Los ángeles y su intervención en los fonómenos parapsicológicos.

V.B. Anglada


Uno de los problemas que necesariamente deberá afrontar la Ciencia Parapsicológica de nuestros días será sin duda la correcta interpretación de las Formas que en su totalidad constituyen los ambientes psíquicos de la humanidad. Se trata de un problema realmente difícil de resolver por cuanto se asignan todavía significados arcaicos y tradicionales a las Formas que pueden ser percibidas en el ambiente psíquico o campo astral del mundo. La creación de tales Formas es inevitable debido al poder de proyección que posee el cuerpo astral de los seres humanos y aún el de ciertos animales terrestres y marítimos. Sus potentes vibraciones “tiñen el espacio” de ciertas nocivas cualidades, se agrupan constituyendo desagradables figuras astrales y “flotan” -tal como hemos dicho en varias ocasiones- sobre el aura planetaria condicionando los deseos, emociones y pensamientos de los hombres.

Podemos decir, sin embargo, ya que el principio de dualidad o polaridad rige la acción astral, como rige todos los demás Planos del Universo, que hay también concentraciones de energía psíquica de carácter positivo “flotando” sobre los ambientes sociales de la humanidad, creadas por las delicadas emociones, fúlgidos sentimientos e impulsos magnéticos de buena voluntad que surgen del cuerpo astral de los seres humanos dotados de una mayor integración espiritual.

Habrá que tener en cuenta, por tanto, en cualquier estudio parapsicológico realmente serio, la existencia, actividad y proyección de tales nubes psíquicas flotando en ciertos niveles definidos del Plano astral y reconocer que su radiación magnética e indudable influencia se refleja en todos los sectores de la vida organizada de la humanidad, singularmente en aquellas personas potentemente “psíquicas” en distintos niveles de expresión, lo cual inducirá a establecer necesariamente las bases de una nueva orientación científica del estudio parapsicológico, haciendo una marcada distinción entre los fenómenos psíquicos de carácter inferior, indeseable y negativo -los más frecuentes debido a la escasa evolución mental y psíquica de los seres humanos- y los de tipo superior surgidos de la actividad emocional de los seres humanos dotados de una elevada integración espiritual.

Hemos afirmado en diferentes ocasiones, y continuaremos haciéndolo en lo sucesivo, que de no establecerse esta necesaria y obligada clasificación entre las diferentes formas de psiquismo no podrán ser explicados convenientemente algunos de los fenómenos parapsicológicos actualmente en estudio, como los que irán produciéndose a medida que la humanidad vaya avanzando en su proceso evolutivo y el “psiquismo controlado” se convierta en una ley, en un impulso irresistible de la Raza humana.

Este obligado control y la necesaria polarización de la conciencia desde el “Plexo solar” al centro Ajna de la mente organizada cerrará el paso a la corriente de energía psíquica proveniente de los niveles inferiores del Plano astral y creará otras puertas de comunicación con los subplanos superiores para poder captar las energías de buena voluntad y las nuevas y más apetecibles formas psíquicas creadas por los devas del Propósito Iluminado, utilizando los impulsos magnéticos y proyecciones psíquicas de carácter superior que se elevan del mundo de los hombres. Creemos por ello que un riguroso control astral por parte de los propios investigadores en el campo de la Parapsicología se hace tan necesario como el comer, el beber o el respirar en estos momentos drásticos de alta tensión psíquica planetaria, ya que de no conseguirlo será definitivamente imposible extraer del Plano astral los indispensables significados ocultos que cualifican y determinan una perfecta y verdadera investigación esotérica.

Hasta el presente la investigación parapsicológica se ha limitado únicamente a analizar algunos de los fenómenos psíquicos que se producen en los bajos estratos del Plano astral, adjudicándoles un valor de síntesis. En realidad, y por su íntima naturaleza, tales fenómenos, como el de la mediuminidad corriente, los aportes psíquicos y materializaciones físicas, etc., sólo representan “reacciones magnéticas” producidas en el ambiente astral por seres humanos, reconocidos como “altamente psíquicos”, o los que se realizan espontáneamente en ciertos lugares de la Naturaleza, en los que por existir un campo magnético apropiado se producen fenómenos de carácter paranormal que atraen la atención de las masas y constituyen motivos de interés para los investigadores parapsicológicos.

Desde el ángulo de vista esotérico el proceso es considerado como mucho más positivo y realista, ya que se analiza prioritariamente la potencialidad del ÉTER, el cual condiciona cualquier tipo de manifestación psíquica, sea cual sea su carácter y significado. El ÉTER es la sustancia universal que está en la base de la creación de todas las formas psíquicas que generan fenómenos parapsicológicos, y teniendo en cuenta al respecto, que dichas formas son condensaciones de energía psíquica por parte de los Devas, los desconocidos habitantes de los mundos invisibles.

Esta afirmación debe considerarse esencial en él estudio parapsicológico, sea cual sea el nivel en donde se verifique, y desde este ángulo de vista ha de admitirse que cualquier fenómeno psíquico puede ser incluido dentro de las grandes áreas astrales de polarización angélica y que la explicación correcta de los grandes o pequeños efectos parapsicológicos sólo será posible si el investigador decide penetrar en las “nuevas dimensiones” y aprende a extraer de ellas todos los posibles significados mentales. Así será posible conocer la causa de todos los fenómenos psíquicos y no solamente estudiar sus efectos en los ambientes sociales del mundo, muy particularmente en los seres humanos.

