Breve resumen de la obsesión.

Allan Kardec


Era un día como cualquier otro, el comienzo de la primavera se perfilaba hermoso, una suave brisa acariciaba la ciudad. Interiormente me había levantado muy bien, agradecido por un día más de vida y sin ninguna enfermedad limitativa en esta bendita Escuela que era la Tierra, para aprender y crecer. Pensaba que cuando otro suave viento tocara mi alma, invitándome a retornar nuevamente a la Patria Espiritual, anhelaba hacerlo con la conciencia en paz, no sólo por dominar mis tendencias negativas como también haber ayudado a plantar alguna semilla de esperanza en otro ser humano. De esta manera, la existencia ya habría sido aprovechada por mínima que fuera, y el crecimiento me habilitaría a poder habitar otros planos más altos, como a cualquier persona que despertó a las realidades espirituales en esta vida, a fin de continuar creciendo y aprendiendo, ya sea en alguna colonia del plano espiritual como espíritu desencarnado y posteriormente renacer con un cuerpo físico en otros mundos más evolucionados para adquirir experiencias diferentes.

Esto último posibilitaría en el transcurso del tiempo regresar si fuese posible a éste planeta u otros parecidos, como muchos lo están haciendo en ésta época de cambios mundiales, transmitiendo sus conocimientos a la Humanidad, anónimos o públicamente aún sin quererlo, para ayudar a las transiciones establecidas por la Espiritualidad Superior, ya que la Fraternidad Universal no tiene fronteras...

Al salir a la calle, el ambiente estaba pesado, la gente apurada, nerviosa, algunos automovilistas con la mirada desencajada y otros gritando que se apurara el de adelante. En realidad esto último me había causado cierta gracia, ya que aunque hubiese querido, el de adelante tenía un semáforo en rojo y gente cruzando por lo que no podría hacerlo, ¡por más que el conductor de atrás continuaba vociferando en voz alta y tocando bocina enloquecido! Pero como si esto fuera poco, ¡los autos que estaban más atrás en la fila, aún sin saber lo que sucedía adelante, también se “prendían” a sus bocinas, descargando sus furias como autómatas imitando lo que ignoraban!

“Imitando –pensé–, creo que es parte del estancamiento mental, falta de lucidez sobre las realidades universales. Cuántas personas “imitan” otras aún sin saber de qué se trata. Muchas hasta “relatan” sucesos de la vida cotidiana o de personas ignorando si realmente los hechos habían sucedido de aquella manera, apenas por lo que escucharon, descargando sus iras; otros más, encolerizados, hasta insultaban un semejante simplemente por haber oído ésa versión sin asegurarse si había sido cierta o no, pero de cualquier manera, todos somos falibles de cometer errores y nadie se merece insultos ni desprecios, menos aun gratuitamente.

Los programas en la televisión “juzgando” a sus semejantes crecían de forma abrumadora, al igual que sus seguidores, que lo utilizaban como tema de debate en sus charlas sociales, tomando partido por uno u otro, defendiendo o atacando a alguien del momento, ignorando todas las manipulaciones organizadas por las industrias de las peleas para tener “rating”... De esta manera se iba instalando de a poco la parálisis mental sobre nuestras realidades cósmicas, transpersonales, obnubilados por temas como supuestos divorcios de “famosos”; si se “copiaban” el mismo vestido algunas actrices; si determinada persona le “quitó” el novio o novia a otra y de esta forma se evitaba que la mayoría pudiera hacer una “incursión” dentro de sí mismo como espíritus inmortales, a fin de conquistar la paz tan ansiada, debido a que la mente continuaba situada en lo frívolo y absurdo, siempre en lo exterior para ignorarse como criaturas a fin de evolucionar y crecer por dentro en el tiempo concedido por la Espiritualidad Superior”.

