusado desde los tiempos Dévica de las Formas lemures, contiene la tremenda fuerza mágica Estructuración de la evolución.

Desdichadamente, esta fuerza ha sido limitada, condicionada y prostituida constantemente siguiendo la línea de mínima resistencia del maya de los sentidos y de los mil espejismos astrales. De ahí que el llamado esotéricamente "pecador lemur", o dicho en términos más conocidos, "el pecado original", cuya significación esotérica es "prostitución del sexo", prevalece todavía en nuestro mundo moderno. Este pecado estimulado incesantemente por la actividad de una Entidad psíquica de extraordinario poder cuyos tentáculos -expresando aquí una idea correcta- se extienden desde los bajos niveles del Plano Físico a los niveles inferiores de la mente, pasando por los más densos estratos del Plano Astral de la humanidad. El pecado original proviene precisamente de aquella lejanísima era planetaria en la que el principio creador de la Divinidad decidió escindirse en dos, convirtiendo los cuerpos humanos hasta aquel momento andróginos o carentes de sexo en masculinos y femeninos, esta manera originó el principio de generación que desde entonces debería condicionar la vida del hombre aquí en la Tierra y estableció con ello las bases místicas de la evolución, es decir, el movimiento incesante de la vida separativa y dual a la perpetua búsqueda del principio de Unidad Divina.

Estamos enfrentando aquí, como ustedes se darán cuenta, una idea esotérica de extraordinaria envergadura, teniendo en cuenta que el sexo humano conteniendo en esencia el sentido innato de la unidad de que forma parte, tiende constante e irresistiblemente a la búsqueda de la otra mitad que por ley le corresponde y es su complemento para constituir la unidad mental, astral o física que guiará sus pensamientos, emociones y actitudes durante el larguísimo proceso de la evolución y de las sucesivas encarnaciones. Y si, tal como aseguran indistintamente los libros sagrados de las grandes religiones del mundo, "el hombre está hecho a imagen y semejanza de Su creador", es lógico suponer y esotéricamente debemos afirmar que la ley de generación actúa en todos los Planos del Universo. También podemos decir que existen Maridajes Celestes resultantes de potentísimas atracciones magnéticas de carácter cósmico, como existe el matrimonio humano y los naturales acoplamientos subhumanos, basados en la suprema Ley de Polaridad o de atracción de sexos.

Pensando en ello podemos atenernos a lo escrito en ciertos antiquísimos libros de La Jerarquía:

"Nuestro Universo es el resultado de una indescriptible conjunción magnética establecida hace incontables ciclos entre la Constelación de la Osa Mayor y la de las Pléyades con una respuesta desde Sirio, la más brillante estrella de la Constelación del Can". De acuerdo con esta afirmación esotérica la función del sexo, pese a las tremendas limitaciones a que le obligan los seres humanos, tiene un carácter esencialmente sagrado por su procedencia cósmica, siendo el tabernáculo de un poder creador que ansía constantemente liberarse merced al insaciable DESEO de Unidad que constituye el máximo estímulo de su acción. Tal sagrado poder incita a todos los seres de la Creación universal a unirse o acoplarse incesantemente hasta que llegue el día en que el ser humano, que es centro de la creación en que lo que al planeta Tierra se refiere, haya purificado su poder pasional mediante el desarrollo de la inteligencia creadora, del amor incluyente y de la voluntad dinámica. Así reintegrará el sexo a su profundísimo e ilimitado centro creador, restableciendo la Ley cósmica de Unidad y convirtiéndose en el Cáliz sagrado que ha de contener el Verbo inmaculado de la conciencia redimida. He ahí por qué el Iniciado es definido esotéricamente como "un ser humano que modificó su entera naturaleza mediante la purificación del Triple Cuerpo, mental, emocional y físico, que alberga el fuego creador del sexo liberado". Lo que realiza el Iniciado, a igual que los grandes Creadores Universales es, en realidad, unificar en el Fuego Único del Espíritu, los Fuegos del Alma y del Cuerpo. La Fuerza Mágica de la Naturaleza que opera bajo la tremenda presión planetaria del Fuego de Kundalini y el Fuego impelente del Alma procedente del Corazón del Sol llegan finalmente a equilibrarse. Consecuentemente el Fuego eléctrico del Espíritu Estructuración Dévica de las Formas se posesiona del Cuerpo físico y el sexo no revela ya impulso pasional alguno, sino que reducido a la cualidad mística de la Unidad esencial deja virtualmente de ser necesario para el Plan físico de la evolución planetaria.

Es lógico suponer, de acuerdo con este último comentario, que el Adepto es esencialmente Andrógino. Tal como místicamente es reconocido, "...la Serpiente de la Sabiduría que ascendía por la columna vertebral descansa ahora en brazos de Mercurio, Señor del Caduceo y de la doble serpiente (Ida y Pingala) en perfecto equilibrio".

