La Historia del Universo. (Un relato escrito por Melquisedec) 3/3

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Capítulo 5

Dios revela los efectos de la caída y el Plan de Redención. El doloroso sacrificio del cordero, un símbolo del Salvador. Se proveen las vestiduras prometidas. El Creador será el Hombre que los salvará. En la pareja se intensifica el amor y gratitud hacia el Salvador. Estremecimiento de las huestes malignas ante la intervención del Eterno y la revelación del Plan de Rescate. El Eterno acompaña a la pareja fuera del jardín. Satanás intenta de nuevo apoderarse del ser humano enfrentándolos con furia, pero es repelido por Dios, y sus amenazas silenciadas. Malas consecuencias de la ciencia del bien y del mal. La fe del hombre en las verdades reveladas de la redención. El Eterno, compañero del ser humano en su jornada sobre la tierra. Naturaleza del Creador respecto a la guerra. El trabajo edificante contraataca muchos ataques de Satanás. Revelaciones recibidas al construir el altar. Dos mundos reflejados en la naturaleza caída. Un cordero inmaculado guiado y preparado por Dios. En el sacrificio se muestra una representación del conflicto entre el bien y el mal. La llama encendida, símbolo del perdón divino. La naturaleza, aún en su estado caído, revela el Plan de Redención.


1. Después de contemplar a Sus hijos que, arrepentidos, yacían a Sus pies, el Eterno los tomó cariñosamente por las manos y los levantó. Se alegraba en poder revelar al hombre caído el plan de la redención. Con ternura, Dios comenzó a descubrirles primeramente los amargos resultados de su caída, diciendo: "Hijos, vosotros sellasteis el destino de toda la creación en las garras de la muerte. La desarmonía ya penetra la naturaleza, procurando destruir en ella todas las virtudes.

2 El abismo en el cual vosotros os sumergisteis por la desobediencia es por demás profundo para que podáis ser alcanzados por mi poderoso brazo. Así, desligado de la Fuente de la Vida, no resta más al ser humano otra suerte más allá de la muerte." Después de pronunciar estas palabras que revelaban una triste suerte, el Eterno invitó a la pareja a seguirlo. Cabizbajos, Adán y Eva, en llanto, siguieron al Creador en Sus pasos de justicia, que los encaminaba al lugar de la vergonzosa caída, donde suponían encontrar el doloroso final.

3 En esa dolorosa caminata, sollozaban al recordar su pasado de gloria deshecho por la ingratitud. ¡Como les dolía en el alma la terrible expectativa de ser reducidos, juntamente con la creación, a frías cenizas bajo la oscuridad de aquella noche de pecado! Mientras caminaban, contemplaban a través de las lágrimas las bellezas adormecidas bañadas por la luz de Dios. Veían a los inocentes animales, que no tenían conciencia del gran dolor. Súbitamente, la pareja se detuvo, vencida por intenso llanto; sus vacilantes pasos los había llevado junto a un cordero, el animalito más querido.

4 ¡¿Sus ojitos de dulzura también se habrían de apagar?! Secándoles las lágrimas, el Eterno les ordenó tomar en los brazos al inocente cordero. Envolviéndolo junto al pecho, acompañaron silenciosos los pasos del Creador, hasta alcanzar la cúspide del monte Sión, lugar de la vergonzosa caída. Contemplando allí los restos de los rubros frutos, con ímpetu les vino a la mente el recuerdo de la sentencia divina: "En el día en que de él comiereis, ciertamente moriréis." El terrible momento había llegado. El hombre culpable debería beber el amargo cáliz de la muerte, sucumbiendo sin esperanza.

5 Consciente de su perdición, la pareja percibió, con horror, que las manos que les habían traído a la vida empuñaban ahora un cuchillo puntiagudo de piedra. Temblorosos, se postraron y esperaron por el cumplimiento de la justa sentencia. Mientras enmudecidos por el miedo, Adán y Eva esperaban el golpe que los reduciría a polvo, sintieron el suave toque de las manos divinas que los levantó hacia una nueva vida. La condenación, sin embargo, habría de recaer sobre un substituto.

6 Colocando en las manos de Adán el cuchillo, el Creador le dijo: —El cordero morirá en lugar de vosotros. — Adán debería sacrificarlo. Asustada ante la orden de Dios, la pareja, en llanto, se puso a clamar: — ¡Señor, el corderito no, el es inocente!— Con expresión de justicia, el Eterno agregó: — Si el no muere, vosotros no podréis tener las vestiduras de las cuales hablé. — Ante la insistencia del Creador, Adán, todo tembloroso, en un esfuerzo doloroso, clavó en el pecho del corderito aquella aguda piedra. El golpe fue fatal, y el animalito, vertiendo su preciosa sangre, se sumergió en las tinieblas de una noche sin fin.

7 Contemplando al corderito inerte sobre la hierba ensangrentada, la pareja elevó la voz y lloró. Comenzaban a comprender la enormidad de su tragedia. ¡Cuan terrible era la muerte! Ella, en su poder, había apagado toda la luz de los ojos del inocente animal. Inclinándose silente sobre el cuerpo inerte del cordero, el Eterno removió la piel revestida de blanca lana y con ella hizo túnicas para cubrir la desnudez de la pareja. Después de vestirlos les preguntó con cariño: — ¿Vosotros entendisteis el sentido de todo esto? — En profunda reflexión, por entre sollozos de reconocimiento y gratitud, la pareja exclamó: — ¡El murió en nuestro lugar, para darnos sus vestiduras! —

8 Adán y Eva, aunque habían comprendido aquella realidad física, estaban lejos de entender el significado de aquel acontecimiento. A ellos el Creador revelaría el misterio del divino amor. Con expresión de infinita misericordia, Dios comenzó a revelar al ser humano el sentido de aquel doloroso sacrificio, diciendo: El inocente corderito, que hoy padeció, simboliza a un hombre que habrá de nacer. En sus ojos habrá la misma ternura, el mismo amor. Revestido por una vida justa, como la blanca lana que cubría al cordero, ese hombre crecerá como un renuevo sobre la Tierra, no teniendo en las manos las ataduras del pecado. En su apariencia, ese hombre no traerá la pompa de un rey, por eso será despreciado por muchos.