“¡Tantas imitaciones veía a diario! Nadie se detenía por lo menos un poquito a analizar, discernir, pensar, sólo imitaban, juzgaban, evadiendo así sus propias realidades infelices... Yo no quería ser parte de un conjunto de seres humanos con conflictos interiores que descargaban sus iras y enojos de sí mismos, aunque sea de manera inconsciente, sobre otro semejante, transfiriendo y postergando las responsabilidades interiores, por lo que reforcé más la idea de continuar con la lucha más ardua que todos tenemos, la reforma y crecimiento interior, que inevitablemente nos llevaría a la serenidad y la paz como mundo individual que es cada uno”.

“Somos criaturas que venimos de milenios evolucionando hasta llegar donde estamos ahora, por amor o dolor, en un planeta de transición donde ya se puso un límite a tanta locura generalizada, para que la Tierra ascienda de categoría, pues la ley de Evolución es inevitable, nos guste o no. Cada vez que corregimos o disminuimos alguna tendencia negativa, nuestro entorno mejora y por lo tanto ya estamos contribuyendo a mejorar el mundo. También sabía que se estaba produciendo un exilio masivo de espíritus que por el momento no podrían regresar a este mundo, debido a que perturbarían la nueva sociedad que se estaba formando, y a su vez una legión de espíritus nobles y elevados estaban reencarnando en la Tierra desde diferentes dimensiones y mundos superiores para ayudar a adelantar a las criaturas humanas”.

Más adelante, caminando cerca de la parada de colectivos, había una persona en la fila hablando sola mientras muchos observaban lo sucedido y se miraban sonrientes, cómplices, como creyéndose superiores, ignorando qué la había llevado a semejante estado de desequilibrio mental y muy posiblemente de persecuciones espirituales; otras más, quejándose en voz alta, encontrando por ley de afinidad gente que se unía a sus protestas, ya sea del clima, la economía e incluso algún deporte como “directores técnicos expertos”, potenciándose mutuamente con un desvío increíble de argumentos, buscando “responsables”. Ignoraban que al hablar mal de una persona, emitían energías negativas que le ocasionaban malestares y no sólo eso, por la misma ley de acción y reacción, estas energías, tarde o temprano regresaban al emisor y con más fuerza. Me detuve haciendo de cuenta que miraba una vidriera, algo no estaba bien en todo este panorama...

Oía parejas discutir acaloradamente, gritándose mutuamente pensando que podían llegar a la agresión física, intuyendo que alzaban la voz echándose en cara situaciones íntimas en cuanto observaban discretamente a su alrededor a fin de captar miradas de “apoyo”, lo que invariablemente sucedía. ¿No podían hablarlo en privado y sinceramente? Me pareció que no, y los gritos eran la descarga pública que buscaban, como un escape para no enfrentarse como seres humanos reconociendo los errores de cada uno a fin de corregirse, amarse, unirse, o simplemente buscar la felicidad por separados, amigablemente, debido al orgullo que poseían y vaya saber los intereses que habría de por medio, dejando de lado la dulzura y el amor. Una sociedad distante de lo que había visto en Alcione entre las almas afines.

Al costado y con unas medias en la mano “revoleándolas” para la venta, una mujer iba insultando “al aire”, no obstante verla rodeada de espíritus burlones que la perseguían, imitándola y riéndose a carcajadas, y esto venía de hacía mucho tiempo, eso supuse, en vista de los hilos mentales hacia su sistema nervioso que se habían afianzado, especialmente sobre el córtex cerebral. Para las demás personas ella estaría loca, incluso algunos hasta “la copiaban” y le decían cosas, con risotadas deprimentes de por medio y una falta de respeto increíble, debido a la ignorancia que tenían sobre las leyes espirituales, pero en realidad su sufrimiento era muy grande, ya que había llegado a un punto que no podía controlarse, sino que éstas entidades vengativas, vaya saber si de ésta existencia o de otras, la dirigían.

