Los pequeños Devas familiares.

V.B. Anglada


El fenómeno parapsicológico, sea cual sea su importancia, deberá observarse, primero, tal como aparece a los sentidos normales de percepción; descubrir luego la calidad del mismo por el nivel psíquico donde se realiza, y determinar, finalmente, el propósito que se halla en la base del mismo, entendiendo que todo fenómeno no captado ni registrado íntegramente por los sentidos físicos, pero presentidos siquiera vagamente como perteneciente a otro nivel, pueden ser considerados de tipo parapsicológico, siendo estos fenómenos tan corrientes que apenas les damos importancia. Veamos, por ejemplo, algunos de ellos: ruidos en el interior de las casas sin justificación física alguna, llamadas a las puertas, golpes en las paredes, en los muebles, dibujos aparecidos en los lugares más insólitos, etc. Estos fenómenos son provocados por aquellas criaturas etéricas llamadas vulgarmente “duendes”.

Pero, ¿qué son exactamente los duendes? Bien, se trata simplemente de cierto tipo de devas que viven en contacto con los seres humanos, que participan ocultamente de sus ambientes familiares se hallan particularmente activos en los hogares donde hay niños y animales domésticos, con quienes suelen juguetear.

Poseen gran dominio de los éteres inferiores, los más cercanos al físico denso, y utilizándolos con singular maestría son los causantes de ruidos inoportunos, movimiento de cuadros y muebles, abrir y cerrar de puertas, caída de objetos, etc., fenómenos variados que llegan a inquietar seriamente a los moradores de tales viviendas, pero que, en el fondo, no son sino efectos secundarios de la labor principal que realizan tales devas familiares en los niveles ocultos, tales como la creación del ambiente familiar o matiz psicológico de la familia en su conjunto, una actividad muy necesaria habida cuenta el contexto social que, surgiendo del seno de las familias, irrumpe en el mundo de relaciones humanas enriqueciendo su contenido.

Habrá que considerar obviamente que la elevación moral y grado de inteligencia de estos devas o duendes dependerá de la actividad conjunta realizada en el seno de la familia, en cuyo seno se sienten ubicados, y que sus expresiones sensibles o parapsicológicas variarán sensiblemente de acuerdo con la integridad moral o nivel intelectual de sus moradores, siendo, por tanto, infinita la gama de pequeños duendes del hogar. Éstos, vistos desde el plano mental, se hallan ocultamente bajo las órdenes de ciertos Ángeles familiares, de la categoría de los Ángeles Guardianes de la Humanidad. Así, los fenómenos parapsicológicos registrados en las moradas de los hombres tienen unos aspectos objetivos, a veces de indudable calidad, aunque lógicamente extraños e indefinibles por la escasa información científica que se tiene acerca de ellos.

Pero, en definitiva, la causa productora de los mismos es siempre una criatura del éter, llámesela deva, duende o espíritu, la cual viene atraída a las moradas de los seres humanos por leyes de afinidad o de vibración, se acerca a los grupos familiares y se vincula a los mismos constituyéndose desde el ángulo oculto en un miembro más de la familia, y aunque permanece invisible a los ojos físicos se halla constantemente activo y atento a la expresión y sucesión de los hechos familiares, los cuales comparte muy íntima y plenamente. La forma de los “duendes” es muy parecida a la de los “GNOMOS”, aunque sean de características dévicas diferente a las de los espíritus de la Tierra. Los “GNOMOS” habitan el interior de las piedras o en los grandes árboles, en tanto que los “duendes” habitan preferentemente en las moradas de los hombres.

Un estudio serio y profundo de los pequeños devas familiares aportaría grandes conocimientos a la labor investigadora de los verdaderos parapsicólogos, pues permitiría explicar racional y científicamente la causa de muchos fenómenos paranormales que se producen constantemente en los ambientes sociales y familiares de los seres humanos y constituyen todavía grandes enigmas para los estudiosos del mundo oculto.


Vicente Beltran Anglada

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