9 Será un hombre de dolores, pues caerá sobre sí el peso de todas las provocaciones. En su fidelidad al reino de la luz, ese hombre luchará contra el enemigo usurpador, venciéndolo finalmente. Después de triunfar en sus luchas, tomará sobre sí la carga de vuestra condenación que le causará una terrible muerte. Él será traspasado por causa de vuestra rebelión y molido por vuestras iniquidades. Será oprimido y humillado, más no abrirá su boca, como el corderito que hoy se entregó pacíficamente. Sucumbiendo en la muerte, él os concederá los méritos de su victoria. Envueltos por sus vestiduras de justicia, estaréis libres de la condenación.

10 La vida eterna alcanzaréis así, mediante el sacrificio de ese hombre justo que habrá de nacer. Adán y Eva, que en una mezcla de gratitud y dolor escucharon la revelación de tan grande salvación, indagaron reverentes al respecto de ese hombre especial que en su descendencia habría de surgir, a fin de cumplir tan inmenso sacrificio. El Creador, mirándolos tiernamente, movido por un amor que supera la misma muerte, los envolvió en un cariñoso abrazo y reveló: — ¡Yo seré ese Hombre!—Sorprendidos ante la declaración del Eterno, Adán y Eva estuvieron inmóviles, mientras que contemplaban Su tierno semblante.

11 Comprendiendo el significado del tremendo sacrificio, se postraron a Sus pies y con lágrimas clamaron: — ¡Nosotros somos merecedores de la muerte Señor, más Tú eres inocente y no debes sufrir en nuestro lugar!— Secándoles las lágrimas, el Eterno con ternura les habló: —Hijos míos, Yo les amo con un eterno amor. Yo moriré en lugar de vosotros. — Ante esta confirmación, la pareja elevó la voz en una lamentación dolorosa. Decían: — ¡Nosotros matamos al Creador! ¡Nosotros matamos al Creador!— Mas Dios comenzó a consolar a la pareja con palabras de esperanza, diciendo: —Después de beber el cáliz de la eterna muerte, Yo retomaré la vida y subiré al cielo.

12 Intercederé allí por el hombre perdido, concediendo a todos aquellos que, arrepentidos, aceptaren mi sacrificio, las vestiduras de mi victoria. Juntos, triunfaremos finalmente sobre el reino del pecado que se deshará en cenizas bajo nuestros pies. Crearé entonces un nuevo Cielo y una nueva Tierra, donde únicamente la justicia y el amor reinarán. Viviremos así para siempre, en un reino de perfecta armonía y paz. — El Creador, que acompañado por la pareja permanecía todavía sobre el monte Sión, concluyó Sus revelaciones diciendo:

13 "El jardín del Edén estará ahora vacío. El ser humano, durante la larga noche de pecado, vagará en su exilio. No andará, sin embargo, solo: el Eterno, también peregrino, pisará con el hombre todo el camino espinoso, hasta poder juntos subir al monte perdido, triunfando gloriosamente sobre el reino de la muerte. El árbol de la ciencia del bien y del mal monumento de la rebeldía será entonces deshecho, dando lugar a un árbol glorioso que, uniendo su copa al árbol de la vida, se tornará en el arco conmemorativo de la gran victoria. Sobre el santo monte redimido, reposará entonces para siempre el trono universal, que por los fieles triunfantes será llamado: el trono de Dios y del Cordero."

14 Adán y su compañera, después que oyeron palabras tan confortadoras y llenas de esperanza, elevaron la voz en un cántico de gratitud y alabanza. Conocían ahora el infinito amor de su Creador y estaban dispuestos a servirlo. Después de consolar a la pareja, Dios los llevó hacia fuera del Edén. No les fue fácil despedirse de aquel precioso hogar; allí habían despertado a la vida en los brazos del Eterno; allí disfrutaron momentos de felicidad pura, en compañía del Creador, de los ángeles y de los dóciles animales. Una nostalgia infinita parecía envolver a la pareja en sus pasos de abandono. Fue con espanto que Satanás y sus súbditos presenciaron la intervención del Eterno.

15 Fueron sacudidos ante la sorprendente revelación del plan de rescate. Con rabiosa frustración, comprendieron que, si de hecho la promesa divina se concretizase, no restaría ninguna esperanza. Después de considerar sobre todo lo que había acontecido, una gran ira se apoderó de su corazón. No estaba dispuesto a reconocer la redención del ser humano. Haría todos los esfuerzos por retenerlo, juntamente con el reino que le había sido entregado. Cuando la pareja, acompañada por el Creador, alcanzó el valle herido por la muerte, amanecía. Allí Satanás los enfrentó con furia, en un intento de apoderarse nuevamente del ser humano.

16 La pareja estuvo temblorosa en la faz del enemigo, pero las manos protectoras de Dios los calmaron. Expresando en el semblante la firmeza de una justicia que es eterna, el Eterno silenció las amenazas del enemigo con las siguientes palabras: "El ser humano me pertenece, pues Yo lo compré con mi sangre". Al caminar en silencio junto al Creador, Adán y Eva observaban con tristeza las señales de la muerte estampadas en aquella naturaleza antes tan llena de vida. Las bellas flores, que habían desbotonado para exhalar aromas eternos, pendían ahora marchitas; ¡los pajarillos, que con alegría los saludaban en cada amanecer con sus trinos, volaban ahora distantes, haciendo sonar tan tristes cantos! Todo estaba cambiado en la naturaleza.

17 La ciencia del bien y del mal no había traído ningún bien al Universo, sino un intenso conflicto espiritual y físico. Ante las consecuencias devastadoras de su caída, la pareja, vencida por una inexpresable tristeza, se postró arrepentida y lloró amargamente. Dios, que también compungido por el dolor contemplaba el escenario desolador, procuró, con palabras de esperanza, confortarlos. Les habló sobre el nuevo Cielo y la nueva Tierra que un día crearía, donde la paz y el amor volverían a reinar en cada corazón. Allí vivirían siempre juntos, no trayendo en la frente las marcas de la tristeza, sino coronas de eterna victoria.