Había visto muchísimos casos y estudiado en la literatura espírita por diversos médiums que simplemente estas entidades de las sombras potenciaban el punto débil negativo de la persona, por lo que no reaccionar al principio y dejarse estar, sería un síntoma de complacencia con las ideas que les sugerían y las adoptaban como propias, debido a la afinidad de las tendencias mentales de uno con el otro, por lo que no era ajena ni víctima, hasta que ya no pudiese reaccionar por sí misma.

Esta era la manera de cómo avanzaban en las persecuciones espirituales, llamadas en la literatura espírita de “obsesiones”, hasta dominar completamente el sistema nervioso por medio de los fluidos mentales y “enraizarse” desde una mente transmisora, “desencarnada”, en otra receptora, “encarnada”, transmitiendo sus pensamientos al sistema nervioso de la víctima que ya no podía controlar sus reacciones, y ésta la absorbía debido a que una voluntad más fuerte ya había creado su base en el sistema nervioso, dominándolo, en vista que les “había abierto sus puertas mentales”, en vez de rechazar las ideas nefastas con sus fluidos correspondientes y cargas energéticas negativas en sus comienzos, como siempre explicaba el Plano Superior. Para resumir, “ya habían hecho nido en la mente de quien querían perjudicar por aceptación de la misma”.

“El Espiritismo explica de una manera racional la “locura espiritual” u “obsesión” que tiene base en la sugestión mental, justamente para potenciar los puntos débiles de la persona que se complace al principio.

Pero la obsesión tiene 3 etapas:

1) La obsesión simple, donde la supuesta víctima sabe que algo raro está sucediendo porque le vienen pensamientos extraños que no son de ella. En este caso con rechazarlos mentalmente y pedir auxilio a Dios junto al hábito de la oración y pensamientos positivos, el espíritu obsesor se cansa, retirándose, tal como sucede en la tierra entre las personas encarnadas, por haber incompatibilidad vibratoria.

2) La fascinación, en donde la persona ya se dejó dominar, “fascinar” por una idea absurda y todos aquellos que le quieren hacer ver la verdad, son rechazados por la víctima que a su vez es influenciada por el propio obsesor a fin de alejarse de estas personas para aislarla por completo, ya sea sola o colectivamente, en grupos fanáticos que no aceptan una opinión diferente a las suyas. Vemos aquí grupos que se dejan conducir por supuestos “maestros iluminados”, “gurúes” o “ascendidos” que los apartan del resto de la sociedad y hasta de su familia, habiendo casos terribles cuando se quedan con todas sus posesiones y luego los incitan al suicidio masivo. Otros que se dicen “enviados” de Dios y así por delante. Debemos estar muy prevenidos cuando comienzan a pedir dinero y no dejan analizar lo que dicen valiéndonos del sentido común ni hablarlo con otras personas aduciendo que “sólo a ella se le transmitió el secreto”, manipulando los egos y el orgullo de las víctimas, porque lo saben. Luego pasan a la siguiente y última etapa.

3) Subyugación, (posesión en el lenguaje popular), y aquí dominan completamente sus pensamientos, dando las órdenes directas al sistema nervioso de la víctima y ésta actúa como una marioneta, en vista que el pensamiento de ella ya ha sido “interceptado”, “cortado” por otro más fuerte que lo dejó actuar e invadir con el tiempo, complaciéndose del mismo. Aquí ya no se puede controlar, precisa ayuda de terceras personas a través del magnetismo, o fluido terapia, y la oración para separarlos, hasta llevarlo a la obsesión simple y a partir de allí, siempre y cuando pueda salir de este caso extremo, realice los esfuerzos necesarios para cambiar sus hábitos de vida y pensamientos sanos, evitando de esta manera afinidad con estos seres sombríos. Por supuesto que sin invadir el área de la medicina que no nos corresponde, debido a que pasó las etapas previas sin reaccionar debidamente para llegar a esta última.

