El ego terrenal.

Gaia ~ Madre Tierra


Queridos amigos,

Soy la voz de la Tierra. Os doy la bienvenida a todos desde el fondo de mi corazón. Estoy con vosotros; fluyo a través de vosotros, de vuestro cuerpo. Percibidme en la circulación de la sangre, en el ritmo de la respiración, en la sensación de solidez de vuestra masa corporal y en la firmeza del suelo que pisáis. Sentid mi presencia en vosotros y sabed que podéis apoyaros en mí.

No sois vuestro cuerpo, vivís en él. Vuestra consciencia se ha conectado conmigo, el planeta Tierra. Vuestra alma es independiente de toda forma en el tiempo y el espacio, y es pues un milagro que una consciencia tan libre y sin ataduras se haya fusionado con la forma material hasta hacerse una con ella. Maravillaos ante el misterio de esa fusión: vuestra alma se ha convertido en carne y hueso. No es algo en suspensión por encima o alrededor del cuerpo; la consciencia de vuestra alma ha penetrado profundamente en todas vuestras células.

Sentid por unos instantes el poder de vuestra alma. Hace un momento os invité a percibir el poder de la Tierra: la fuerza de la gravedad, la solidez de vuestro cuerpo y la firmeza que os proporciono. Ahora, sentid la fuerza del alma, del espíritu que os habita. Imaginad que cada célula de vuestro cuerpo está llena de luz viva. Vuestro cuerpo irradia vuestra consciencia, y no me refiero con ello a la consciencia de vuestros pensamientos cotidianos; me refiero a una consciencia más profunda de la que es posible que ni siquiera os deis cuenta. Es una «archiconsciencia» que forma parte del origen cósmico que os sostiene. Esa energía cósmica, solar, está siempre con vosotros. Por tanto, tomad consciencia de ella y dejad que fluya a través de vosotros.

Quisiera pediros, más concretamente, que imaginéis que ese rayo de energía cósmica se conecta con vosotros a través de vuestra coronilla, de la parte superior de la cabeza. Sentid que la energía de vuestra alma entra por la coronilla y va descendiendo en círculos hacia la cabeza, los hombros y la espalda, bajando por el canal de la columna hasta llegar al coxis. Recibid la luz de vuestra alma en el abdomen y la pelvis, y notad cómo repercute en la estructura densa y compacta de vuestros huesos y esqueleto. Vuestro cuerpo quiere esa repercusión y colaborar con vosotros a nivel del alma. Y yo, la Tierra, deseo colaborar con vuestra alma por medio de vuestro cuerpo.

Imaginad que la luz de vuestra alma sigue descendiendo por vuestras piernas, rodillas y pantorrillas, y luego por los tobillos y talones hasta cada uno de los dedos de los pies. Vuestra alma quiere manifestarse en la Tierra. Vuestra alma anhela encarnarse en este cuerpo en esta vida, aquí y ahora. ¡Acoged la luz de vuestra alma!

Desde la perspectiva de vuestra personalidad terrenal, tenéis dos opciones: podéis empezar a abriros a la luz de vuestra alma o podéis cerrarle la puerta hasta un determinado punto. Vuestra personalidad terrenal goza de cierta independencia. Cuando nacéis en la Tierra como seres humanos, cada uno de vosotros es una criatura única, una creación nueva. No sois una mera extensión del alma; sois realmente nuevos y venís aquí con el propósito de aportar algo nuevo a vuestra alma.

En su reino de origen, vuestra alma decide en un momento dado entrar en la vida terrenal. Antes de ese momento decisivo, se sopesan y consideran muchas opciones. Existen corrientes del pasado y del futuro que, como almas, os empujan hacia delante hasta que en vuestro fuero interno sentís: «Quiero volver a dar ese salto ahora; en la Tierra hay algo hermoso y valioso que deseo investigar, que quiero experimentar».

El alma siempre da su consentimiento a una encarnación. Ahora bien, una vez que ese consentimiento ha sido otorgado y que nacéis en un nuevo cuerpo humano, se genera un nuevo potencial y se abren nuevas posibilidades. El alma no puede decidirlo todo. Es cierto que se establecen determinadas líneas temporales, así como ideas y un plan para esa próxima vida, pero, aun así, mucho queda sin decidir. Y también es nuevo para el alma ese «Yo» terrenal que crece y se desarrolla en la Tierra. El alma está en vuestro cuerpo y en vuestra personalidad, pero no lo tiene todo resuelto; también está aprendiendo y adquiriendo nuevas experiencias. De este modo, se crea un ego terrenal que lleva vuestro nombre y que queda implantado en medio de fuerzas muy diversas.

Así, por un lado está vuestro cuerpo y, por el otro, vuestra alma, vuestro origen cósmico. Pero también están las influencias de la sociedad humana, de vuestros padres, el colegio y el entorno. Vuestro ego terrenal es el punto central conectado a la Tierra y al Cielo, al cuerpo y al alma, pero también es quien lleva el timón mientras navegáis por la vida y quien tiene que tomar decisiones. Sentid el poder de vuestro ego.

A menudo buscáis el consejo de guías espirituales, ángeles, maestros o, también, el mío, el de la Tierra. Pero el mayor secreto de la vida en la Tierra es que conectéis con vosotros y confiéis en vuestra propia y honda sabiduría. Y esa sabiduría aumenta a medida que vivís vuestra vida. No es del todo exacto que el alma ya lo sepa todo y que lo único que tenéis que hacer en vuestra vida terrenal sea aprender aquello que quiere el alma; esto es verdad solo en parte. El alma también ha de preocuparse de adquirir experiencia, sabiduría y conocimiento a través de vosotros. Se trata de una interacción igual de valiosa para vosotros que para vuestra alma.