El hecho de que el Esquema Solar de la Osa Mayor sea considerado cósmicamente de carácter masculino y que el de las Pléyades obedezca al principio cósmico de identidad femenina -tal como aseguran ciertos sagrados Libros de La Jerarquía- puede constituir un indicio certero de lo expuesto para el sincero y profundo investigador espiritual. Admitido el hecho de que los planetas, los Universos, las Constelaciones y las Galaxias obedecen a la Ley de Creación siguiendo los principios de polaridad y de generación, es lógico admitir que los Ángeles también participan de esta Gloria de la Creación. Es decir, que utilizan igualmente algún desconocido sistema de generación que les permite perpetuarse en el tiempo, dentro de un sublimado e inconcebible orden universal. La idea de sexo aplicada a un Ángel escandalizará quizás a ciertos bien cualificados místicos y aspirantes espirituales, cuyas concepciones acerca de la pureza son arcaicas o tradicionales. Pero,... ¿qué es exactamente la pureza? Una simple palabra, un mero concepto, una pura y estricta imaginación que cada cual interpretará según el alcance de su espiritual visión. ¿Dejará el Ángel de ser puro e inmaculado, según las elevadas interpretaciones de los místicos, por el simple hecho de que Dios le haya dotado, a igual que al hombre y a todos los demás seres de la Naturaleza, de la gloria perpetua de la generación que ha de permitirle acceder a todos los Planos del Sistema Universal mediante la fuerza avasalladora de la energía creadora del Espíritu Santo?

Lo que ocurre -y ahí deberíamos centralizar nuestra investigación inteligente- es que los atributos del Ángel con respecto a la Obra de la Creación son muy distintos de los que cualifican la vida del ser humano. No es posible establecer una clara analogía entre el Ángel y el hombre, desde el ángulo de vista del sexo. Basándonos en datos esotéricos, vemos que la función del Ángel, con respecto a la Creación del Universo, es proveer a la Naturaleza de todos los materiales sustanciales del Éter susceptibles de adoptar una Forma, una actividad muy distinta de la del ser humano cuya misión creativa es precisamente la de "encarnar por medio de Formas", incorporando su vida espiritual a la sustancia material. Los pensamientos humanos, la sensibilidad emocional, las palabras y los actos constituyen "resonancias en el Éter" que el Ángel utiliza para dotar al ser humano de los necesarios y adecuados instrumentos de manifestación.

De esta manera, la sensibilidad al placer que acompaña a las expresiones del sexo en la vida de la Humanidad, no rige la vida de los Ángeles cuyo sexo -si es que debemos utilizar esta expresión- se halla naturalmente compensado y equilibrado por razones celestes que escapan a nuestra más elevada inteligencia. Solamente los ángeles inferiores, de categoría espiritual inferior a la humana, que acompañan al hombre en el incentivo del fuego del deseo, poseen algo parecido a lo que corrientemente llamamos sexo. Los Ángeles familiares, muy superiores espiritualmente al ser humano, son netamente Andróginos. Ciertos Ángeles son Andróginos por la Ley que regula su evolución en la Vida de la Naturaleza; otros lo son por su particular función en los éteres que vivifican nuestro mundo. Sin embargo, los principios masculino y femenino se manifiestan en todos los Ángeles sin distinción, a medida que realizan su tarea de perfeccionar la obra de la Naturaleza.

Algunas especies de Ángeles, los que más cerca se hallan de la gran familia humana y constituyen la legión de "los protectores invisibles de los hombres", suelen participar tanto de la Estructuración Dévica de las Formas vida de éstos que finalmente reciben un impulso espiritual de carácter cósmico que rompe, por así decirlo, con el equilibrio natural del principio andrógino y llegan a educir un día caracteres de sexo.

Muchos fueron los Ángeles en el devenir de las edades que por amor a los hijos de los hombres llegaron un día a convertirse en seres humanos, participando así del poder creador de la Divinidad lo mismo que participaron en su momento del poder constructor de la Naturaleza que les permitía sustanciar el Éter y crear las formas que requiera la evolución humana.

En este orden de ideas podemos igualmente decir que el Iniciado que ha llegado a la perfección humana como un Adepto y ha alcanzado la etapa de la Unidad que le permite ser Andrógino, puede acceder asimismo a la Vida angélica y participar de la sagrada obra de construcción y redención de las Formas exigida para todos los Reinos de la Naturaleza.

El punto más importante a considerar ahora de acuerdo con la idea del sexo, es el que concierne al misterio de la generación angélica y tratar de descubrir los móviles de sus maravillosas vidas y la índole de su particular misión con respecto a los seres humanos. Podríamos dividir nuestros razonamientos en los dos puntos siguientes:

a) La Generación Angélica.

b) El Destino de Perfección de los Ángeles.


