La energía femenina, la energía prohibida.

Maria Magdalena


Queridos amigos,

Soy María Magdalena, vuestra hermana, vuestra igual y espíritu afín.

Me presento ante vosotros con alegría y, al mismo tiempo, con tristeza. Os amo como una hermana. Veo, particularmente en las mujeres, vuestra lucha y veo la llama que arde en vuestros corazones: la llama del amor, de la pasión y de vuestra honda conexión con cuanto en la Tierra vive y con vuestros semejantes. Yo conozco desde dentro ese profundo entusiasmo y la compasión que laten en el corazón de cada una de vosotras, mujeres sensibles, a la par que dotadas de un enorme poder: una fortaleza interna cimentada y acumulada siglo tras siglo, a lo largo de muchas vidas.

En esta vida actual, está teniendo lugar una aceleración del proceso de maduración e integración, lo que os permite cosechar el fruto de numerosas vidas previas. Hay fragmentos de vuestra alma que quieren fusionarse con vosotros y revelar sus dones y talentos. En la historia de vuestra alma, esta es una época de cosecha. No obstante, esa cosecha tiene un carácter que a veces difiere de lo que vuestra mente humana percibe. Lo que cosecháis de las vidas que habéis vivido en la Tierra —dolor, alegría, picos y valles— es, primero y ante todo, una cosecha interior, una realización interna fruto de la sabiduría vivida que resuena en vosotros como seres humanos terrenales, ya seáis hombres o mujeres.

Habéis venido aquí buscando esa sabiduría humana vivida en carne y hueso. Habéis venido para experimentar esa sabiduría en esta vida actual con la que se completa un ciclo de vidas. Sin embargo, dada vuestra perspectiva socialmente determinada, tendéis a enfatizar los resultados externos. A menudo os fijáis en lo que habéis hecho en el mundo y en su efecto en los demás, y en base a ello juzgáis vuestro éxito y validez, así como la propia misión de vuestra alma. Tenéis una marcada tendencia a considerar los resultados externos, también incluso en el ámbito espiritual, porque es lo que se os ha enseñado. Es el resultado de una visión de la vida excesivamente volcada en el exterior y esencialmente materialista.

Vuestra principal contribución y realización en esta vida será, ante todo, interna, a saber, la del plan de vuestra alma. Estáis finalizando algo en lo que habéis estado trabajando a lo largo de numerosas vidas en la Tierra; algo que haréis en un cuerpo humano con plena consciencia del alma. Por lo tanto, no se trata de trascender vuestra personalidad desarrollando una consciencia más elevada. Al contrario, vuestra personalidad es un valioso instrumento que ha ido poco a poco afinándose con el conocimiento que vuestra propia alma ha ido desarrollando a lo largo de muchísimas vidas y que ahora quiere manifestarse y darse a conocer sutilmente en esta.

Esto repercutirá, naturalmente, en todo cuanto hagáis y afectará a la gente de vuestro entorno, ya se trate de relaciones personales o laborales. Cuando la consciencia del alma desciende tan profundamente, reverbera en la Tierra y en vuestra vida diaria, y entonces difundís una luz especial. Pero no una luz del tipo: «Yo sé más que nadie, así que os voy a explicar lo que está pasando». No. Es una luz de amor, de humanidad compartida y de silenciosa comprensión de los demás.

Esa energía que lleváis en vuestro interior tiene un gran componente no verbal. Podéis visualizarla como el aura de un alma vieja, de un alma sabia y rica en experiencias de vida, y que domina el arte de transmitir energía de manera sencilla. Cuanto más encarnéis el conocimiento de vuestra alma, más os distanciaréis de los modos establecidos de pensar y hacer, así como de las muchas rutinas de pensamiento y preocupaciones que se os han enseñado. Tal y como suele decirse, «fluiréis» con mayor facilidad. Ese flujo de ser es, en realidad, un flujo muy terrenal. Tiene que ver con hundiros profundamente en vuestro abdomen y con conectar con vuestro cuerpo; pero no como si fuera un mero caparazón de materia, sino como un instrumento sagrado, cuya energía viva y fluida preserva su conexión con la Tierra.

Quisiera pediros que primero conectéis con vuestro cuerpo y que lo abordéis como si fuera un río: un campo energético fluido y dinámico, rebosante de colores, movimiento y energías. Sentidlo como tal en este momento. Imaginad que vuestro cuerpo es un río y sentid que el agua os recorre de la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza. Observad si hay algún lugar en el que la corriente esté revuelta o agitada; un lugar de vuestro campo energético donde el agua —vuestra energía— fluya de manera irregular o turbulenta. Luego, enviad luz a ese lugar: la luz de una visión clara y de un conocimiento lúcido.

Preguntaos: «¿Qué necesita ese lugar, desde un punto de vista energético, para recuperar su equilibrio y serenarse?». Quizás imaginéis en forma de color, sentimiento o símbolo lo que podríais llevar a ese lugar. Preguntaos de nuevo: «¿Hay algo que yo pueda hacer para generar paz en ese lugar —calma y tranquilidad?». Dejad que la respuesta se os presente como un conocimiento intuitivo —no tiene por qué expresarse en palabras. Conectad con ese conocimiento interior que tenéis tan cerca, pues, de hecho, sabéis.