Por lo tanto, daos el reconocimiento que merecéis y no os subestiméis. Vosotros sois quienes habéis realizado ese salto de fe, esa zambullida en la encarnación. ¡Honraos! Habéis experimentado todo tipo de emociones: tristeza, miedo, incertidumbre y, también, el esfuerzo que requiere ser uno mismo en el reino terrenal: permanecer en contacto con el alma y con la fuente propias, y creer en uno mismo. Sois vosotros quienes habéis asumido el riesgo de dar tal paso.

¿Cuál es entonces la ventaja de conectar con el alma, si resulta que esta no lo sabe todo? Al experimentar vuestra alma, recordáis quiénes sois, cuál es vuestro lugar y dónde está vuestro origen. Recordáis vuestra energía vibratoria, vuestro ser más íntimo. Recordáis quiénes sois más allá del tiempo y el espacio, más allá de vuestra forma física, más allá de la muerte e, incluso, más allá del nacimiento. El propósito de permanecer conectados con vuestra alma es el de sentir totalmente esa conexión mientras estáis aquí, en este cuerpo, y en permitir que esa conexión impregne vuestra personalidad terrenal; saber quiénes sois realmente: libres, grandiosos.

Al mismo tiempo, forma parte del plan que, desde vuestro «Yo» terrenal, hagáis vuestras propias elecciones, algo en lo que yo quiero ayudaros haciéndoos saber que tengo mucho para daros. Me produce una inmensa alegría sentir que penetra en mí la luz de vuestra alma, su luz solar cósmica. Quiero trabajar con vosotros, tal es mi propósito. Forma parte de mi camino para crecer en consciencia —para evolucionar— crear un paraíso en la Tierra en el que predominen la alegría y la abundancia. Y mi sueño es lograrlo colaborando con vosotros, interactuando con los habitantes de la Tierra.

Para conseguirlo, es necesario que os respetéis; que respetéis no solamente vuestra alma, sino también ese ego terrenal vuestro que tantas cosas ha soportado. No puede decirse que sea fácil estar encarnado en la Tierra en estos tiempos. Numerosas energías violentas acumuladas en el pasado buscan ahora sanación y soluciones, y requieren ser integradas. Todos estáis familiarizados con esas energías en vuestro interior: esas partes oscuras, bloqueadas y angustiadas que, en su búsqueda de resolución y liberación, desean en estos momentos ser vistas y reconocidas. Esto es algo que actualmente también está sucediendo a gran escala en muchísimas personas, lo cual genera desasosiego en el plano exterior. No obstante, la semilla de lo nuevo ha sido sembrada; conectad con eso.

Primero, sentid quiénes sois, intuid el ser infinito, el alma de la que habéis brotado. Luego, percibid vuestro «Yo» terrenal en medio de esa presencia. Eso es quienes sois ahora; es la forma en la que os manifestáis ahora. Sois un canal para la nueva consciencia que quiere nacer, pero este es un proceso que requiere tiempo. Intentad no juzgar dicho proceso desde la mente y procurad, más bien, seguir la marcha y el ritmo de vuestra vida, de vuestro ego terrenal, en colaboración con vuestra alma.

Haceos esta pregunta: «¿Qué es importante que manifieste en mi vida terrenal en estos momentos?». Estáis involucrados, junto con vuestra alma, en un grandioso proceso de evolución. Vuestra alma aprende de vosotros y vosotros aprendéis de la perspectiva más amplia que posee el alma; aceptad que estáis juntos en este camino. Imaginad que os halláis, literalmente, en un camino, parados y mirando alrededor por si surge algo que os dé alguna pista o sugerencia sobre lo que ahora sería importante para vosotros, tanto para el alma como para el ego terrenal. Puede que veáis una imagen, un color o que, simplemente, percibáis una sensación. Quizás se os aparezca un guía, un ángel, una persona o un animal; limitaos a mirar, a ver qué se presenta. Sea lo que sea, su rostro es el del amor y su deseo es reafirmaros y apoyaros, pues solo entonces será real.

Recibid el regalo o el mensaje de aquello que quiera ir hacia vosotros. Dejad que penetre totalmente en vuestro cuerpo. El cuerpo es el punto focal de lo que sois aquí y ahora, no en algún lugar de otra dimensión, ni en el pasado o el futuro, sino ¡ahora! Aspirad la energía que desea serviros ahora, la energía que se os quiere dar. Dejad que fluya hacia esas partes de vuestro cuerpo y campo energético que la necesitan, algo que sucederá de forma espontánea y natural.

Recordad: estéis donde estéis y sin importar cómo os sintáis, siempre tenéis ayuda alrededor. Vuestro trabajo, vuestra misión y meta, es tomar vuestras propias decisiones en la vida; crear algo nuevo, un nuevo camino por el que vuestra alma pueda aprender y vosotros podáis, también, crecer y experimentar alegría. Sin olvidar, con todo y pese a la independencia que es vuestra por derecho, que también podéis pedir ayuda, ¡siempre! Es por eso por lo que yo os arropo con todo mi amor. Yo veo vuestra valentía y vuestra perseverancia, y las valoro. Sentid mi apoyo.

Gracias por vuestra gran receptividad y presencia.



Pamela Kribbe canaliza a la Tierra
Traducción de Laura Fernández
https://jeshua.net/

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