18 Allí secaría las lágrimas de sus rostros y estas jamás volverían a humedecer sus ojos. Amparando a Adán y a Eva en sus pasos, el Creador los condujo a través de un valle herido, hasta alcanzar el pie de una colina. La subieron en lentos pasos, mientras intercambiaban palabras de ánimo y esperanza. Sus pies alcanzaron finalmente el suave césped que cubría la cima espaciosa de aquella colina. Era sobre aquel lugar que la pareja veía a cada día el sol declinar, bañando el cielo y los valles de un rojo vivo, como la sangre que había chorreado del pecho del cordero.

19 Volviéndose hacia el lado oriental, la pareja, en una mezcla de dolor y nostalgia, contempló a lo lejos los paisajes que los envolvieron en aquel pasado tan feliz. Al divisar el monte Sión, que majestuoso se elevaba en medio del Edén, lloraron al acordarse de la caída. ¡Cuán débiles habían sido! El sol declinaba en su jornada, anunciando la llegada de una triste noche más — la primera fuera del paraíso.— En un calmado gesto, el Eterno, mostrándoles el valle sobresaliente de la colina, les habló con cariño: "Aquí será vuestra provisoria morada. Desde aquí podréis contemplar el paraíso que por algún tiempo permanecerá en la Tierra, hasta ser recogido a su lugar de origen, en el seno de la Jerusalén Celestial.

20 Allí, protegido por la justicia, aguardará el amanecer de la victoria. Cuando ese gran día llegue, regresaremos juntos a Sión, donde seremos coronados en gloria, en un reino de eterna felicidad y paz". Después de decir estas palabras, Dios ordenó a la pareja que construyesen en aquel lugar un altar de piedras, sobre el cual cada semana, en la noche que antecede al sábado, deberían inmolar un cordero, en memoria de Su Sacrificio.

21 Como señal de Su presencia, y para la certeza de que sus pecados serían perdonados, Él encendería un fuego sobre el altar, el cual duraría toda la noche, hasta consumir por completo la ofrenda del sacrificio. Para que el ser humano pudiese afirmar su fe sobre las verdades reveladas, y no en la manifestación visible de la persona del Creador, Él habría de permanecer invisible desde aquel momento en adelante. Solamente en ocasiones especiales, cuando se hiciese necesario Su aparición o la de ángeles para nuevas revelaciones y advertencias, esto ocurriría. Contemplando a Sus hijos entristecidos en aquel momento en que serían dejados aparentemente solos.

22 El Eterno les dijo con amor: "Hijos, aunque vosotros tengáis que permanecer en este ambiente hostil, no precisáis temer, pues Yo permaneceré al lado de vosotros. Seré un compañero amigo en esta jornada; llevaré sobre mis hombros vuestros dolores, vuestros anhelos, vuestras luchas. Cuando, tentados por el enemigo, estuvieren a punto de ceder, podrán encontrar abrigo en mis brazos, que siempre estarán extendidos para salvarlos y, si algún día vosotros no resistiereis, y por la furia del enemigo fueseis arrastrados hacia las profundidades del abismo, no os desesperéis creyendo no tener esperanza, pues Yo estaré allí para acudirlos con mi perdón y fuerza.

23 Tengan siempre en mente el significado de las vestiduras recibidas de mis manos, pues ellas hablan de la redención que al hombre pertenece. Descansen hijos míos, en mis brazos de amor." Después de consolar a la pareja con estas promesas, el Creador, viendo que estaban soñolientos por el cansancio, los hizo reclinar en Su regazo y, como de costumbre, los acarició dulcemente hasta adormecerlos. Al verlos olvidados en su sueño, Dios lloró al prever el sufrimiento que experimentarían al despertar. Con el corazón partido por el dolor causado por aquella separación física, el Creador dejó a la pareja dormida sobre la hierba, después de besarles los rostros ya marcados por el sufrimiento.

24 Su luz se disipo al tornarse invisible, dando lugar a las tinieblas de aquella primera noche fuera del paraíso. En el subconsciente de la pareja comenzaron a desfilar sueños coloridos de un pasado feliz. Se encontraban una vez más en medio las bellezas del Edén, saciados por una alegría eterna. Agradecidos por la vida, corrían por los campos floridos, jugando con los animales. Con felicidad unían las voces a los ángeles en los armoniosos cánticos en alabanza al Creador. Tantas escenas lindas desfilaban en su subconsciente, pero esos sueños se tornaron pesadillas, haciéndoles revivir su tragedia.

25 Agonizantes despertaron en medio de la oscuridad de aquella primera noche en el exilio. No consiguiendo conciliar el sueño, la pareja permaneció en llanto hasta ser consolados por el amanecer que les reveló a lo lejos el nostálgico paraíso. Dios, aunque invisible, permanecía al lado de Adán y Eva allí en la colina. El sufrimiento de ellos era Su sufrimiento, como también la esperanza de que un día retornarían victoriosos a Sión. Ante la mirada contemplativa del Creador, se revelaba el futuro sombrío de la humanidad. Con pesar, veía incontables criaturas pereciendo sin salvación, por rechazar Su amor. Lágrimas mojaron Su rostro, al prever al enemigo empleando toda astucia a fin de retener a los seres humanos bajo su dominio.

26 Larga sería la noche del pecado, y reñida la batalla por la reconquista del reino perdido. El triunfo de la luz requeriría de parte de Dios un sacrificio inmenso. En la persona del Mesías, a su tiempo, él nacería entre los hombres, con la misión de pagar el precio del rescate. Por medio de Él muchos serían liberados de las garras del enemigo: todos aquéllos que Lo aceptasen como Salvador y Rey. Contra ésos elegidos, el enemigo arremetería todas las fuerzas procurando hacerlos caer. En su visión del futuro, el Creador contempló con alegría el triunfo final de los redimidos.

