Concepto de Ley de Jerarquía. III

V.B. Anglada


Interlocutor.- Al principio, si mal no recuerdo, has estado comentando que nos estamos moviendo entre la cuarta y la quinta dimensión. ¿Puedes ampliar lo que significa movernos dentro de estas dimensiones?

Vicente.- Sí, sí, de acuerdo. Para hablar de la cuarta, de la quinta, de la sexta y de la séptima dimensión, que parecen ser específicas en nuestro universo, habrá que hacer una analogía, puesto que trabajamos bajo el principio de analogía y decir por ejemplo, ¿por qué dominamos casi enteramente la tercera dimensión? Porque poseemos un cuerpo y somos plenamente conscientes de este cuerpo. En este momento tenemos el cerebro organizado de una manera específica y a través de los cinco sentidos conocidos podemos establecer contacto y ser autoconscientes del mundo objetivo que nos rodea, para entrar en el reino o en el dominio de la cuarta dimensión ya estamos tratando directamente con el cuerpo emocional, pero dense cuenta que conocemos muy poco del cuerpo emocional, del cuerpo emocional, o astral, como se conoce también, solamente conocemos algunas de sus expresiones a través de la personalidad humana y va, dentro de una escala de valores, del deseo, de la emoción y el sentimiento, pero, ¿tenemos un cuerpo constituido plenamente como el físico, en el plano astral? Tenemos un punto, un eje, un átomo permanente, a través del cual se está estructurando un cuerpo, del cual somos conscientes, pero, en el plano astral no somos autoconscientes. ¿Qué pasa con el fenómeno del sueño? El sueño, de naturaleza astral simplemente, nos ofrece una panorámica de hechos, pero solamente los vemos, pero raras veces nos consideramos autoconscientes en el sueño; alguna vez hemos dicho “me doy cuenta que estoy soñando”, en este momento podemos tener una vislumbre de autoconciencia en el plano astral y, por lo tanto, empezamos a dominar un principio de la cuarta dimensión, que es en el tiempo. Después analizaremos el tiempo de acuerdo con las dimensiones y, cuando la mente del hombre progresa en tres estadios que van, del elemento subconsciente al superconsciente pasando por el consciente, también somos interpretativos de una Voluntad que se expresa a través de la quinta dimensión. La quinta dimensión es la mente del hombre cuando funciona integralmente y cuando a través del ejercicio de la superconciencia empieza a ser autoconsciente en el plano mental, implica esta conciencia la capacidad de establecer contacto, vía este centro, con el centro superior o coronario. Cuando se ha completado el trabajo de este puente de “arco iris”, o de Antakarana, somos autoconscientes en la quinta dimensión y, en etapas futuras, cuando la persona humana haya logrado ponerse en contacto directo con los devas, o con los ángeles, cuando todo el contenido en el éter esté a su alcance, tendrá la posibilidad de establecer contacto con la sexta dimensión, en el plano búdico, con siete subplanos, de los cuales los hombres iluminados del planeta, aquellos que a través del arte dieron un empuje a la civilización de la humanidad, solamente han podido rasgar los éteres del tercer-cuarto subplano, entendiendo que el séptimo subplano del plano búdico es donde viven las almas iluminadas, es donde está el asiento del sentimiento de unidad, de fraternidad y de unión, ya no solo con los seres humanos sino con el propio Dios. Vamos a medirlo también en otros términos, en términos de Iniciación, cuando el ser humano es plenamente autoconsciente en el plano físico, que es capaz de controlarle e inteligentemente dirigirle, adquiere el poder de ingresar conscientemente en la gran Fraternidad Mística de almas iluminadas del planeta, a través de este Misterio del Nacimiento de Cristo en el Corazón o 1ª Iniciación de la Logia planetaria. Cuando adquiere el poder de los éteres que le confieren el poder en el mundo emocional y es plenamente autoconsciente en este plano, entra dentro del Misterio del Bautismo por medio de la 2ª Iniciación. En el primer caso hemos dominado tres dimensiones, en el segundo caso la cuarta dimensión, el cuerpo emocional; y, cuando en el Misterio de la Transfiguración en el Monte Tabor y a través del misterio de la 3ª Iniciación somos capaces de dominar todo el ejercicio activo de la mente en toda su extensión y dominamos el tercer elemento de la naturaleza, que es el fuego, entonces podemos decir que somos autoconcientes en la quinta dimensión. Y pasar de aquí ya no es necesario, porque está tan allá de nuestras posibilidades actuales, que casi se puede decir que es inaccesible. Pero a las tres primeras iniciaciones podemos acceder por Ley de Jerarquía y porque todos, si lo decidimos, podemos ser buenos discípulos e interpretar conscientemente la sinfonía de la creación a través de una mente muy bien ejercitada o de un corazón muy casto y honesto. Todo depende, como verán, de nosotros. La naturaleza es pródiga y todo nos lo ofrece gratuitamente; es como un árbol, porque un árbol con sus frutos es el símbolo del amor fraterno y todos debemos convertirnos un día en un árbol, que ofrece sus frutos al cansado peregrino, al caminante en el sendero.

