El increíble mundo de las formas.

V.B. Anglada


Tal como dijimos en el primer libro de este Tratado, nuestro Universo es esencialmente físico y cada uno de sus siete subplanos son sutilizaciones físicas que van de lo más denso en el Reino mineral a las sutiles e inconcebibles regiones espirituales que en terminología mística llamamos el Reino de Dios. En cada uno de tales planos, subplanos y niveles de la vida del Creador existen FORMAS, ya sean sólidas, liquidas, gaseosas, etéricas, astrales, mentales, etc. Estas formas están condicionadas al valor cualitativo o grado de sutilidad de los elementos geométricos que las integran y sirven de envolturas o cuerpos de expresión a determinadas especies de almas espirituales o conciencias en proceso de evolución.

Interesa lógicamente, pues, que establezcamos clasificaciones tan concretas como nos sea posible acerca de los cuerpos o vehículos que en la actualidad y desde el punto de vista humano constituyen Formas definidas, tal como ocurre con el cuerpo físico, el vehículo etérico y el cuerpo astral, en menor medida con el vehículo mental y muy tenuemente con el cuerpo búdico. La estructuración de las formas sigue, sin embargo, un proceso muy similar en todos los casos debiendo advertirse que los Devas que trabajan con los cuerpos físicos y astrales de los hombres manipulan energías etéricas en forma de cuadrado. Los que estructuran los cuerpos mentales lo hacen con energía etérica condensada en forma de triángulos y los exaltados Devas que construyen los vehículos búdicos de los seres humanos muy avanzados extraen de los éteres inmortales del espacio energías condensadas en forma de círculos.

De ahí la importancia que se les asigna en simbología oculta a las figuras geométricas del cuadrado, del triángulo y del círculo, tal como examinábamos en el capítulo anterior, pues, desde el ángulo oculto, poseen un poder tremendamente mágico y su cuidadoso estudio puede ayudar muy positivamente en el trabajo de integrar cada uno de nuestros vehículos periódicos de manifestación, tal como es realizado por medio de ciertos ejercicios ashrámicos de visualización de estas figuras complementándolos con la pronunciación adecuada y en determinado tono del mántram solar O.M.

Estas ideas, como podremos apreciar, son una ampliación a lo dicho anteriormente, pero lo más importante desde el ángulo de nuestro estudio es que induce a introducirse conscientemente en los mundos dévicos, para cuyo logro será evidentemente necesaria la integración del triple vehículo de manifestación del alma y del vehículo etérico de relación de las energías sin cuyo concurso resultaría imposible toda comunicación de los distintos niveles entre sí, y la creación de un definido tramo del gran Puente de ARCO IRIS o Antakarana solar que ha de unir nuestra pequeña vida con la Vida de algún elevado Deva, Quien, conociendo las leyes sagradas de la construcción, puede ayudarnos en nuestras pesquisas acerca del proceso de estructuración de las formas.

Podemos decir muy humilde y honestamente que este Tratado Esotérico sobre los Ángeles no hubiera logrado salir a la luz a no ser por las indicaciones ocultas de cierto número de Devas en distintos niveles que nos ayudaron positivamente durante el curso de nuestras investigaciones. Utilizando la intuición espiritual y observando clarividentemente el proceso de estructuración de las formas, fuimos conscientes del espíritu de fraternidad y de sincera colaboración de los Ángeles. En la mayoría de los casos activaron nuestras dotes de percepción oculta y nos permitieron acceder a ciertas zonas de registros akáshicos que proyectadas en la luz astral a nuestro alcance revelaron "escenas históricas, esotéricas y místicas" pertenecientes a eras muy alejadas de la nuestra actual.