27 Habían sido extremadamente probados, mas en todo fueron más que vencedores por medio de Aquél que los redimió de las tinieblas hacia el reino de la luz. Después de antever los sufrimientos que se derivarían de la gran lucha, el Eterno extendió la mirada por las planicies cautivas, contemplando allí a las huestes rebeldes dispuestas para la lucha. El objetivo de esos ejércitos, era apoderarse nuevamente del ser humano, en el cual estaba sellado el derecho de dominio sobre el Universo. Contrario a la naturaleza del Creador es la guerra, mas para la defensa de Sus hijos, estaba dispuesto a utilizar Su poder.

28 Su fuerza, sin embargo, solamente sería utilizada con justicia. Si el ser humano rechazase esa protección ofrecida mediante el sacrificio del Mesías, Dios nada podría hacer para impedir que él mismo pereciese en las garras del enemigo. Adán y Eva, sin embargo, se habían arrepentido de su gran pecado, recibiendo por la misericordia de Dios vestiduras de salvación, simbolizadas por las pieles del cordero sacrificado. Justificado por la entrega de la pareja, el Eterno convocó a Sus poderosos ejércitos para la pelea. En pronta obediencia las huestes de la luz irrumpieron por el espacio sideral en dirección a la Tierra, circundando cual fuerte muralla la colina, portadora de aquel tesoro redimido por la sangre del divino Rey.

29 Al ser humano le fue conferido en el Edén el deber de cuidar de la naturaleza: preparaban canteras para las flores; cosechaban frutos para manutención; dirigían a los animales en su inocente vivir, adiestrándolos para que les fuesen útiles. Esas ocupaciones habían sido para ellos fuentes de desenvolvimiento y placer. Ahora, a pesar de las adversidades, deberían continuar realizando ese deber. El trabajo en sí, realizado según las órdenes del Creador, ya anularía muchos ataques del enemigo. Las primeras ocupaciones de la pareja en aquella mañana, les trajo revelaciones del gran amor de Dios, hasta entonces desconocidas.

30 Al reunir las piedras para la construcción del altar, experimentaron el dolor de heridas que chorreaban sangre, como también la fatiga que hacia emanar sudor. Sintiendo y contemplando todo en la propia carne, amaron más al Salvador, para quién el altar construido prefiguraba heridas mayores, que verterían toda Su sangre, como también fatigas que minarían toda la salvia de Su vida. La mirada de nostalgia y de esperanza de la pareja de ahora en adelante, jamás se posaría en el Edén distante, sin discernir primero el altar de los sacrificios.

31 Ese altar, con sus manchas de sudor y sangre, permanecería como una remembranza del dolor y del sufrimiento que, después de humedecer los labios de los seres humanos, transbordaría en la copa del Creador. Después de contemplar por largo tiempo el paraíso de la vida eterna que se extendía mucho más allá de aquel altar oscuro de muerte, la pareja experimentó el dulce alivio del descanso. Deseosos de conocer los paisajes de su nuevo hogar, Adán y Eva, animados por la esperanza, salieron a pasear.

32 Sus pasos los conducían por caminos de sonrisas y de lágrimas; de encantos y desilusiones; de flores que delicadas desabotonaban, bañadas en perfume, y de flores despetaladas, tumbadas marchitas y sin olor; de animales todavía dóciles y sumisos y de animales enemigos, feroces y amenazadores. La pareja discernía en su paseo las divisas de dos mundos: el de la luz y el de las tinieblas; del amor y del egoísmo; de la esperanza y del desespero; de la armonía y de la desarmonía; de la vida y de la muerte. Esa visión les llenó de tristeza y lloraron largamente. Esa tristeza aumentaría todavía más en el futuro, cuando descubriesen la profundidad de esas divisas en el seno de su descendencia.

33 Seis arreboles ya habían coloreado los cielos anunciando a la pareja las noches oscuras y frías que con su manto de tinieblas deshacían todas las imágenes vivas, menos la esperanza de volverlas a ver coloridas en el amanecer de luz. Se acercaba ahora la hora del sacrificio, cuando el rudo altar, abrasado en su justicia clamaría por sangre. Si no le ofreciesen la ofrenda, explotaría con certeza, envolviendo todo el mundo con sus llamas; Ya no habría entonces amanecer, ni esperanza de Edén a florecer.

34 ¡Cuán preciosa es la sangre! ¡Sangre es vida; vida es luz! ¡Para un ser aquella noche se tornaría eterna, sin amanecer! Ese ser debería asumir la culpa de todo el mundo, dando su sangre al rudo altar. ¿Quién se ofrecería? ¡¿Quién vertería la salvia de la vida, hasta ver el último destello apagarse en su cielo?! Adán y Eva después de reflexionar por largo tiempo, contemplando la cuna de la muerte construida por sus manos, se miraron inquietos con esa pregunta decisiva: ¿Quién se ofrecerá? Esa indagación nacida de su culpabilidad, hizo vibrar en lo profundo de sus remembranzas la voz del bendito Creador en Su revelación de infinita bondad: — “Yo los amo con un eterno amor; Yo moriré en vuestro lugar ". —

35 Agradecida, la pareja se postró reverentemente ante el sediento altar, viéndolo por la fe, saciado por el don del eterno amor. En aquella tarde del sexto día, Dios sometía al ser humano a una tremenda prueba de fe. Ellos tenían delante de sí el altar de piedras, construido conforme a la orden divina, mas no había ninguna oveja para el sacrificio. En su anhelo, se acordaban del Edén, donde había muchos rebaños. Al ver el sol caer en el horizonte, Adán y Eva comenzaron a clamar a Dios por socorro, pues sabían que solamente un milagro podría providenciarles, en aquel último momento, un cordero para el sacrificio.