Interlocutor.- ¿Es nuestro Ángel Solar nuestra conciencia cósmica, por ser Él ya la conciencia de Dios?
Vicente.- Yo diría que el Ángel Solar es el gran intermediario cósmico, porque un día el Ángel Solar, una vez destruido el cuerpo causal o el cuerpo de luz, volará hacia Su reino. Entonces, el hombre, el ser humano, el alma en encarnación, desaparecidos los fragmentos del cuerpo de luz, establecerá contacto con la Mónada, entonces, desde lo alto del espíritu hasta los tres cuerpos todo será puro, porque la función del Ángel Solar es solamente ayudar al alma en encarnación a establecer contacto con la Mónada. Cuando en la 4ª Iniciación, es decir, cuando el Misterio de la Crucifixión y del Calvario, Cristo, simbólicamente dice: “Todo se ha consumado”, en aquel momento, en virtud de este mántram, el cuerpo causal es destruido, desciende el fuego de Fohat sobre la entidad y, al juntarse con Kundalini que ha ascendido hacia arriba, hay una explosión y se destruye el cuerpo causal, entonces, como fruto de esta liberación, el Ángel Solar retorna a su patria celestial, tal como se dice en los libros sagrados: “Él retornó al Hogar del Padre” y entonces el ser humano se convierte en un Iluminado, en un Maestro de Compasión y de Sabiduría como lo fue el Cristo. Y para un ser de esta naturaleza —para medir el cual no tenemos elementos de juicio todavía— hay que esforzarse, hay que trabajar, hay que ser buenos ciudadanos, partir de lo inmediato, aunque la flecha de la evocación, de la inspiración o de la aspiración, tienda por ley hacia la meta más lejana. Lo que interesa siempre en todos los casos es mantener un anclaje perfecto en la vida, reconociéndonos como seres humanos que están buscando a Dios y no pasar de aquí, y no interpretar la vida en términos de autoglorificación, la autoglorificación de aquel que tanto sabe, de aquel a quien tanto admiramos, pero que es vacío de corazón y no es capaz de derramar una lágrima por su prójimo ni de servirle en un momento de necesidad.
Interlocutor.- Has hablado tanto de la meditación, pues te pido, a ver si es posible, que nos amplíes un poco más, unos cuantos detalles más, lo relacionado sobre la técnica de la meditación; que se comprenda verdaderamente la función específica, con lo cual representa la técnica correctamente usada, para que podamos comprender el beneficio que podamos sacar y el servicio que podamos hacer a través de la meditación.