# LA GENERACIÓN ANGÉLICA

La Generación, tal como se realiza en el indescriptible e impenetrable mundo de los Ángeles, o su perpetuación como Raza o como Especie, buscando aquí la analogía con la evolución humana, es muy simple debido precisamente a la simplicidad exquisita de sus vidas que no poseen una Mente organizada como los seres humanos, sino un Centro altamente cualificado de Sensibilidad. Esta sensibilidad de los Ángeles es muy difícil de ser comprendida por el hombre por hallarse vinculada con el ambiente etérico cósmico del que proceden y del que sin esfuerzo participan en su obra particular de dotar a la Naturaleza de la infinita multiplicidad de Formas que tan pródigamente se ofrecen a nuestra maravillada observación. Podríamos decir, de acuerdo con la analogía a nuestro alcance, que los Ángeles se perpetúan en su obra, pero tal afirmación tendrá que revestirse lógicamente de un cierto rigor científico si es que tiene que intelectualizarse o "sustanciarse" para una mejor comprensión general. Para hacerlo, nada mejor que utilizar el término "campo magnético" en relación con la vida de los Ángeles, lo mismo que lo hicimos anteriormente al analizar el cuerpo etérico de los seres humanos. El Ángel posee su propio e inconfundible "campo magnético". Merced a las sutilísimas radiaciones que del mismo emanan puede saberse, siempre y cuando haya suficiente pureza de vida en el investigador esotérico, la función que tiene asignada dicho Ángel en la vida de la Naturaleza y la manera específica de reproducirse o de perpetuarse en el tiempo, a través de su cualificada obra de asimilación de las "energías positivas" provenientes del ambiente mental y psíquico de los seres humanos, tejiendo y destejiendo en el Éter los acontecimientos mundiales, las formas típicas de una civilización en marcha y los distintos y cualificados ambientes sociales de la Humanidad. Hemos utilizado el término "energías positivas" en el buen criterio de que los Ángeles, en relación con la totalidad de los seres humanos, utilizan la tremenda fuerza receptiva de la Naturaleza, aquella que sin lugar a dudas podríamos definir como "femenina", siempre en orden al concepto "masculino" y que se pueden aplicar a la vida de la Humanidad como un todo. La concreción del término energía positiva masculina con respecto a la vida de los hombres, y del de energía receptiva femenina en relación con la vida de los Ángeles, no Estructuración Dévica de las Formas presupone en manera alguna asignarles a aquéllos una jerarquización espiritual por encima de éstos, sino que tratamos de explicar un hecho fundamental que se realiza constantemente en la vida de la Naturaleza, cuyos maravillosos impulsos mágicos traducidos en aspectos de sonido, de luz y de forma constituyen la gloria inefable de la Creación. No se trata de anteponer una fuerza masculina de carácter positivo a otra femenina de condición receptiva, sino que hay que intentar comprender un proceso cósmico de las más elevadas consecuencias para el hombre. Este proceso puede ser el conocimiento de los Métodos mágicos y sagrados que utiliza nuestra Logos solar en la proyección, conservación y perpetuación del Universo a través de los Ángeles, los Cuales son Sus Agentes directos en la obra de la Creación.


# EL DESTINO DE PERFECCIÓN DE LOS ÁNGELES

Los Ángeles, lo mismo que los hombres y como los demás seres vivos de la Naturaleza, marchan hacia un destino de perfección. La perfección del hombre culmina -en lo que a la Raza humana se refiere- en el Adepto; la perfección del Ángel tiende hacia el Arcángel. Sin embargo, no hay comparación posible entre ambos aspectos de una misma perfección, que es la Perfección de Dios, sino que hay que observar el proceso desde un ángulo de percepción puramente central -el de la perfecta analogía- cosa que no hace todavía el ser humano, pero que espontáneamente realiza el Ángel, dotado del poder de intuir las cosas de la vida desde el centro de las mismas y no desde un plano de engañosas perspectivas tal como lo hace el hombre. En esta afirmación se halla la clave del por qué los Ángeles no poseen sexo, al menos desde el limitado punto de vista humano. La comprensión de este hecho, aparentemente sin importancia, constituye sin embargo, un secreto iniciático que oportunamente será revelado a la humanidad evolucionada de nuestra época. Otro hecho muy importante a considerar es el de que la vida del hombre y la de todas las especies vivientes de la Naturaleza obedecen a la ley de "la energía diferenciada", sujeta a la separatividad y al karma; algo que no sucede con la vida espiritual de los Ángeles. Estos, no poseen un cuerpo orgánico como el nuestro, lleno de necesidades, sino que son como Rayos de Luz de distintas cualidades y vibraciones actuando bajo la constante impresión de un Sentimiento de Síntesis. La indescriptible sutilidad de esta Luz les permite incorporar su maravillosa vida a todas las formas imaginables, tejiendo y destejiendo en el éter con inimitable maestría las formas que precisan los Reinos de la Naturaleza en cada uno de los incesantes períodos de la evolución planetaria o solar.

