La invocación de los difuntos.

V.B. Anglada


Una actitud muy negativa y antisocial desde el ángulo esotérico y sobre la cual llamamos la atención de los aspirantes espirituales es aquella que concierne a la “invocación de los difuntos”. Cuando una persona fallece y deja el cuerpo físico, hay que dejarla en paz para que goce profundamente de la liberación de las cadenas que le ataban a la materia más densa de la manifestación kármica en aquellos niveles específicos que la ley previsora de la Naturaleza ha dispuesto para tal fin. No hacerlo así es crear karma, y todo aquél que utilice las energías psíquicas de la invocación para atraer con fines de materialización, de comunicación o de contacto las almas de los muertos -tal como vulgarmente se dice- está atentando gravemente contra una sagrada Ley del Creador. “Él todo lo tiene sabiamente dispuesto para el bien de Sus hijos”, tal como puede leerse en ciertos pasajes del “Antiguo Comentario” o “Libro de los Iniciados”.

La salvaguarda del alma después que ha dejado su cuerpo físico no corresponde ya a los seres humanos, a sus deudos, amigos o parientes, por mucho que la amen y quieran ayudarla con sus invocaciones -a menudo potentemente egoístas-, sino que corresponde a la actividad de aquellas benditas Entidades dévicas que esotéricamente llamamos “Los Ángeles de la Luz Resplandeciente”, los cuales acogen al alma desde el momento mismo de la muerte física y después de “romperse el cordón plateado o Sutratma” que la ataba al cuerpo y propiciar “el último suspiro” o aliento vital, la conducen amorosamente a un nivel de quietud en donde descansará o dormirá plácidamente(*), si no surgen impedimentos, para despertarla rápida y oportunamente en el plano astral.

Desdichadamente la labor de estos benditos Ángeles es alterada por los clamores invocativos de los deudos y amigos, los cuales no se resignan a perder definitivamente a la persona con la cual sostuvieron lazos de unión, de amor o de amistad, creando unos vórtices de energía astral de carácter negativo que envuelven al alma y la mantienen “suspendida” en la inseguridad de dos mundos diferentes, el físico y el astral; el astral porque por ley kármica le corresponde y el físico porque desde allí es invocada, suplicada y poderosamente atraída.

Si se tuviese, parapsicológicamente hablando, sólo una ligera noción del sufrimiento moral del alma en estado de “suspensión” entre dos mundos después de producirse el fenómeno de la muerte y se la dejase en paz, quizá el progreso espiritual de la Raza en su conjunto sería mucho más rápido, efectivo y seguro, ya que el sufrimiento engendrado diariamente por las almas de los seres humanos en el mundo que dejaron sus vehículos físicos tras el fenómeno de la muerte y atraídas al plano de las densidades físicas por efecto de las invocaciones, súplicas y demandas egoístas de sus familiares y amigos, forma grandes nubes psíquicas de gran poder negativo que flotan por encima de la humanidad y aumentan el sufrimiento e inquietudes que ya existen normalmente en todas las áreas y ambientes sociales planetarios como un efecto natural del karma de los seres humanos.

Consideramos esotéricamente necesario, en orden a la creación de un nuevo tipo de Antakarana social de aproximación a los valores internos, que se considere el fenómeno de la muerte física como una “liberación” del alma y no como “la desaparición o pérdida” de la misma y que se intente comprender que la Previsión Divina va siempre mucho más allá que las determinaciones humanas y que su sentido profundamente egoísta de considerar las cosas. Así, desde el ángulo netamente espiritual y esotérico, las invocaciones de los difuntos con fines de restablecer antiguos lazos y comunicaciones -tal como desdichadamente se realiza en casi todos los lugares de la Tierra, sean cuales sean las miras, el interés o los deseos con que son efectuadas-, CONSTITUYEN UN ATENTADO CONTRA LA LEY DE DIOS, y así debe considerarse en esta Nueva Era de grandes y fecundas oportunidades espirituales para todos los hijos de los hombres.

Es curioso advertir, sólo como un dato aleccionador de las actitudes contradictorias que suele adoptar el ser humano, que hay personas que hablan constantemente de libertad e incluso participan en actividades sociales con este tan importante lema en el plano físico, pero que, sin embargo, en sus actividades -llamémoslas metafísicas- construyen nuevas prisiones para las almas que se han liberado de la apremiante actividad del cuerpo físico mediante las prácticas de invocación y comunicación “post-mortem”. Hay que considerar lógicamente que habrá un Karma preparado para todos los infractores de las Leyes reguladoras de la Voluntad divina en el alma humana, lo mismo que hay sanciones legales contra aquellos que atentan contra el derecho humano común dentro de un plan organizado de relaciones sociales.


(*) En este nivel intermedio entre el plano físico y el astral, el alma “recopila espontáneamente todos los recuerdos de su vida pasada y los archiva en su cuerpo causal, vía los átomos permanentes mental, astral y físico.


En un capítulo precedente nos referíamos a la existencia de “cascarones astrales”, construidos por efecto de las materializaciones de los cuerpos etéricos de los seres humanos fallecidos, algunos de ellos procedentes de muy alejadas épocas planetarias y que pululan por el Plano astral con apariencias de vida objetiva, pero sin poseer alma espiritual, siendo mantenidos bajo su actual forma por la actividad de ciertos devas de inferior cualidad y vibración, los cuales producen la cohesión de tales vehículos trascendidos e impiden el proceso natural de “desintegración” que lógicamente ha de producirse en todos los Planos de la Naturaleza en donde el ser humano posee vehículos, cuerpos o mecanismos de expresión.

