Recordando la inocencia.

Francesco


La niñez es la etapa mágica más importante de las personas.


Otra vez en el jardín, Francesco acarició cada flor. Les habló y hasta las refrescó con rocío del Cielo. Aparecieron mariposas jugueteando entre las rosas, y las rosas volvieron a renacer, pero no por casualidad. Porque las casualidades no existen. Ni en el Cielo ni en la Tierra.

De pronto, apareció Pancho, su querido ángel. Juntos contemplaron el jardín y recordaron cuando Francesco era chico y hablaba con él, compartiendo con ingenuidad sus juegos. Son los juegos donde parece que los niños hablan solos, se contestan y se ríen, con un interlocutor que los adultos interpretan como imaginación de las criaturas, y que es ese amigo invisible.

—¿Te acuerdas, Francesco, cuando eras chiquito y caíste de la hamaca, perdiste el conocimiento y viste cómo yo te curaba?

—A ver, déjame hacer memoria… ¡Ah! Ya recuerdo; estabas vestido de rosa, un rosa que nunca había visto antes.

Flotabas en el aire. Me gustaba contemplar cómo me mirabas; tus ojitos me decían que me repondría pronto.

Tú estabas cuando le conté esa experiencia a mamá y ella, tomándome de la mano, me dijo que había estado soñando. El doctor comentó, en voz muy baja, que era producto de la caída. ¿Por qué será que los mayores son tan terrenales y sólo pueden entender lo que ven?

—Ya ves lo que se pierden. ¿Puedes recordar también todas las veces en que te hablé al oído, todas las veces en que te grité "cuidado", cuando estabas a punto de cruzar la calle sin mirar?

—Sí, recuerdo todo; ¿por qué, cuando llegué aquí, no lo recordaba?

—Porque ahora estás totalmente armonizado.

Te explicaré algo. Cuando eres chico tienes, hasta los seis años, un pensamiento mágico y estás abierto a recibir información de tus vidas anteriores. No te olvides que la inocencia es la característica fundamental que permite creer con mayor facilidad en lo que no creen los grandes.

—¿Será que a los adultos todas estas cosas les dan miedo?

—Puede ser que el miedo no los deje creer. Algunos no pueden entender el mundo de las criaturas; por ese motivo uno debe mantener en algún lado del corazón esa capacidad de sorprenderse, de jugar con la imaginación.

No importa cuántos años tengas en tu cuerpo, la verdadera edad está en el alma.

—Pancho, considerando que siempre estuviste a mi lado, ¿crees que desperdicié mi vida?

—Tuviste buenos frutos en el transcurso de tu ciclo en la Tierra.

Tuviste unos hijos maravillosos, una esposa que te amó hasta el último momento de vida, un trabajo digno.

Tú has sido un ser querido por todos los seres que elegiste para compartir tu vida. Quizás el error estuvo en quedarte con asignaturas pendientes, esas que, por algún motivo, dejaste que quedaran inconclusas.

—Es cierto. Dejé muchas cosas sin hacer, no olvides que no fui del todo feliz.

—¿Y tú consideras que todas las personas pueden ser realmente felices?

—No lo sé, por eso te lo pregunto...

—¿Quieres saber de verdad lo que pienso, o buscas simplemente que te consuele?

—Quiero tu verdad.

—Tú solo te has frenado en los momentos importantes; te limitaste y no soportaste, luego, la sensación de los fracasos. No te culpo por no haber respondido que "no" cuando había algo que no te gustaba; te responsabilizo por no haber vivido hasta el fondo lo que te hacía sentir bien; siento que en algunas ocasiones no fuiste leal contigo mismo.

—Dime, Pancho: ¿dónde estoy yo, si mi cuerpo está en la Tierra y mi alma está aquí en el Cielo?

—¿Preguntas por tu ego o por tu esencia?

—¿Cuál es la diferencia?

—Toda tu esencia está aquí.

Mira, Dios te regaló un espíritu que es la esencia de todo; es, según algunos sabios, una luz que durante tu vida contempló cada una de tus acciones; es parte que se mantuvo siempre bella. Es la que está al tanto de todo, y estuvo todo el tiempo a tu lado.

Le hubiese gustado haber seguido brillando como una lámpara de aceite encendido; pero en algunos momentos la has llenado de polvo y su luz ya no era tan refulgente; solamente se iluminaba cuando tu mente dejaba de tener pensamientos perturbadores; pero esto ocurría en muy pocas ocasiones.

Tu alma estuvo flotando por encima de tu cuerpo, unida a él sólo por un cordón de plata.

Ella es la única que perdura y perdurará por siempre; es la parte más importante, la mejor compañera de tu vida. Contactas a tu alma cuando estás en silencio.

Después que tú abandonaras tu cuerpo, ella trajo todas tus experiencias, todos tus pensamientos, sentimientos, sensaciones. Ella era la que te llamaba la atención cuando algo funcionaba mal, e iba mandando señales de cada cosa que podías prevenir o solucionar.