Si analizamos profundamente este proceso hallaremos quizás una aclaración de todo cuanto dijimos en otra parte de este tratado con respecto a la evolución angélica, considerándola una corriente de vida cuya expresión subjetiva corre paralela a la que constituye la vida de la humanidad. Los seres humanos, merced a la fuerza tremendamente dinámica del deseo, llenan el éter del espacio de impulsos magnéticos revestidos de esencia creadora. El Ángel aglutina tales impulsos, se baña en ellos –si podemos decirlo así- y construye finalmente con aquel éter dinamizado y convenientemente sustanciado, la forma requerida. Esta idea puede aclarar mucho el sentido referente a que la Naturaleza se mueve en el orden expresivo y en el aspecto sensible, de acuerdo siempre con las cualidades naturales que se desprende de cada uno de los Reinos de la Naturaleza y, dentro de estos Reinos, las diversificadas especies que constituyen sus incalculables etapas evolutivas.

Si seguimos el proceso con mente serena y profundamente advenida, y si por efecto de ello se admite, aunque hipotéticamente, que enfrentamos una gran verdad que aunque no es muy nueva tampoco dejará de ser profundamente científica en el orden de la evolución, se tendrá una idea Estructuración Dévica de las Formas racional del por qué la vida de los hombres exige creciente lucha y constante esfuerzo en tanto que la vida de los Ángeles, por el contrario, es de aparente e imperturbable armonía y equilibrio. Todo se halla escrito en el libro de la evolución del Universo como fases de la Vida del propio Dios, Quien, para iluminar los dilatados confines de Su omniabarcante Existencia, tiene que llevar LUZ a las más alejadas formas de vida del Universo. Una LUZ extensible, armoniosa y total, capaz de penetrar en la más densa sustancia química del Reino Mineral o de proyectarse a los más exaltados niveles místicos en alas de Su propia Perfección Individual" 53 . Los Ángeles son una manifestación de esta extensible LUZ que llena el Cosmos, desde el más alejado punto de la Conciencia Espiritual Logoica, la Materia más densa y de mayor poder gravitatorio, hasta aquellas inconcebibles regiones en donde el Espíritu Logoico, convertido en Fuego de Síntesis, goza la eterna dicha del Gran Nirvana Cósmico.

Dejando hasta cierto punto aclarada la idea del destino angélico de perfección que como hemos podido apreciar depende de la evolución de las cualidades de vida de los seres humanos y de los demás Reinos de la Naturaleza, vamos a considerar ahora el aspecto kármico en la vida de los Ángeles. Pero..., ¿qué es exactamente el Karma? Simplemente el aspecto sustancial de la Vida de Dios; la expresión de Su Vida a través del Universo. Por consiguiente la idea vertida en algunos estudios teosóficos y místicos de que los Ángeles no están sujetos al Karma, puede ser por lo tanto inadecuada. Lo correcto sería, a nuestro entender, decir "... el Karma de los Ángeles es distinto al de los seres humanos", o bien, yendo más profundamente al centro de la cuestión, concretar que: "El Karma de los hombres es de dolor, de lucha y de incesantes conflictos, en tanto que el Karma de los Ángeles es de armonía, de gozo y de bienaventuranza". Esta definición del Karma es el resultado de la visión humana desde cierto ángulo de proyección, pero podría objetarse también, elevando el razonamiento a esferas causales, que el Ángel posee una Sensibilidad al dolor, tan aguda como puede ser la propia expresión del dolor humano. Lo que ocurre es que los Ángeles lo perciben o experimentan de muy distinta manera. Esta Sensibilidad, tanto más aguda cuanto más evolucionada, es la vida del Ángel, y provee el campo del sentimiento y de la imaginación humana de la necesaria inspiración espiritual 54 . Sin esta sensibilidad la vida del hombre aquí en la Tierra carecería de sentido o de sabor espiritual como carece de sabor, si le falta la sal, el más sabroso de los manjares.

He aquí que la "sal de la tierra", o sensibilidad, es la Vida de los Ángeles en su contacto con la Naturaleza a la cual proveen de sus inestimables dones y de sus vitalizadoras corrientes de armonía. Todo ser humano que se hace sensible a la vida de la Naturaleza y percibe a través de ella los benéficos dones angélicos, se convierte a igual que los Ángeles en bendita sal de la tierra. Es entonces cuando tienen un significado concreto y definido las palabras de Cristo a Sus discípulos:

"Vosotros, sois la sal de la Tierra", siendo discípulos de Cristo todas las almas sensibles del mundo que aspiran a la redención y perfección de sus vidas.


Vicente Beltrán Anglada

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