Y tales “cascarones”, o la mayor parte de ellos, son los que normalmente acuden a las sesiones espirituales suplantando a entidades conocidas o construyendo formas parecidas a las de los difuntos invocados cuando hay el suficiente grado de “tensión emocional” en el ambiente psíquico de una reunión espírita y en un plan de espejismo colectivo causa la impresión general de que el alma del difunto invocado se halla presente en el seno de la reunión, cuando la realidad es que la gran mayoría de seres humanos desaparecen completamente del Plano físico a los tres días después de muertos, pasando a habitar sus almas o sus conciencias en el nivel correspondiente del Plano astral, quedando en los niveles etéricos solamente la imagen etérica.

Ésta se va desintegrando del cuerpo que el alma ha abandonado, el cual puede ser vivificado y transitoriamente densificado por efecto de las energías mancomunadas de las poderosas invocaciones de las personas que de una u otra manera estuvieron kármicamente vinculadas con el ser desaparecido y de los devas astrales con poder de sustanciación del éter en el Plano físico.

Este es un asunto muy importante a dilucidar y deberá ser estudiado muy atenta y profundamente por los modernos parapsicólogos introducidos en la investigación de las comunicaciones mediunímicas y de los efectos clarividentes en las personas psíquicas que habitualmente asisten a dichas sesiones, para llegar así en forma progresiva a la comprobación y convencimiento de que la actividad realizada en estas reuniones espirituales con vistas a establecer contacto con los difuntos constituye un fraude o engaño, perpetuado a escala mundial por todos los grupos de invocadores de buena fe, aunque faltos del requerido entrenamiento espiritual y psíquico. Estas actividades, vistas siempre desde un ángulo muy subjetivo y causal, constituyen un formidable freno a la marcha ascendente de la evolución humana y son francamente indeseables dentro de un plan organizado de una nueva ética y de nuevos valores sociales.

Venimos hablando, como ustedes se habrán dado cuenta, desde un punto de vista muy esotérico y no es nuestra intención cargar las tintas, tal como vulgarmente se dice, contra un sector de investigadores de la humanidad cuya tendencia es el mundo astral. Pero debemos reiterar que nuestras afirmaciones provienen de ciertas experiencias realizadas en varios niveles de los mundos ocultos y de nuestros contactos conscientes con Devas de elevada evolución, quienes nos mostraron lo fácilmente que puede ser engañado un ser humano dotado de clarividencia o de otras facultades psíquicas mediante los fenómenos caleidoscópicos que ellos pueden producir en el éter y la facilidad con que pueden crear a voluntad cualquier tipo de forma, aun la más inverosímil, utilizando la fuerza psíquica incontrolada que surge de los ambientes psíquicos del mundo.

Hay, por otro lado, las disposiciones espirituales de la Jerarquía planetaria, la Cual está trabajando muy intensamente por medio de sus Ashramas y grupos de actividad espiritual en el mundo, para contrarrestar las actividades psíquicas que se realizan por doquier mediante la aportación de energías de alta tensión mental, segregada de los discípulos mundiales y de todas las personas inteligentes y de buena voluntad que han comprendido que los momentos cruciales que atraviesa la humanidad podrán ser afrontados y trascendidos si se utiliza la mente en forma creadora, controlando eficientemente las tendencias psíquicas generadas por un excesivo desarrollo del plexo solar. La presión de los tiempos impone unas nuevas leyes reguladoras del destino de los hombres y el desarrollo del centro mental orientado hacia fines de integración y de control emocional que constituye la meta natural de la evolución humana.

El esoterista entrenado -y todos los aspirantes espirituales deberían serlo- investiga solamente fenómenos psíquicos de carácter superior, por cuanto considera que los “efectos del astralismo inferior” han de ser normalmente trascendidos y relegados por efecto de ello bajo el umbral de la conciencia. La Nueva Era impone ciertas leyes de carácter sagrado, algunas de cuyas expresiones son la actividad mental superior y el contacto con el Alma espiritual de los seres humanos.

Estas actividades se inician por el desarrollo del intelecto que abre la visión del campo del conocimiento, se persevera por el suave y sostenido control de las tendencias astrales o psíquicas inferiores -la mayor parte de ellas heredadas de la época atlante- y se culmina en el desenvolvimiento de la intuición, la cual “ampliará las perspectivas psicológicas” del hombre aquí en la Tierra a extremos inconcebibles, permitiéndole adquirir una conciencia cada vez más incluyente del Yo superior o Ángel Solar, liberándole completamente de los espejismos y vanas ilusiones que le mantenían atado a un aciago destino kármico y a la interminable lucha contra toda clase de deseos, esperanzas y temores.

Otra de las ideas que consideramos útiles para el desenvolvimiento de la vida espiritual es la que hace referencia a la relación de los sentidos físicos con las facultades psíquicas, las cuales, tal como analizamos en el primer libro de este Tratado, son una prolongación de tales sentidos, ya que la evolución espiritual de la Raza impone el desarrollo de los sentidos internos existentes en cada vehículo sutil como un sistema natural de percepción y de conocimiento... Esta idea deberá formar indisolublemente parte del equipo de los verdaderos investigadores parapsicológicos para ir reconociendo, por analogía, la calidad de los fenómenos psíquicos observados de acuerdo con ciertos hechos de carácter físico.

Así, los fenómenos de la clariaudiencia, de la mediumnidad y de la clarividencia serán reconocidos como prolongaciones en el nivel astral de las expresiones físicas del oído, del tacto y de la vista, siendo todos los demás fenómenos observados y estudiados desde el plano superior de la mente sólo unas derivaciones de aquellos sentidos que están desarrollándose en los niveles subjetivos, en donde el alma del hombre trata de ser consciente.



Vicente Beltran Anglada

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