Traza tu plan de vida como si quisieras armar un mapa...

Francesco


Traza tu plan de vida como si quisieras armar un mapa para encontrar el tesoro de tu vida.


Todos somos piratas de una u otra forma. Todos buscamos minas preciosas, tesoros escondidos.

Lo bueno es que el que busca, encuentra. Y quien busca, sabe que en algún momento algo encontrará.


Agustín se encontraba sentado en el bar, inquieto por la casualidad del encuentro, esa causalidad que su madre le había enseñado que no existía. Un poco disperso tomó el diario que se encontraba en la mesa contigua a la suya y le echó una ojeada.

Marcó unas cruces en los apartamentos que le interesaban, pagó su cuenta y salió con la ilusión de encontrar un buen lugar para vivir. "Nadie cambia su vida por cambiar de lugar", le había dicho en alguna ocasión su nuevo amigo Yanum.

—Uno es lo que es y anda siempre con lo puesto.

Tal vez no cambie mi vida, pero me ayude a cambiar de actitud. Los cambios positivos no sólo los producen las puertas que se abren por dentro, también la invitación a que de afuera se abra un portal y te inviten a la gran fiesta de la vida —pensó Agustín.

Con su temperamento impulsivo rentó la segunda casa que vio. Casi ni lo pensó: sacó su dinero de la billetera y le dejó un depósito al dueño del lugar.

Al llegar a su casa materna y no encontrar a Mónica la llamo por teléfono, quería contarle su decisión.

—¿Ya no hay manera de que vuelvas a tu casa con tu esposa y tus hijos? — le preguntó su madre algo fastidiada.

-Lamentablemente no pude sostener mi matrimonio y ésta es una etapa nueva que prefiero construir de este modo. Las cosas por algo suceden. “Bacará” madre.

—¿Qué dices?

—“Bacará”… esta palabra la aprendí hace un tiempo. ¿Sabes qué significa?

—No.

—Que lo malo que te sucedió sirvió para que no te sucediera algo peor. “Bacará”, madre, “Bacará”.

—Bacará, hijo —dijo Mónica riéndose.

—Pronto empezaré a tramitar el divorcio. Después de todo lo único que me quedará es mí libertad. El dinero y la casa ya no serán míos pero lo que quiero es ser libre.

—Y ¿Para que quieres ser libre?

—No lo sé.

—No eres libre de todos modos. No puedes gastar más de lo que tienes, no sabes qué pasara en tu futuro. Los miedos nunca se van del todo. En esta historia, la única libre es tu alma. Tú sólo eres un envase de lujo, no puedes escaparte de tu ser ni de tus emociones. No te escapas del hombre, ni de las posibilidades de creer que te merecerías una vida diferente.

—Sabes, no estoy de acuerdo porque uno cambia, evoluciona, crece.

—Y eso, ¿Qué tiene que ver con la libertad?

—Creces en la vida, tienes alas, somos como Ángeles.

—¡Qué dices, los Ángeles no son libres! —Pero yo soy un hombre que cree tener alas de libertad. Estoy en paz y creo ser justo.

—Tú te crees justo, nunca sabrás si lo eres. No toda la gente es igual. Quizás el bien que le haces a alguien perjudica a otros. Hijo, la vida es mentirosa y el mayor enigma es el hombre que transita este bendito camino. Cambiando de tema, te ayudaré con tu mudanza, de cualquier modo es muy poco lo que tienes en esta casa.

—No te preocupes, pronto compraré lo necesario.

Y pasaron los días tan rápidamente que no hubo posibilidad de que Agustín tuviera tiempo de deprimirse.

Agustín se sentía cómodo en su nueva casa, comenzó su trabajo con entusiasmo, parecía estar saliendo del duelo de su separación. Sólo faltaba que encontrara el gran amor con el que soñaba.

Deseaba tener a quien amar y alguien que lo mimara.

Cenar solo es molesto, pero para esos momentos la televisión es buena compañía.

El televisor acompaña pero no escucha, no comparte, entretiene cuando te encuentras con una vida vacía. Y la vida a veces no es tan generosa como para brindarte compañía en los buenos momentos.

Mientras Agustín cenaba y comía unos dulces hipnotizado por las noticias de la televisión, recordó que faltaban sólo dos días para la Navidad. Miró el calendario y dijo en voz alta:

—¡Hoy es veintidós de diciembre! Es el día que baja el espíritu navideño.

Apagó el televisor, fue hasta el cuarto de su madre, buscó en los cajones de su mesa de Luz una vela roja y se sentó a meditar.

—Dios, qué solo me siento, ¡mándame una señal de que me escuchas!

Mientras, en el Cielo, un Maestro que lo observaba emitió un pensamiento en voz alta.

—Cuándo sabrás, personita, que Dios no se manifiesta en persona, sino que se manifiesta en un símbolo.

Grande fue la sorpresa de Agustín cuando entró en su habitación y vio que en el escritorio había un jazmín con un perfume intenso. Entonces asombrado, lo tomó entre sus manos y lloró hasta el cansancio. Comprendió que eso era un regalo del Cielo y que a veces tenía miedo de aprender para crecer y entendió que la Fe es la certeza de que Dios existe.

Y si crees que Dios existe, él siempre se manifiesta. La vida tiene demasiados milagros como para tenerlos a todos en cuenta.



Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"

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