La mayoría termina en neuropsiquiátricos como dementes, “sedados”, prolongando la agonía del paciente debido a que atacan el efecto y no la causa, pero sabemos el asedio espiritual del que está sufriendo. Sumergido en este mal que afecta no sólo a individuos aislados como también a sociedades completas, recordé una excelente definición de un escritor brasilero que hacía mucho tiempo me había quedado grabada: “En la obsesión simple, el individuo es perturbado por ideas infelices. En la fascinación, lo vemos convencido de ellas. En la subyugación (o posesión) (*) poco importa lo que piensa ya que el obsesor controla sus movimientos, le impone reacciones, gemidos, gritos, desmayos y desvaríos absolutamente incontrolables”.

Por eso no es raro que el siguiente paso sea intentar el suicidio hasta conseguirlo en la mayoría de los casos. Pensaba que cuando la “ciencia oficial” aceptase formalmente las causas de estos estados que la “ciencia Espírita” ya lo confirmó hace más de un siglo, uniéndose hermanados en el ideal de servir al semejante, el mundo cambiaría radicalmente para mejor, intuyendo que no estaba lejos ese momento”.

“Suponía, mientras observaba parado en la vidriera todo lo que sucedía, que tanto las burlas, juzgar, maltratar, agredirse y tantas otras cosas negativas, atraían y podían ser utilizadas también por entidades infelices, potenciándolas para ultrapasar el límite de lo considerado “normal”, hasta que a la persona se le hiciera un hábito “natural”, pero los fluidos oscuros dirigidos hacia sus mentes, en el tiempo realizarían “albergues” con los consecuentes estragos en el córtex cerebral o cualquier punto del sistema nervioso. En todo caso, los pensamientos opuestos, es decir, los positivos, el hábito de la oración y la tarea de vibraciones, eran los antídotos indispensables para que se realice una “incompatibilidad vibratoria” con las entidades de las sombras y por ley de afinidad y sintonía, vibraríamos en una frecuencia luminosa, atrayendo a nuestro Guía Espiritual. Pensé en esos minutos la importancia de las compañías que nos rodeaban en el día a día, algunas inevitables y otras por libre decisión”.

Nuevamente seguí caminando.

La mayoría iba apurada, perdida en sus pensamientos de preocupaciones, como si estuviesen momificadas mentalmente...

Cada tanto me cruzaba con miradas serenas, de aquellas que estaban despertando a otras realidades, se notaba en sus rostros y miradas.

“Mientras observaba todo esto, pensaba que por supuesto el dinero y los objetos materiales, aunque pasajeros, eran muy importantes, pero no podía ser el centro de nuestra vida, porque al no tenerlos o disminuir, produciría angustias, frustraciones y depresiones, creyendo que el universo giraba en torno a todas estas cosas. Lo mismo en el campo de los afectos, no nos pertenecen, no podemos encarcelar a nadie, todo es transitorio y por lo tanto deberíamos aprender a cerrar círculos, pero con amor, sin rencores ni deseos de venganza, demostrando que aprendimos y estaríamos creciendo y madurando por dentro, sin los apegos excesivos que tantos dolores nos causaban”.

Parecía que vivía en otro mundo dentro de éste, más aun recordando la experiencia en Alcione. Contemplando todo esto, agradecía dentro de mí ver el sol nuevamente, la oportunidad de usar mi mente para el bien y poder continuar aprendiendo y creciendo. Nunca me había olvidado lo que el plano espiritual ya me había dicho: “Tu semejante es el puente hacia Dios, no hay otro camino, transítalo agradecido de la oportunidad que te damos de ayudar, como cualquier persona puede hacerlo, pero pocos lo aprovechan”.

(*) El término “posesión” lo transcribimos nosotros para que el lector tenga una idea más acabada del término “subyugación” utilizado en el lenguaje espírita, debido a que otro espíritu no puede ocupar o “poseer” el cuerpo del encarnado como se ve en las películas. En todo caso “controla” y “domina” la mente y sistema nervioso de la víctima imponiéndole su voluntad.
(Nota aclaratoria).


Extracto de Allan Kardec. Entre la Tierra y las Estrellas

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