Así, pues, toda forma de psiquismo y todo fenómeno parapsicológico es un resultado de la actividad de los devas que pueblan los insondables éteres del espacio. Su misión y su ley es materializar todos los impulsos magnéticos humanos transmutando la energía en materia y substanciándola al extremo de constituir con ella todo tipo de formas y toda clase de situaciones en el ambiente psíquico de la humanidad. El punto de objetividad necesaria para dicha manifestación sustancial -si podemos utilizar esta expresión- la proveen los propios seres humanos de baja vibración o de escasa evolución espiritual, así como también otros seres humanos más evolucionados aunque de potentes tendencias astrales y ciertos animales -considerados esotéricamente como altamente psíquicos- como los gatos, las serpientes, ciertas aves nocturnas, etc.(*).

(*) De ahí su utilización en las actividades de la magia negra.

El resultado de esta sustanciación de la energía psíquica es el Ectoplasma, la condensación de la energía etérica por efecto de la presión dévica de los niveles inferiores del Plano astral hasta constituir “formas objetivas” de alta solidez y persistencia. Desde el ángulo esotérico tales formas, tales aportes o materializaciones constituyen un peligro para la integridad espiritual del mundo, pues se las percibe clarividentemente enlazadas a etapas anteriores de evolución planetaria y deberían considerarse lógicamente trascendidas. Por ello, la misión futura de los investigadores parapsicológicos será “la destrucción de tales formas” y no simplemente el estudio de los fenómenos que provocan en el éter.

En los momentos actuales el estudio de tales fenómenos es una tarea preliminar y necesaria, pero no se debe olvidar que la actividad esencial es “purificar el ambiente astral del mundo” y propiciar la creación de “centros de actividad dinámica” en todos los subplanos del Plano astral con objeto de destruir todas las formas psíquicas de carácter negativo que condicionan y dificultan la evolución espiritual de la humanidad. Para estimularles en tal sentido bastaría decirles quizá que las guerras, las enfermedades y aún la propia muerte son “FORMAS PSÍQUICAS” mantenidas en forma sustancial en los niveles astrales del mundo y “dotadas de conciencia dévica”, una conciencia que exige ser liberada tras el obligado proceso de una sistemática y necesaria destrucción por parte de los verdaderos investigadores del mundo oculto.

Por tal motivo, un considerable número de discípulos mundiales provenientes de todos los Ashramas de la Jerarquía están trabajando activamente para presentarle al mundo una nueva idea sobre los males sociales y las dificultades psicológicas de las gentes, así como para informar sobre las causas ocultas de las grandes tensiones emocionales que repercuten en el corazón del hombre.

El fenómeno de la “MATERIALIZACIÓN” no es naturalmente lo único que estudia a fondo el investigador esotérico, sino que su campo de estudio se extiende a todos los posibles niveles de expansión psíquica, desde el que provoca en el éter la súbita reacción astral de un animal en la selva persiguiendo a la víctima que ha de proveerle de alimento, o el que determina cualquier ser humano en momentos cumbres de gran exaltación religiosa. El resultado será siempre el mismo en todos los casos: la invocación dévica y el fenómeno inevitable de sustanciación de la energía proyectada en el éter. El ECTOPLASMA es el resultado del proceso de sustanciación astral de las energías hasta el punto requerido de materialidad u objetividad que hace posible su identificación etérica física.

Y lo mismo podría ser dicho con respecto a otro tipo de manifestaciones psíquicas o astrales, como “la ocupación del cuerpo de un médium” por parte de cualquier entidad dévica, psíquica, individual o elementaria; un fenómeno que ha de ser considerado como altamente limitador de las facultades causales del alma y un campo de desdichas y de dificultades kármicas en relación con el propio médium, ya que, de acuerdo con las enseñanzas esotéricas de la Nueva Era, toda forma de mediuminidad astral deberá ser relegada bajo el umbral de la conciencia a fin de poder desarrollar la contraparte de dicha facultad en el plano de la mente, es decir, la telepatía, por cuanto la telepatía permite el contacto con los mundos invisibles, pero dentro del control de una voluntad ordenadora y de una inteligencia capaz de extraer verdaderos significados espirituales desde el mundo psíquico y apta, por tanto, de destruir progresivamente todas las formas inferiores que, “constituyendo grandes nubes psíquicas" y “potentes concentraciones de Ectoplasma de baja y densa vibración”, dificultan la evolución espiritual de los seres humanos.

Habrá de señalarse también que las aportaciones físicas o materializaciones ectoplásmicas a las que nos hemos referido anteriormente, provenientes de estímulos astrales inferiores, no son perceptibles únicamente alrededor de las personas altamente psíquicas que llamamos “médiums” o “dotados”, sino que constituyen parte integrante del proceso de nuestro cotidiano vivir, y podemos asegurar, muy sincera y honradamente, que tales formas pululan por doquier y si bien no constituyen “objetividades” capaces de impresionar a los sentidos de percepción física, sí poseen la suficiente fuerza psíquica como para alterar las condiciones ambientales y afectar astralmente a un considerable número de seres humanos en sintonía con aquellas fuerzas, constituyendo núcleos de agresividad prestos a descargar su tensión en cualquier momento. Hay “nubes psíquicas" para todos los grados de evolución astral; incluso los animales son potentemente astrales y aportan también al ambiente psíquico la singularidad de sus motivos.

El aspirante espiritual deberá guardarse, por tanto, de la actividad negativa de las formas psíquicas inferiores que llenan el ambiente social del mundo y cultivar, merced al desarrollo de su aspiración superior, formas psíquicas cada vez más sutiles y refinadas.



Vicente Beltran Anglada

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