En ella viven la percepción y la energía, viven la edad joven y la vieja. ¿Ahora tú quieres saber dónde habita tu otro yo o ego?

El ego o yo es todo aquello que te aleja de tu esencia. Los pensamientos, ideas, emociones, juicios, prejuicios, patrones de conducta, sufrimientos, alegrías, todo eso te envuelve y crea la falsa ilusión que eres sólo este ego. El ego no permite que tu esencia se exprese libremente en tu vida diaria. El ego, como todo, también fue creado por Dios.

Tu yo, es decir, tu ego, es esa mente.

Esa mente o ego está preparada para enseñarnos cómo crecer, cómo comunicarnos, cómo amar y amarnos; esa mente sabe elegir, nos juzga y nos miente, nos maneja y nos entristece con pensamientos negativos.

Tu ego te convierte en una persona con muchas etiquetas; por ejemplo, te dice que eres Francesco, trabajador con pocas aspiraciones.

Ese yo o ego que te compara con otros hace que te sientas mal sí te comparas con quienes crees que son mejores, y que te sientas mejor que aquellos que crees que son peores.

Ese yo, lleno de creencias, te convierte en esclavo de las vivencias que tuviste desde que naciste.

Ese yo siempre generaliza y dice que "nunca" te dieron tal cosa, que "todos" tus amigos son iguales, que te hace creer tal raza o tal religión es mejor o peor que otras.

Ese yo egoísta quería a alguien simplemente porque tenía tus mismos gustos. Orgulloso en algunas ocasiones y humilde en otras, ése es el yo que vivió en tu mente.

Tu cuerpo fue una buena herramienta para transitar el camino que te correspondía. Era importante que lo cuidaras porque era el vehículo que usabas y lo que te permitía tener las experiencias que tuviste como ser corporal; pero cumplió su ciclo y ahí está, cubierto de flores.

En tu alma está el yo superior, y es ella la que ilumina la mejor parte de tu ser.

—El que me llenaba de amor y de energía está en mi alma, pero el que registré todo el tiempo fue el de mi mente. ¿Crees que la mente se puede convertir en una enemiga?

—Y en una amiga también.

—Pero parece que ella tuviera un poder muy grande.

—Es que realmente lo tiene, como lo tienen los recuerdos y todo lo que vive en tu inconsciente. Es muy grande su poder; ella te hizo sentir bien o mal, alegre o triste, frustrado o triunfador.

¿Sabes qué importante son los roles que cumplen los recuerdos en tu vida? Cada acción se convierte en un pequeño o gran recuerdo, es como si coleccionáramos recuerdos de cada etapa que transitamos por la vida.

Es importante que quien está viviendo sepa que lo mejor es vivir su presente, con todos sus sentidos: viendo, oliendo, luchando, sintiendo, hasta el último momento, para tomarse hasta el último sorbo de vida; que no le quede nada sin sentir. Deja salir esos recuerdos del inconsciente; si revivirlos te hace sentirte bien, entonces déjalos dentro de ti; y, si son negativos, es bueno que los aceptes y que cambies el final de esos recuerdos, aunque sea un final ficticio. Sería como guardarlos en una forma prolija y armoniosa, para que no se te aparezcan como una pesadilla o una película vieja que ya viste en tu pasado, pero que no te sirve tenerla dentro de ti.

Vive la vida hasta el fondo, de un modo útil y cómodo; deja que en tus pensamientos queden las películas que quieres ver, a la hora y el día en que tú lo decidas.

Deja solamente lo que te hace bien. Aprende a anclarte en lo positivo. Siempre que realizas alguna acción, piensa que es lo mejor que estás haciendo en ese momento, después te arrepentirás.

Piensa y recuerda lo que es bueno para ti.

—Pancho, mira, mientras estuvimos hablando, se abrieron las rosas; ¡fíjate cuántas han nacido! Es buena señal, ¿no te parece?

—Claro que sí. Ahora vámonos y mañana pasaremos a visitar este lugar tan querido por ti.

Francesco ya había perdido el cálculo del tiempo. Se preguntaba cuánto hacía que estaba en el primer Cielo. A pesar de haber visto a muchos espíritus en sus mismas condiciones, nunca se había encontrado con ningún espíritu conocido.

Cuando él vivía creía que al morir alguien se encontraba en el Cielo con sus seres queridos. Él no había visto ninguno; se preguntaba, con ironía, si estarían todos en el infierno. Se dijo a sí mismo que al día siguiente preguntaría para salir de la duda.

Mientras acomodaba sus alas volvió a recordar los problemas que aquejaban a su familia. Pensó que, estando en el Cielo, más cerca del jefe, tendría más posibilidades de obtener favores.

Tenía en su espíritu muchas preguntas que necesitaban respuestas. Quería saber cuánto tiempo más tendría que permanecer en ese lugar, qué pasaría después.

Reconocía que le gustaba ese lugar y se sentía cómodo. Le encantaba volar y cuidar su jardín, hablar con Pancho y con sus maestros, pero había algo que lo tenía sumamente preocupado, inquieto. Tampoco se animaba a preguntárselo a nadie, pero era muy importante para él saberlo: ¿conocería alguna vez a Dios?