Tal fue el caso, sólo por citar uno, de la visión que tuvimos del Cáliz Atlante al cual hicimos referencia en nuestro libro anterior, de la singularidad del Recinto sagrado donde se estaba realizando una Ceremonia oculta y del grupo de asistentes a la misma, así como de la grave majestad del Sacerdote Iniciado que dirigía aquella espiritual liturgia. Eran unas imágenes muy positivas y reales extraídas del seno infinito de la Memoria Cósmica de la Naturaleza cuyo objetivo único era demostrar que la raíz de todos los cultos religiosos de la humanidad se halla siempre en el Misterio del Cáliz y del Verbo, siendo el Cáliz el hombre y el Verbo la propia Divinidad, tal como intentamos explicar en el capítulo referente a "la Ceremonia Mágica de la Iniciación".

Tal como dijimos hace unos momentos el proceso de estructuración de las Formas es muy similar en todos los casos y sólo deben ser resaltadas la sutilidad de los materiales dévicos utilizados y la calidad de las vibraciones emanantes de cualquier centro de conciencia en la vida de la Naturaleza. Un tipo especializado de Devas construye el cuerpo físico de todos los seres existentes, otra especie, o familia, estructura el vehículo astral de la sensibilidad de los mismos y un tercer tipo o especie crea los vehículos mentales de los seres humanos, el único ser en la Creación que posee autoconciencia o alma individual...

Más allá de la mente y conforme el observador va penetrando profundamente en la misma, quebrantando la resistencia de los elementos etéricos que condicionan los vehículos, nota con sorpresa que sus pensamientos pierden concreción, objetividad y consistencia, como si se diluyeran en el espacio, y penetra entonces en una zona de indecible quietud y recogimiento místico que le da razón y le orienta acerca de una especie de Ángeles cuyo divino cometido es "llenar de paz y armonía el corazón de los hombres". Son llamados esotéricamente "Los Ángeles del Equilibrio". El silencio de palabras, de deseos y de pensamientos logrado cuando hay una perfecta integración de los vehículos inferiores del ser humano es aparentemente el medio de establecer contacto con tales Ángeles, los cuales están muy íntimamente vinculados con una jerarquía de Devas habitantes del cuarto subplano del Plano búdico, solamente visibles a los discípulos que hayan obtenido la segunda Iniciación.

La forma más directa de ponerse en relación consciente con los Ángeles del Equilibrio es la práctica continuada del Silencio, algo aparentemente muy fácil, pero increíblemente difícil para los aspirantes espirituales en esta Era de transición que estamos viviendo, en la que hay que construir los andamiajes del Gran Antakarana Cósmico que la humanidad desarrollará en forma de Conciencia Social y que permitirá establecer las bases de la fraternidad espiritual aquí en la Tierra.

Llegados a este punto, la pregunta general que nos haremos todos seguramente será ésta: "¿cómo trabajan los Ángeles?". Pues, evidentemente Ellos no poseen Manos como nosotros y seguramente nuestra mente está tratando de imaginar el proceso de estructuración dévica de las formas basándose quizá en la manera de trabajar de los hombres cuando levantan un edificio o cuando construyen una máquina. Hay una sutil referencia al trabajo de los Ángeles en las palabras de Pablo, el Apóstol Iniciado, cuando con respecto al Cuerpo de Luz o Causal dice: “... no es un Cuerpo creado por las manos de los hombres”, pudiendo ser añadido esotéricamente: “... sino por los gloriosos Devas AGNISHVATTAS que construyen los vehículos superiores del ser humano”.

El proceso de estructuración de las Formas debe ser considerado desde el ángulo de vista del ÉTER, o de la "materia radiante" sin forma aparente alguna, pero que a la visión espiritual aparece como totalmente integrada por una infinita concentración de puntitos de luz, o vibrantes criaturas dévicas mucho más pequeñas que los átomos, las cuales viven agrupadas en familias y especies, realizando cada cual una determinada función en el proceso de construcción de todos los cuerpos geométricos de la Naturaleza, a partir del infinitamente pequeño elemento etérico denominado esotéricamente ANU. Para dar una ligera idea de la pequeñez del ANU bastará considerar que el más ligero de los átomos químicos conocidos, el hidrógeno, posee dieciocho de tales ANUS, animado cada uno de ellos por una refulgente vida dévica.