¿Notáis la consciencia de vuestro cuerpo? En él encontraréis respuestas con mucha mayor rapidez que pensando. Cuanto más fácilmente fluís en esa corriente, más sabéis que sabéis, sin pensar. Y esa es una sensación muy agradable, porque entonces desaparecen todos esos ruidosos pensamientos y, también, esas emociones inquietas. Así pues, sentid ese punto en vuestro interior en el que sabéis que sabéis —donde se entrelazan silencio y conocimiento. En el campo energético de vuestro cuerpo existe un conocimiento interno silencioso que está conectado a la Tierra, por lo que también está firmemente enraizado y no es inestable ni impulsivo —se basa en cimientos sólidos.

Es de suma importancia que la sabiduría o el conocimiento estén bien cimentados. Aunque pueda haber sabiduría en muchos círculos espirituales o teorías, lo que realmente se necesita es gente que irradie una sabiduría encarnada para poder transmitirla de verdad. Uno puede comunicar teorías espirituales o conocimiento desde la mente, pero ese conocimiento no produce entonces el efecto deseado, si es que produce efecto alguno; puede, incluso, generar confusión. Lo que cuenta siempre es la calidad de la corriente subterránea, de lo que fluye en las profundidades por debajo de lo mental.

Antes fuisteis a ese lugar de vuestro campo energético en el que el agua fluye revuelta y turbulenta, y le llevasteis paz. Os voy a pedir ahora que vayáis a algún lugar de vuestro campo energético donde la energía se haya detenido sin más, donde el agua esté represada de tal manera que ha quedado estancada; un lugar en el que se necesita movimiento. Comprobad si sentís en vuestro campo energético algún lugar más bien muerto y sin apenas movimiento. Tomaos el tiempo necesario. Adentraos en vuestro abdomen y respirad profundamente. Observad si hay algún lugar que os llame: un lugar escondido en las sombras y un poco alejado de vuestro campo de visión habitual. Quizás también haya tristeza, pues se trata de un lugar abandonado, de una parte vuestra que no veis ni reconocéis. ¿Quién o qué hay ahí? Podéis imaginar que hay una mujer, una parte vuestra que nunca ha podido dejarse ver completamente, una parte que ha sido ocultada o prohibida —hay en vuestro interior una mujer prohibida. ¿Quién es? ¿Podéis verla? ¿Sus ojos, su cuerpo, su estatura?

Hombres y mujeres vivís bajo tensión, padeciendo los efectos de una supresión de la energía femenina original y auténtica. Una energía que profundiza, conecta e intuye, y que está vinculada al tercer ojo, a la capacidad de ver a través de las cosas. Esta energía del tercer ojo pertenece a la mujer prohibida. Es la energía de una sabiduría penetrante que desvela las cosas como son. Es también la energía de la conexión profunda, de los sentimientos de unos por los otros. Y es la energía del liderazgo basado en la conexión. Esta energía tiene que ver con la capacidad visionaria y la de conectar con el futuro y con las potencialidades que quieren realizarse en la Tierra, pero no mediante el pensamiento, sino mediante la intuición, la imaginación interna. Todo lo descrito son cualidades femeninas que han ido perdiéndose por el camino.

Todos vosotros anheláis vuestra propia esencia. Tanto hombres como mujeres ansiáis una mayor conexión interna, y eso tiene que ver con la supresión de la energía femenina. Esa es la conexión profunda que buscáis tanto en las relaciones laborales como personales. No la buscáis solo en la intimidad física, en una relación sexual, sino también en el trabajo, en vuestra creatividad. No son ámbitos separados. Cada uno de vosotros está, fundamentalmente, buscándose a sí mismo con el fin de poder experimentar y mostrar en la Tierra ese «sí mismo» en todos los aspectos de vuestra vida.

También ahí hay una profunda herida, pues esa energía y la capacidad de experimentaros a vosotros mismos y de mostraros en la Tierra están prohibidas. Sin embargo, en vez de pensar en ello, os pido que establezcáis una conexión energética con esa mujer proscrita de vuestro interior, que la percibáis en determinados lugares del cuerpo, que la reconozcáis y le deis la bienvenida. Porque, recordad: vuestra misión interna es acogerla en vuestra vida; reconciliaros con ella, reanimarla en vuestra vida. No se trata de que cambiéis el mundo, se trata de vosotros. Se trata de lo que sentís que estáis llamados a hacer, esto es, redimiros y recuperar vuestra plenitud.

¿Qué es lo que necesita de vosotros? ¿Cómo lograr que la vida, el agua, fluya por ella? Comprobad qué color, energía, sentimiento o cualidad se necesita en ese lugar. En general, tiene que ver con atreveros a experimentar plenamente esa parte vuestra y con el valor de integrarla, de afirmaros en la vida desde esa cualidad. Estos son tiempos de cambio y, en ese sentido, «el viento sopla a vuestro favor» en esta vida. Sentid el poder de la Madre Tierra. En última instancia, su poder es mucho mayor y resiliente que el de la humanidad en su conjunto. Sabed que la naturaleza está de vuestro lado —sentíos a salvo en la Tierra.

Os saludo a todos y estoy conectada con cada uno de vosotros —nunca estáis solos. Estáis conectados con espíritus afines y sois profundamente amados. Muchas gracias.


Pamela Kribbe canaliza a María Magdalena
Traducción de Laura Fernández

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