36 A los ojos de los habitantes del Universo, el gran milagro por el cual el ser humano clamaba, ya se procesaba a casi una semana: Guiado por el Creador, un inmaculado cordero había dejado el Edén y seguido los rastros de la pareja en su caminata hacia el exilio. En su larga jornada, ese animalito tuvo que enfrentar muchos desafíos y peligros, mas protegido y guiado por el Eterno proseguía en su misión. Cuando las sombras del anochecer comenzaron a envolver la colina, la pareja que vivía tan dura prueba de fe, discernió un puntito blanco que saltaba en el césped viniendo en dirección a ellos. A medida en que se aproximaba, aquel bulto parecía hablar de esperanza, de vida y calor.

37 Al ver que el gran milagro había acontecido, corrieron al encuentro del cordero, envolviéndolo en los brazos. Él estaba fatigado, mas no descansaría: daría descanso. Estaba sediento, mas no bebería: daría de beber al altar que clamaba por sangre. Aquel cordero tenía voluntad de vivir en los brazos del hombre, mas moriría, para que éste pudiese vivir en los brazos de Dios. Era un perfecto simbolismo del Redentor que dejaría Su gloria, viniendo en búsqueda del pecador. Las tinieblas de una noche prefigurativa más bajaron lentamente envolviendo toda la naturaleza en su prisión.

38 Su fuerza, sin embargo, sería abatida delante del ser humano, por el brillo de un fuego especial, encendido por las manos del perdón divino sobre el cuerpo sin vida del inocente cordero. Todo estaba preparado para el doloroso golpe: acto que apagaría de aquellos ojitos dulces el último destello de vida, sumergiéndolos en la fría oscuridad de una eterna noche: oscuridad que generaría luz; frío que generaría calor; muerte que generaría vida — dones inmerecidos; — frutos del divino amor ofrecidos a las manos pecadoras, prestas a herir. En medio de la silente noche el altar clama; el hombre triste exclama, mientras el cordero, mudo, no reclama al ser extendido para la muerte. Las manos que construyeron el altar se levantan ahora, no para acariciar como antes, sino para herir, sangrando el precio del perdón.

39 Solo un gesto, nada más, y el destello se apagará para siempre de los ojos inocentes, haciendo brillar en la faz culpable la luz de la salvación. Adán, temblando duda en compasión. En el corderito manso y sumiso, presto a morir en su lugar, ve al Salvador prometido. Con el corazón arrepentido, en un esfuerzo doloroso, clava el cuchillo de piedra en el pecho del animalito que perece en sus manos sin siquiera dar un gemido. El poder de la noche inmediatamente es abatido por el brillo del fuego de la aceptación. Su luz revela al ser humano su trágica condición: Viendo las manos manchadas por la sangre inocente, la pareja se siente culpable por aquella muerte.

40 En llanto se arrodillan ante el altar que ya no les reclama sangre, sino ofrece luz, aceptando el inmerecido perdón. Levantándose, la pareja contempla demoradamente el cuerpo herido del pobre corderito, sin poder agradecerle por la riqueza concedida a cambio de su tan rudo golpe. Bañados por la suave luz del sacrificio, Adán y su compañera permanecen silentes a meditar, hasta ser vencidos por un profundo sueño. Recostándose en el suelo cubierto de hierva suave, adormecen dulcemente bajo los cálidos rayos del perdón, seguros de que su brillo y calor perdurarían hasta ser las tinieblas de aquel sábado desvanecidas completamente por el fulgurante sol.

41 La luz del cordero, desde que fue encendida sobre el altar en aquella noche, permanecía en constante guerra con las tinieblas. En varias veces crecía en brillo ahuyentando a lo lejos la fría oscuridad, bañando la naturaleza con sus rayos de vida. En veces, las tinieblas trayendo su viento frío, casi arrancaban por completo la llama. Esta, sin embargo, en un gran esfuerzo se alimentaba de la sangre del cordero, lanzando a lo alto su ardiente llama, inundando de luz y calor todo aquello que había alrededor.

42 El conflicto entre la luz nacida del sacrificio y las tinieblas en aquella noche, descubría a los fieles del Universo muchas lecciones importantes — verdades que ocuparían sus mentes por toda la eternidad. — En aquella llama, ya fuere ardiente en su brillo, ya fuere fustigada por los vientos de la noche, los fieles veían una representación del conflicto milenario entre el bien y el mal; conflicto que sin tregua se extendería hasta el amanecer eterno. El Eterno, en prenda de Su futuro sacrificio, había encendido en medio de las tinieblas, la luz de la verdad, y esa sería mantenida encendida en el corazón del ser humano, en virtud de Su sangre que sería derramada para remisión de la culpa.

43 Contra esa luz, el enemigo arremetería todos los vientos fríos de la maldad, desterrando del corazón de muchos su dulce brillo. ¡Cuántos yacerían perdidos por rechazar la luz del perdón divino, siendo envueltos por las tinieblas de la oscura noche! Después de largas horas de combate, surge en el cielo las señales del amanecer. La oscuridad que con ira había lanzado sus vientos sobre la llama que no muere procurando desterrarla, se torna confusa ante las señales del amanecer. El cielo teñido de un rojo vivo, hace recordar la sangre que había brotado del pecho del cordero para que la llama del perdón pudiese iluminar la noche humana.

44 En medio del colorido de sangre, surge en el horizonte el fulgurante sol, trayendo en sus calientes rayos el sabor de la victoria, envolviendo todo con su vida. El amanecer en su nostálgico afecto, acaricia el distante paraíso, llevando de su amado seno en su brisa matinal el aroma de la nostalgia, en un mensaje de consuelo y esperanza para las criaturas sufridoras del valle de la muerte. Bañados por los cálidos rayos y por la brisa de la esperanza, la pareja despierta en un sábado más, cuyo simbolismo apunta hacia el descanso en el reino de Dios, al culminar el gran conflicto entre la luz y las tinieblas.