- La materia radiante.

Vamos a clarificar ahora nuestra idea acerca del Éter, cuya sustancia se halla en la base de toda posible construcción de forma, adaptándola a ciertas expresiones que son habituales en nuestros estudios esotéricos, tales como el prana, la energía vital, la sustancia ectoplásmica, la materia radiante, etc. Para una mejor comprensión del sentido de nuestro estudio, vamos a utilizar el último de estos términos, es decir, el de "materia radiante", siempre que hagamos referencia a la sustancia etérica tal como es manipulada por los Ángeles o Devas durante el incesante proceso de estructuración de las formas. Según nuestras observaciones, tanto el prana, como el ectoplasma, como la energía vital emiten unas radiaciones magnéticas y brillantes de carácter positivo en relación con las formas que surgen de sus maravillosas e infinitas combinaciones, por efecto del trabajo de construcción de los devas.

Así, el cuerpo etérico de cualquier cuerpo, mineral, vegetal, animal o humano, emite radiaciones y posee un tipo definido de electricidad o magnetismo que atrae de las zonas invisibles del espacio "la cantidad y calidad de Éter" cualificado que precisa para que sea construida o estructurada la forma objetiva adecuada a su proceso de evolución. Los Devas, en sus infinitas especies, son los grandes intermediarios de este proceso y utilizan sabiamente los materiales básicos que suministran las radiaciones etéricas, astrales o mentales de la infinita multiplicidad de conciencias en evolución para crear el vastísimo océano de todas las Formas, objetivas unas y subjetivas otras. Observado cualquier cuerpo desde el ángulo oculto, utilizando la clarividencia, aparece circundado por una aura o halo de luz o de irradiación magnética, cuyo color y brillo varían de acuerdo con la calidad de los componentes etéricos o materia radiante.

El vehículo etérico, o doble etérico, de los seres humanos va del color azul difuso hasta el color dorado de vívidos resplandores como el de los rayos solares, indicando tales matices la calidad de los elementos que integran dicho vehículo etérico y el grado de expansión de su campo magnético. Por tanto, la materia radiante es el principio integrador de toda posible forma expresiva. Viene infundida de vitalidad ígnea y forma parte del AURA SOLAR, o CUERPO ÉTERICO DE LA DIVINIDAD, siendo su irradiación o proyección magnética la obra de un exaltado grupo de Devas cuya evolución se realiza en los más elevados niveles del Plano físico, constituyendo lo que científicamente podríamos definir “el Campo Magnético del Universo”.

Del seno infinito de esta "materia radiante", de ese éter dinamizado o prana, surgen todas las posibles manifestaciones universales "cubriendo con su manto de luz -tal como está escrito en un bello y místico poema oriental- las Decisiones del Señor", es decir, los sagrados impulsos de vida y de existencia que se elevan del más diminuto centro de conciencia hasta el más glorioso Hombre Celestial. Una de las expresiones esotéricas que más positivamente pueden clarificar nuestra mente acerca de la forma de trabajar de los Ángeles es la de "Tejer en la Luz", ya que observados clarividentemente, se les ve realmente tejer con hilos de luz etérica de todas las sutilidades posibles el destino de toda forma o de todo cuerpo en la vida de la Naturaleza.

Hay que tratar de imaginar al respecto que estos "hilos de luz" son originados por aquellas diminutas vidas dévicas a las que anteriormente hacíamos referencia, al moverse por el espacio etérico a increíbles velocidades portando cada una de ellas una cierta cantidad de la "materia radiante" dentro de la cual viven, se mueven y tienen el ser.

Así, el hábil investigador esotérico que sigue profundamente atento el desarrollo de la acción misteriosa que se realiza en los éteres, percibirá en el centro de la actividad principal de construcción de cualquier tipo de forma la figura radiante de un Deva constructor de la categoría de los AGNISHVATTAS, AGNISHSURYAS o AGNISHCHAITAS, según que el proceso de construcción de las formas tenga lugar en el plano mental, en el astral o en el etérico-físico, quien, con rara habilidad y maestría dirige todas aquellas diminutas vidas dévicas al objetivo común de estructurar la requerida forma que precise cualquier tipo de vida o de conciencia en proceso de encarnación o manifestación.