Si tuviera la posibilidad de hablar con Él, ¿qué sería lo que le preguntaría? ¿Cómo sería tenerlo al lado? ¿La emoción de estar frente a frente lo dejaría hablar francamente con Él? ¿Se animaría a contarle todas las injusticias que vio mientras vivía? ¿O Dios lo acusaría de haber cometido demasiados errores y lo juzgaría, castigándolo?

¿Cuál sería el Dios al que supuestamente en algún momento conocería? ¿Sería el Ser misericordioso que se apiada y da amor o el Dios que castiga, poniendo a prueba la fe de cada uno?

"Demasiadas preguntas para un espíritu inquieto y curioso", se decía. Francesco no tenía dudas que Dios estaba ahí: era real, su amor era poderoso y con ese amor había creado a cada criatura que habitaba la Tierra o a cada criatura que vivía en otros planetas. ¿Cómo dudar de su poder, después de estar viviendo en el Cielo? ¡Si Él pudiera bajar y contarle a cada persona lo que estaba viviendo aquí arriba!

Hasta los colores que existen en el Cielo son diferentes; siguen siendo los colores conocidos, pero tienen otra intensidad, otro matiz, otro brillo; todo es diferente, todo es celestial, todo, exactamente todo, es extraordinario.

También tenía que reconocer que, aunque a Él no lo había visto todavía, sentía su presencia en cada cosa que lo rodeaba.

Cuando vivía, también hubo momentos en los que sintió su presencia con la misma intensidad con que la sentía ahora.

Lástima que no había tomado conciencia de ello.

Francesco se quedó dormido pensando.

Se hizo de noche; el cielo tenía unas noches espectaculares; estrellas de todos los tamaños y todos los matices iluminaban el cielo azul.

Francesco descansó tanto que, al despertar, sintió que había dormido años.

Un sueño muy profundo lo había llevado a soñar que volvía a vivir y que era feliz. Soñaba que lo tenía todo y que lo valoraba tal como si alguien guardara un tesoro, celosa y cuidadosamente. Así había cuidado él, en ese sueño, su tesoro. Sabía que era importante valorar lo que le había costado obtener con tanto esfuerzo.

Francesco se despertó y, después de pensar en el sueño, se dio cuenta que él había sido más feliz de lo que había creído. Él también había tenido un tesoro, que estaba completo, pero no se había dado por enterado; apenas ahora lograba entenderlo todo.

Lamentó no haberse dado cuenta antes.

"Será que nosotros, los humanos, tenemos la característica de valorar lo que tenemos justo en el momento cuando lo perdemos, nunca antes."

Cuando tenemos algo que nos hace bien, sentimos que es merecido. ¿Por qué será, si tenemos todo el derecho del mundo para merecernos lo mejor?

¡Por dios, qué complicados somos!

Después de haber hecho un balance de mi vida, puedo darme cuenta que viví proyectando planes y deseos para el futuro, pero no pude pensar en detenerme y proyectar el presente. ¡Y pensar que toda la vida es presente!

Si hubiera tomado conciencia que yo tenía un gran tesoro, al tener un espíritu que deseaba crecer y nutrirse de experiencia, y que mi tesoro era mío y de nadie más… y que ese tesoro no tenía nada que ver con el de los demás, mi vida habría sido totalmente diferente.

Mi vida era mía y de nadie más. ¿Por qué tenía que dar explicaciones de mis actos, cuando realmente no me interesaba hacerlo?

Mis padres me educaron para ser una persona de bien, pero no me enseñaron cómo vivir.

¿Quién me enseñó que todo era esfuerzo y que, si no llegaba hasta las últimas consecuencias, no podría cumplir mis objetivos, si en realidad, las cosas que tenían que venir llegaron solas, sin que yo presionara ninguna situación?

Cuantos más obstáculos, más me empecinaba, más enloquecía; todo era cumplir, y pensaba mucho cómo podían juzgarme los demás. No me daba cuenta que el que más me juzgaba era yo mismo; mi propio juez y mi propio verdugo.

Y así fui viviendo y dejando de lado los pequeños momentos del presente, los que realmente llenaban mis días y mis noches.

Ahora advierto que aquí sigo siendo el mismo. El que sigue pensando dónde irá a parar mañana. No me doy cuenta de que, seguramente, cuando esto pase, es probable que después lo añore y consideré que "todo tiempo pasado fue mejor".




Extracto de "Francesco Una vida entre el Cielo y la Tierra de Yohana Garcia"

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1 Comentario de lectores

26/12/2011

He devorado "Francesco, una vida entre el Cielo y la Tierra" y "Francesco decide volver a nacer".
Sencillamente GENIALES !!!
Daros las GRACIAS así como a Yohana García por semejante regalo.
Me trajeron respuestas, aclaraciones pero también despertaron nuevas preguntas que ciertamente me serán respondidas.
Bendiciones a raudales y FELICES FIESTAS !!!

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