45 Más allá de aquel altar cubierto de cenizas, Adán y Eva contemplan demoradamente el nostálgico paraíso. Aunque distantes en su exilio, se alegran con la certeza de que el sacrificio del Mesías hará rayar para ellos el sábado de sábados: aquél de lágrimas para siempre desterradas; de sol siempre a brillar en un límpido cielo; de corderos siempre vivos a jugar por el césped; día sin anochecer, cuando no habrá más altar cubierto de sangre y cenizas. Suspiran por ese día de gloria, cuando Dios Se hará eternamente visible, llevando en las manos las marcas de Su infinito amor por Sus hijos.

46 Antes de la caída, el ser humano, así como todas las huestes celestiales, aprendían a los pies del Creador que con paciencia les enseñaba los tesoros de la sabiduría contenidos en el vasto compendio de la naturaleza. Todo en el Universo, desde el diminuto átomo hasta el mayor de los mundos, testificaba en su perfecta existencia del carácter del divino Rey. Muchas enseñanzas, sin embargo, permanecieron ocultas en las páginas de ese gran libro en el período que antecedió a la caída: Eran como las estrellas que, ocultas durante el día, revelan su brillo al bajar las sombras de la noche.

47 Teniendo la naturaleza cautiva, el enemigo, en el intento de bloquear la revelación de la Eterna sabiduría, introdujo en ella manchas de egoísmo, destrucción, infelicidad y muerte. No sabía que esas manchas harían evidenciar en la faz de la creación la profundidad de la justicia y amor de Dios, llevando a los fieles a amarlo y reverenciarlo aún más. Para la pareja, así como para todos los hijos de la luz, la naturaleza herida rompió su velo, revelando nuevos aspectos de la bondad del Creador ocultos hasta entonces.

48 Adán y Eva que estaban acostumbrados a las flores eternas en el paraíso, aquellas que no las vieron desabotonar, las veían ahora surgir en tiernos botones, en medio de las amenazas de espinos prontos a herirlas. Esas tiernas flores, sin importarse estar con los espinos, exhalaban perfumes suaves de alabanza y gratitud, jamás cansándose de agradar el ambiente. Cuando fustigadas por los fríos vientos de la noche, esas flores no se resentían, sino que ofrecían su aroma, que transformaba la furia de los vientos en brisas perfumadas de un amanecer.

49 Movidos por profunda gratitud, la pareja acompañaba atentamente el ministerio de amor de aquellas flores que, jamás se cansaban de bendecir, ofreciendo su belleza y perfume como alivio para aquellos que eran heridos por los rudos espinos. Aquellas flores singulares y puras, después de mostrar en su corta vida que el perdón y el amor son más fuertes que todos los vientos y espinos, en un último esfuerzo de comunicar alegría, exhalaban su perfume, cayendo marchitas y sin vida sobre el suelo frío. Allí, olvidadas, se transformaban en insignificante polvo que era dispersado por el viento.

50 La muerte de las flores, aunque pareciese fracaso, reveló a la pareja el misterio del renacimiento de la vida: Muriendo, las flores daban vida a los frutos que, a su vez, después de servir de alimento, donaban sus semillas llenas de vida. En la muerte de esas semillas, renacía el milagro de la vida, multiplicando los árboles con sus flores listas a repetir la enseñanza del amor y del sacrificio. La naturaleza, por tanto, incluso manchada por el pecado, revelaba el misterio oculto del plan de la redención. Cada flor a desabotonar en medio de los espinos, en su corta vida de amor, era un símbolo del Salvador que nacería entre los espinos de la maldad, para consolar con su perfume el corazón de los afligidos.

51 Semejante a la flor, el Mesías después de probar que el amor y el perdón son más fuertes que todos los vientos del odio; que la verdad y la justicia del reino de Dios son mayores que todos los engaños e injusticias del reino del enemigo, vertería la salvia de su vida, muriendo para redimir a los culpables.



Capítulo 6

Adán y Eva dedicados al trabajo edificante. La colina llegó a ser una miniatura del Edén. Protección y cuidados divinos. Experiencias al obedecer el mandamiento sobre el sacrificio. La astuta trampa del enemigo, mirar hacia los símbolos del sacrificio como portadores de perdón y vida. Adán y Eva ofrecen sacrificios al Señor, el Eterno se les manifiesta consolándolos y previniéndolos del peligro. Promesa del nacimiento de su primogénito. Responsabilidades hacia su hijo. Nacimiento de Caín. El nacimiento de Caín les recuerda la promesa del futuro nacimiento del Mesías. La niñez rebelde de Caín. El enemigo se burla del sufrimiento de Dios y Sus fieles e intenta hacer desistir a Dios de Su plan de redención. El Eterno afirma Su solemne promesa. Adán y Eva hacen sacrificios y ruegan por su hijo, el Eterno se les manifiesta. El Eterno se revela a Caín y le narra la historia de Lucifer y del Sol. Promesa del nacimiento de Abel. Caín, al igual que Lucifer, es arrastrado por su orgullo a una falsa ilusión. Dios procuraría todas las formas a fin de salvar a Caín


1 Consolados por las revelaciones de la naturaleza, Adán y su compañera, alumnos en la escuela del sufrimiento, aprendían cada día a amar más al Salvador. Crecían en sabiduría, humildad y santidad. Todas las virtudes destruidas por el pecado, renacían en el corazón. Con ánimo la pareja se dedicaba al trabajo edificante: plantaban jardines que por el poder de Dios se llenaban de perfumadas flores y deliciosos frutos. Su hogar en el exilio se convertía en un refugio para los animales perseguidos de los valles. La colina, bajo la protección de los ángeles de la luz, se convirtió en una miniatura del Edén distante. Entre los animales reunidos y domados con amor, habían muchas ovejas.

2 Adán y Eva no conseguían poner los ojos sobre esos dóciles animales destinados al sacrificio, sin probar en lo profundo del alma una mezcla de dolor y gratitud. En la noche que antecedía a cada sábado, Adán tenía, por orden del Creador, el repetir el doloroso acto. ¡Cuánta amargura y arrepentimiento sobrevenían a la pareja al descender las tinieblas de la noche del sacrificio! ¡Cuánto consuelo les traía la llama del perdón que jamás había dejado de brillar sobre el altar, en aquellas noches pre figurativas! El decisivo valor del sacrificio, para que la vida pudiese florecer bajo la protección divina, llevó a la pareja a valorizar inmensamente a su pequeño rebaño.