Las órdenes de este Deva Constructor son captadas a través del Éter por estas pequeñísimas criaturas dévicas que se hallan en la base de cualquier tipo de expresión de forma, y si el observador esotérico posee clarividencia mental podrá percibir en los éteres astrales y físicos una infinita serie de signos geométricos luminosos que aparecen y desaparecen con extraordinaria rapidez constituyendo, al parecer, indicaciones específicas de cómo ha de ser realizado el trabajo de estructuración o de construcción. En un capítulo precedente nos referimos ya al lenguaje de los Devas cuando tratan de impresionar a la mente humana, pero el lenguaje cálido y vibrante de los Devas cuando "conversan entre sí o del que preside un proceso determinado de construcción es mucho más rápido, ya que no existe de parte del Deva la intención de reducir la velocidad del mismo como ocurre, por ejemplo, cuando desea establecer "una conversación" con un ser humano.

La clave del lenguaje de los Devas se halla en el plano búdico y su interpretación parcial por parte de los investigadores esotéricos del pasado permitió crear las notas universales de la MÚSICA. Así, las pequeñísimas criaturas dévicas que son invocadas por el Nombre o Sonido oculto de sus grupos respectivos64 y en orden a sus especies y jerarquías trabajan a una rapidez impresionante e inconcebible, ya que la percepción e intención del Deva director, la organización de los elementos del proceso de construcción y la capacidad de trabajar de tales minúsculos devas constituyen un fenómeno único de simultaneidad y la estructura de las formas va haciéndose así perceptible en materia radiante primero, y finalmente en materia física densa, a través de un trabajo incesante de "acumulación de átomos químicos" de todas las necesarias densidades hasta llegar a constituir cuerpos u organismos perfectamente organizados, formas objetivas llenas del eterno dinamismo de la Vida.

"Tejer en la Luz" implica, por tanto, el extraordinario movimiento que va de lo puramente etérico a la más densa acumulación de materia física, transportando "materia radiante", o éter dinamizado, hábilmente moldeada por el Deva constructor de la Forma por medio de la increíble concentración de aquellas criaturas dévicas que "viven, se mueven y tienen su razón de ser" en el seno del conglomerado etérico, ectoplásmico o nebulósico -si nos permiten ustedes esta última expresión- que constituye el principio básico de estructuración de todas las posibles formas universales, la verdadera sustancia cósmica puramente simple, cuya progresiva densificación o solidificación a través de planos, dimensiones y niveles constituye el Universo físico.

Después de este necesario preámbulo, vamos a introducirnos ahora tan concreta, objetiva y científicamente que nos sea posible en el misterio infinito que se oculta tras la apariencia objetiva de toda forma conocida, analizando todas aquellas que nos fue posible observar durante el curso de nuestra investigación esotérica sobre el mundo de los Ángeles y de los Devas Constructores de la Naturaleza. Debido a la increíble sutilidad que algunas de dichas formas adoptan en el espacio o éter cualificado, que constituye su elemento natural de vida, nos hemos visto obligados a establecer unas inevitables comparaciones con aquellas que son más asequibles a la comprensión de nuestro cerebro físico, inmerso todavía en un espacio tridimensional, estando plenamente persuadidos que la imaginación creadora de cada uno de ustedes les aproximará intuitivamente a la calidad sensible, mística o espiritual que la percepción de tales formas exige.

Para una mejor adaptación al proceso de estructuración, base angular de este libro, circunscribiremos nuestras investigaciones y el orden de nuestro estudio a tres grandes grupos de Formas:

1. FORMAS ÉTERICAS

2. FORMAS ASTRALES

3. FORMAS MENTALES




Vicente Beltran Anglada

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