Estamos destinados a marcar la diferencia.

Varios/Otros


Estamos destinados a marcar la diferencia; al diablo con las consecuencias.


Cuando dos o más se reúnen en propósito y corazón, el universo los rodea y los eleva a un lugar de milagros manifestados. Cuando una persona sabia se reúne con puro corazón e intención para darles a otros sus verdades, se crea una nueva red de luz y el cociente de luz aumenta. Este es un momento de profunda reflexión en un conglomerado de posibilidades. Cada situación en su vida cotidiana tocará más profundamente la esencia de su alma.

Pueden descartar verbalmente la tristeza de otro al decir que no los afectará, pero como planeta y luz colectiva, somos activamente “el guardián de nuestro hermano”. Como especie estamos conectados mutuamente energética y biológicamente. A medida que la energía de la luz aumente constantemente en presión y posición, nos encontraremos con que muchos no pueden adaptarse a este cambio. Las emociones aflorarán como un tesoro flotante. Entrar en el juego del oscuro diálogo personal de otro y señalarlo, solo cortará sus alas de luz. Desearle a alguien desagradable una luz conmovedora servirá para desconectarse de su red de auto-sabotaje.

Con la aceleración del tiempo y la falta de desaceleración de la vida, descubrimos que no podemos cumplir todas las promesas que nos hicimos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Nuestras intenciones son grandiosas, pero están llenas de palabras huecas, ya que apenas podemos estar a la altura de terminar el día, sintiendo que caminamos sobre arena húmeda mientras nos hundimos más y más en el letargo. Podemos echarle la culpa al mes, a las estrellas o al mínimo solar, pero todos sabemos que hemos perdido nuestra chispa. Al igual que una copa de champán llena de gaseosa, no estamos alcanzando todo nuestro potencial. La orilla parece cada vez más lejana mientras nadamos por nuestras vidas. Queremos culpar a alguien o a algo, pero finalmente aterriza en nuestro patio trasero. Los viajes de culpabilidad están llenos para las escalas de fin de semana, ya que todos evadimos galantemente todo lo que necesitamos abordar.

Dentro del ser humano hay una semilla de esperanza, una semilla que permanece plantada sin importar cuán malo sea el clima o la vida. Mucha gente ha trabajado muy duro solo para ver sus sueños sepultados en una tierra sedienta y estéril. Han seguido su plan divino hasta un desierto que crece poco. Se han extendido financiera, emocional y físicamente, arando una tierra hostil que no los sustenta. Nos convertimos en robots, mientras luchamos por no sentir la tristeza y la decepción en nuestro corazón. No queremos renunciar a lo que vive en nuestro corazón, la semilla de esperanza que todos tenemos para la humanidad.

Nos esforzamos por escapar de esta dura realidad, pero la vida nada hacia nosotros con la boca abierta. Cualquier ilusión de control se mantiene firmemente en el cuerpo como dolor. Nuestros cuerpos patean y gritan y nuestra alma hace piruetas fuera de control. Todas las consideraciones personales se suspenden a medida que estas vastas energías entran en nuestro campo de investigación. La lucha o la huida galopan a través de nuestros pensamientos mientras la adrenalina bombea fuerte. Nos sentimos desamparados y sin esperanza ya que nuestros sueños parecen consumirse. Nuestra capacidad de cuidar se ha convertido en la necesidad de sobrevivir. Comenzamos a entrar en pánico buscando la escotilla de escape; cualquier cosa tiene que ser mejor que toda esta agitación planetaria. Nos hallamos en este espacio vacío pidiendo ser rescatados por algo o por alguien. En este lugar de no ver el mal, no escuchar el mal, no hablar el mal, el olor del peligro perdura alrededor de la fogata.

Es hora de salir, de ponernos de pie y defender lo que creemos. No somos pequeños en luz ni propósito. Estamos destinados a marcar la diferencia; al diablo con las consecuencias. El cosmos nos considera responsables de nuestras acciones o inacciones. Tenemos las herramientas cuantificadas para cambiar las partículas de todo lo que parece quitarnos nuestra libertad de elección. Parece que estamos a la deriva en un mar de circunstancias. Estamos remando con nuestras esperanzas y sueños espirituales. Cuando parezca que se están ahogando en la vida, no recen y naden hacia la orilla, salgan del bote y caminen sobre el agua. Somos los salvadores de un mundo que se ha deshecho. No somos víctimas ciegas, hemos venido a este mundo con los ojos bien abiertos. En nuestros corazones tenemos una gran promesa por cumplir. Esta gran promesa arroja una Luz más grande que cualquier sombra. Los cielos nos miran para convertirnos en la transformación que buscamos.


Gillian MacBeth-Louthan PO box 217 Dandridge, Tennessee
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Traducción: Susana Peralta

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