3 Cada sexto día, no obstante, comenzó a traer consigo, más allá del dolor, una inquietud: — ¿Quién donará su sangre al altar cuando la última oveja perezca?— A los ojos de la pareja maravillada, aconteció al fin el milagro del amor, renovándoles la esperanza de vivir otras semanas bajo el brillo de la llama del perdón: una oveja, la más gorda de ellas, comenzó a sangrar como en sacrificio; De su dolor, les nacieron cuatro corderitos. Llenos de alegría y gratitud, Adán y Eva se postraron ante el Salvador invisible, teniendo en las manos aquellas nuevas criaturitas que traían en sus ojos la misma ternura y disposición para el sacrificio.

4 Seguros de que nuevos milagros multiplicarían sus días, la pareja unió su voz como antes, en un cántico de gratitud y adoración al Creador que, como los corderitos nacería también del dolor para cumplir en su vida el mayor de todos los sacrificios, para la salvación de la humanidad. El Eterno, aunque invisible a los ojos de Sus hijos humanos, permanecía muy cerca, acompañado por un ejército de ángeles, en incansable ministerio de cuidado y protección. La pareja estaba inconsciente de que la dulce calma y paz reinantes en aquella colina, así como toda su prosperidad, eran frutos de tan intensa lucha.

5 Si sus ojos fuesen abiertos hacia las escenas que ocurrían invisibles, serían arrebatados de espanto; ¡Cuán terrible era el enemigo y sus huestes en sus constantes investidas con el propósito de arruinar al ser humano, arrebatándolo de las manos del Creador! Viendo que el empleo de la fuerza no le redundaría en victoria, el enemigo en su astucia idealizó una trampa con la cual pudiera enlazar a la pareja. Reuniendo a sus ejércitos, les reveló sus planes diciendo: —“Al ser humano le fue ordenado sacrificar corderos, como símbolos del Salvador venidero.

6 Los tentaremos a mirar hacia esos símbolos como portadores de perdón y vida, haciéndolos poco a poco olvidar la realidad del sacrificio prometido por Dios. Será un proceso lento, pero de una victoria segura". — El Creador conociendo el peligro de esa trampa, se entristeció, pues al mirar hacia el futuro, pudo ver a tantos hijos Suyos siendo desviados del camino de la salvación. ¡Cuántos se apegarían a los símbolos juzgando encontrar en ellos virtud! Dios en su amor y cuidado, no los dejaría inconscientes del peligro que los amenazaba.

7 Sabía Él cuánto Adán y su compañera amaban a aquellos corderos que, al morir sobre el altar, les ofrecían luz y calor. Fácilmente podrían ser inducidos a verlos como fuentes de vida y luz, comenzándolos a reverenciar. Muchas semanas ya habían pasado, trayendo consigo las noches de dolor y sacrificio, seguidas por los días de esperanza y nostalgia de Aquél Padre cariñoso, el cual después de hacerles promesas y secar sus lágrimas, Se había tornado invisible delante de sus ojos. Cada día que pasaba, traía a la pareja una nueva carga de nostalgia, haciéndolos indagar en cada atardecer: — ¿Cuándo besaremos nuevamente Su faz? ¡¿Cuándo seremos envueltos por Sus brazos, caminando bajo la luz de Su amor?! — ¡Cuánta nostalgia sentían de aquellas noches edénicas, cuando adormecían en el suave regazo de su divino Padre!

8 Una semana más de trabajo y lecciones aprendidas estaba finalizando. El sol en su declinar anunciaba otra noche de arrepentimiento y de sangre inocente a bañar el altar. La silente pareja estaba lejos de imaginar que en esa noche, el doloroso golpe que siempre era seguido por el fuego, les revelaría la faz bendita del Padre. Con las manos estremecidas, Adán levantó al cordero que, mudo, no hizo ninguna resistencia al ser colocado sobre el altar. Lágrimas rodaron en su rostro al pensar que un inocente animal más se zambulliría en las odiadas tinieblas de la muerte, para generar la luz con su sangre.

9 Es doloroso sacrificar, mas no hay otro camino de salvación. Únicamente a través de la sangre derramada del cordero, podrán vivir para contemplar en el futuro la faz del Padre. En un penoso esfuerzo Adán hace caer aquella piedra puntiaguda sobre el corderito que, en un gemido de dolor derrama su sangre. Una Luz gloriosa pronto disipa las tinieblas inundando toda la colina con sus rayos de vida. A través de las lágrimas la pareja entonces contempla en medio del fuego del altar, al Creador. En un gesto de amor, Dios abre Sus brazos como antes, y con una sonrisa camina hacia el tan anhelado abrazo.

10 Sin encontrar palabras que expresen su inmensa nostalgia, la pareja se lanza a Su pecho y llora amargamente. El divino Padre, conmovido, también llora, mas procura consolar a sus hijos, con su dulce sonrisa. Con emoción la pareja contempla la faz del Padre, envolviéndola con besos y cariños. El amor de ellos por Él había sido intensificado por el sufrimiento. Agradecidos y felices, caminan al lado del Creador, mostrándole los jardines cargados de flores y frutos. Le cuentan de las lecciones aprendidas junto a la naturaleza; Le muestran el rebaño domado por el afecto.

11 Iluminados por la suave luz del Eterno Padre, la pareja se sienta a Sus pies como antes, para oír Sus enseñanzas. El Creador, mirándolos con ternura, pasa a advertirlos del peligro. Orientándolos acerca de los sacrificios de corderos, que eran importantes en el sentido de mantener siempre en la mente la certeza de un Salvador venidero que, como los corderos, sería sacrificado para redención de los pecadores. Los corderos, sin embargo, no poseían en sí poder para perdonar las culpas, pues consistían apenas en símbolos del Mesías Rey.