Vicente.- Sí. Yo diría que la técnica de la meditación, en sus varios grados, tiene por objeto iluminar la mente a fin de que en esta iluminación se establezca un punto de contacto con la luz del ser superior a quien llamamos Dios. Si la representación de Dios en nosotros es el Ángel Solar, y más allá de aquí no podemos pasar —lo digo honestamente—, todo sistema de meditación o de yoga tiene por objeto unificar la personalidad del hombre en sus tres cuerpos funcionando como una persona que todos conocemos, y por vía subjetiva establecer este contacto por medio de la voluntad. Hablar de meditación, hablar de técnica, es hablar de voluntad. La educción del principio de la voluntad, y lo que yo aconsejaría como técnica, más que una técnica de sentarse diez minutos a hacer esto o lo otro, lo cual lo sabemos todos porque quien más quien menos ha practicado la meditación, estriba en mantener constantemente orientada la mente hacia los hechos que suceden a nuestro alrededor constantemente, no dejando vacíos entre uno u otro acto, pues desde el momento que nuestra mente no está atenta su cuerpo psicológico está creando fisuras y por estas fisuras de falta de atención se filtran las corrientes astrales o mentales negativas que lo convierten en un autómata de las circunstancias y no en un creador de las circunstancias. La mejor de las técnicas —porque nunca he sentido atracción por ninguna técnica definida—, pero, si algo les vale mi experiencia, se las voy a ofrecer honestamente: que observo mucho las cosas y que no me fío del valor de la autenticidad de la historia, de lo que dicen los libros; he tratado de crear mi propia historia observando los hechos constantemente. Llega el momento en que esta observación, esta atención fundamental, se hace automática, y deja unos espacios vacíos que son llenados, técnicamente, por el espíritu de la verdad, o por el espíritu de Dios. Toda la técnica del hombre a la búsqueda del Creador puede ser medida en términos de silencio. La capacidad de silencio es la que caracteriza la evolución de un alma en el sendero. El intelecto, y muchas técnicas tienden solamente a crear artificiosamente un campo muy extenso del intelecto; no sirve más que para adquirir conocimientos, pero nunca favorece con la ayuda directa de la sabiduría; por tanto, la sabiduría es aquella rara sustancia que está presente en toda cosa y que es, digamos, la Voz de Dios hablando a través de cualquier forma creada de la Naturaleza. Si estamos en un sentido de distracción, no estamos atentos al proceso fundamental de nuestra vida, que pasa constantemente, si no somos capaces de recoger el hálito de experiencia de cualquier suceso en el tiempo, tendremos, quizá, porque leemos mucho, mucho conocimiento esotérico o de otras cosas, pero raras veces alcanzaremos el nivel intuitivo que es la meta paradójicamente que persigue la técnica meditativa; y yo me pregunto si la técnica de la meditación debe ser un ejercicio de la personalidad humana para establecer contacto con el Creador del Universo, estableciendo primero contacto con su Ángel Solar o con su Yo Superior o, en términos psicológicos, el Yo trascendente. No alcanzaremos otra cosa, fíjense bien, que llegar a un nivel, un nivel del cual deberemos descender para recuperar las dotes de la acción; que es esta fundamental. No es que no crea en la técnica. Voy a repetir una cosa que he dicho antes: el paso que va del centro Cardíaco, por ejemplo, al centro Ajna, pasando por el centro Visuddha o Manipura, para llegar finalmente al centro más elevado, al Sahasrâra de la cabeza, no es posible si, abajo, el andamiaje de la personalidad, no constituye un triángulo realmente equilátero. De no ser así se puede sufrir grandes perjuicios porque la fuerza invocada por la meditación puede ser tan destructiva como en el caso del aprendiz de brujo. A todas las personas interesadas en una técnica —y existen técnicas supremas de contacto— les diría: prepara primero el camino, después ejercita la técnica. Una vez la técnica en ejercicio, dentro de una personalidad en función jerárquica, da un aliento supremo a la vida y se convierte en un estímulo de todas aquellas personas honestas que realmente buscan la verdad. De no ser así, todo el campo aparece entonces de una manera desproporcionada al alcance de nuestra investigación, pero, si nos atenemos a lo inmediato, a esta meditación que tiene por objeto ser consciente de la necesidad de otra persona o que es capaz de aprehender el sentido místico y esotérico de cada uno de los hechos de la vida, porque cada uno de ellos representa la Voluntad del Creador, si somos capaces de arriesgar a cara y cruz, como dice el poeta, todo cuanto hemos acumulado en el tiempo y lo vamos desperdigando paso a paso como dones del Espíritu Santo a todos los caminantes, entonces daremos un paso acelerado que nos conducirá al sitial magnífico en donde el Ángel Solar tiene una potestad infinita sobre todas las cosas.

Interlocutor.- ¿Es el vacío la separación de la materia positiva y negativa?
Vicente.- El vacío es el resultado del equilibrio que existe entre lo positivo y lo negativo, en el momento en que tenemos más proporción de una sustancia que de otra en nuestro cuerpo hay un desnivel. Por esto digo que si apuntamos la vista hacia arriba y no aprovechamos las fuerzas ahí abajo. Estamos en un desnivel por más que estemos meditando, es decir que, si analizamos el asunto veremos que lo importante es atenerse a un hecho fundamental, el vacío está a nuestro alcance, puesto que vacío es símbolo de pérdida de peso, pérdida del sentido de gravitación por el cual se rige la materia. Desde el momento en que nuestra mente pierde peso estamos invocando otra fuerza superior que es la fuerza mística del silencio; así vemos que en todas las grandes religiones y en todos los conocimientos de no importa que filosofía o credo, existen místicos que han establecido contacto con la Divinidad por medio del silencio creador, y que el silencio no es simplemente un estado de conciencia, yo diría que es la conciencia sin estado para llegar a un punto de saturación en el cual aquel vacío que hemos establecido por el hecho de estar observando atentamente las cosas se ha llenado por la fuerza que viene del aliento creador de la Divinidad, lo cual ya significa otra cosa: que vamos a progresar ya, definitivamente, del “pasivismo”, de la pasividad mística del pasado, para acogernos al silencio dinámico que limpia y purifica y que al purificar o limpiar, haciendo perder peso a las estructuras de la personalidad, hace posible que el Verbo Creador, el Ángel Solar descienda o nos permita acceder a su plano y nos puede enseñar directamente la Verdad, que es lo que estamos persiguiendo honestamente, yo creo, todos y cada uno de nosotros.
Leonor.-... sobre el cuerpo causal?

Vicente.- ¿Cuerpo causal? El cuerpo causal, descrito por San Pablo, el cuerpo de luz, es un cuerpo de rara belleza, un estuche, un cáliz, donde mora el observador causal, el Ángel Solar o el Ángel de la Presencia, o tal como estamos habituados a describirlo en los estudios teosóficos, el Yo Superior. Este cuerpo de luz ha sido creado con la sustancia de los buenos pensamientos, de los buenos deseos, de las correctas inspiraciones de la personalidad, conforme va creando el Sendero. Es decir, que el sacrificio místico del Ángel Solar, del cual trataremos en otra disertación más directamente, significa que para acelerar el proceso de evolución de la Humanidad, unos seres extraordinarios, que en la Doctrina Secreta de Madame Blavatsky se denominan los Dyanes del Fuego, decidieron, interpretando la Voluntad del Creador, ayudar a la raza de los hombres que evolucionaba. Este hecho, según se nos dice —ustedes tienen la libre opinión de admitir o de rechazar las jerarquías que evolucionaban en la Tierra hace aproximadamente unos veinte millones de años, yo no puedo probarlo, ustedes tampoco, pero se nos dice esotéricamente—, hubo una invocación superior, porque entonces evolucionaba el hombre-animal. El hombre había adquirido un poder sobre las circunstancias y había creado un cuerpo definido, pero carecía de autoconciencia y, naturalmente este desnivel dentro de la vida de la Naturaleza, este clamor invocativo que se elevaba de la raza incipiente de los hombres, llegó tal como llega todo motivo de meditación, a los ojos místicos del Creador y, atendiendo esta demanda, arrancando tal como se dice en los libros sagrados de la India, como pétalos sagrados de Su corazón místico a los Ángeles Solares, los transportó vía el éter, fíjense bien, vía la sangre de los dioses, hacia el planeta Tierra y, entonces, por primera vez en la historia de la raza humana, un Ángel Solar introdujo un pequeño huevo, digamos así, como Ave Fénix, dentro de la mente del hombre o de lo que era el elemento preparado para la mente del hombre y creó la autoconciencia. Desde aquel momento el hombre ya no vio las circunstancias solamente como un proceso histórico o de sueño que se realizaba y del cual él no se daba cuenta, sino que empezó a darse cuenta de que estaba siendo un actor dentro de un drama cósmico y así empezó a actuar la raza de los hombres. Los inicios fueron dolorosos porque tenía que vencer toda la resistencia impuesta por un cerebro condicionado todavía por el instinto animal, pero si después de estos hipotéticos veinte millones de años, vemos el hombre actual, con el gran avance de la técnica que le permite adueñarse del espacio o de crear las computadoras electrónicas, o la televisión en color, vemos el paso de la evolución, el paso de la conciencia del hombre, desde aquel cerebro instintivo de la mente, hasta hoy día, en que hemos creado el cuerpo causal, para que el Gran Adepto, el Ángel Solar, pueda vivir libremente sin el agobio, pues se nos dice que, el Ángel Solar —son palabras místicas y les ruego que lo tomen en sentido místico— vino desnudo, huérfano, fue un gran sacrificio, el gran sacrificio siempre es desnudez. Al situarse en tercer subplano del plano mental, estableciendo allí su morada para conectarse en el cerebro del hombre vía su corazón y de allí a la Mónada, y más arriba al Dios del Universo, no hizo más que atender las súplicas, las invocaciones de la raza de los hombres. Entonces, empiezan a crearse los siete velos que encubren el cuerpo causal del Adepto o la vida del Adepto empieza a estar dentro de un estuche, del color del arco iris se nos dice, el que lo ha podido ver clarividentemente, y que tiene la misión de ayudar al hombre hasta que el hombre accede a la quinta dimensión, hablando en términos ya de dimensión, pues así hemos empezado la discusión de hoy, una vez ha establecido su morada el alma en aquel lugar sagrado, que se ha puesto en contacto con el Alma Solar, y ha aprendido de este alma todo el contenido de sabiduría cósmica de las edades, reflejadas en los pétalos del Loto del Corazón de Dios, entonces existe un...

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada
En Barcelona, 10 de Mayo de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 25 de Diciembre de 2006

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