12 Después de ser ellos concientizados del peligro de apegarse a los símbolos buscando encontrar en ellos la salvación, la pareja recibió la incumbencia de transmitir esas orientaciones a sus descendientes. Después de advertir al ser humano, el Creador colocó la mirada sobre las ovejas que yacían dormidas junto a su cría, y exclamó: — ¡Cuán bellos son los corderitos! — La pareja, en una mezcla de felicidad y dolor agregó: — ¡Ellos cuando están despiertos saltan de placer, olvidados de que al nacer y al morir causan tanto dolor!—

13 Después de contemplar a los corderitos, Dios miró a la pareja con ternura, revelándoles algo que los sorprendió y alegró: —Cuando de éstos corderos treinta y seis hayan subido al altar, vuestros brazos envolverán al primer hijo que, como ellos surgirá también del dolor. Ese hijo en su infancia les traerá alegría saltando como los corderitos en vuestro hogar. Deberéis instruirlo con dedicación en las leyes de la armonía, mostrándole el camino de la redención. Como vosotros, él será libre para escoger el rumbo a seguir. Aceptando la enseñanza, su vida será victoriosa; rechazándola, caminará hacia la derrota.

14 Adán y Eva oyeron con alegría la promesa divina, pero al mismo tiempo experimentaron en lo profundo del ser un temor al concientizarse de la responsabilidad que tendrían. Sabían que Satanás haría todos los esfuerzos para llevar al niño prometido a la perdición. Era alta noche cuando el Creador, después de acariciar a sus hijos, los dejó dormidos sobre el suave césped. Después de la promesa, cada corderito llevado al altar hacía latir más fuerte en el vientre materno la esperanza de la alegría que en breve alcanzarían.

15 Treinta y seis finalmente descendieron a las tinieblas cumpliendo el tiempo determinado por el Creador en que el primer niño recibiría la luz. Con las manos todavía manchadas por la sangre del sacrificio, Adán amparó a su esposa que, a los pies del altar se postró vencida por el dolor que le trajo el primer hijo. El pequeño niño no traía en la cara la alegría de la libertad, sino el llanto de su prisión; Ese llanto duraría la noche entera, si no fuese por el brillo de aquella llama ardiente de esperanza que, pronto atrajo la atención de sus ojitos atentos. Envolviéndolo con alegría, Eva consolada de su sufrimiento, dijo: "Alcancé del Señor la promesa". Le dio entonces el nombre de Caín.

16 Después de envolver al bebé con las pieles suaves de un cordero, la pareja permaneció despierta a meditar. Muchos eran los pensamientos que ocupaban sus mentes: pensamientos de alegría, de gratitud, de esperanza y de anhelo por el sentido de la responsabilidad que ahora pesaba sobre sus hombros. Acariciando con ternura al pequeño niño, la pareja maduró en su experiencia, comprendiendo mejor el misterioso amor de Dios que, para salvar a Sus hijos, Se dispuso a morir en lugar de ellos.

17 Adán y Eva no estaban solos en sus reflexiones: todos los seres inteligentes del Universo consideraban con interés el futuro de aquél indefenso bebé que en el interior poseía un reino de dimensiones infinitas, al ser disputado por los dos poderes en lucha. ¡¿Quién sería el Señor de su vida?! ¡¿Caminarían sus pies por el camino ascendente que lleva a la vida, o la ruta descendente que termina en el abismo de una muerte eterna?! Viendo al niño esbozar su primera sonrisa, la pareja súbitamente se acordó de la promesa del Creador que era confirmada en cada sacrificio: Él nacería de la mujer como niño, con la misión de redimir a la humanidad.

18 ¿No sería Caín ya el cumplimiento de la promesa? ¡El infante con sus ojitos brillantes de alegría se parecía tanto a los corderitos que nacían y crecían con la misión de ser sacrificados! Considerando así, la pareja apretando al hijo junto al pecho comenzó a llorar sin consuelo. ¡Cuán terrible, sería ofrecer a su hijo inocente al rudo altar! Para la pareja compungida por el dolor, apareció al fin el sol brillante haciendo revivir con sus cálidos rayos las promesas que señalaban hacia un Salvador que, todavía en el futuro, nacería también del dolor para cumplir el eterno plan de redención.

19 Bendecido por el Creador y envuelto por el amor y cuidado de los padres, el niño se desarrollaba en su naturaleza física y mental, tornándose cada día en el objetivo mayor de una incansable batalla entre las huestes espirituales. Adán y Eva, ansiosos por hacerlo comprender las verdades de la salvación, lo tomaban en los brazos en cada amanecer y, al borde del altar le señalaban el Edén distante, contando aquellas historias de emoción las cuales el pequeño Caín todavía no conseguía comprender.

20 Cuál fue la alegría de aquellos padres, al verlo en una mañana de sol, señalar con su manita hacia el hogar de la nostalgia, pronunciando el nombre sagrado del Creador. Emocionados lo tomaron en los brazos, pidiéndole que repitiera ese sublime nombre que, cual llave de felicidad, siempre les descubría un paraíso de eterno amor. Todas las huestes de la luz se inclinaron con alegría al oír al pequeño niño pronunciar el nombre del divino Rey.

21 Las semanas se iban pasando trayendo consigo nuevas víctimas hacia el altar, y el pequeño Caín, blanco de la atención y cuidado de Dios, de las huestes de la luz y de aquellos amorosos padres incansables en la misión de instruirlo, agrupando sus pocas palabras, siempre curiosas con todo comenzó a interrogar. El día declinaba cuando el muchacho, que yacía en el regazo de su madre, le preguntó: —Madre, ¿Por qué el sol siempre se va así, dejando a la gente en el frío de la oscuridad?—"Eva, sorprendida contempló a su hijo, sin encontrar palabras para contestarle la pregunta que le trajo el recuerdo del pasado de felicidad destruido por su culpa.

22 Después de un momento de silencio, besando la cara del pequeño Caín, le dijo: —“Hijo, un día el sol vendrá para quedarse, trayendo en sus rayos un mundo solamente de armonía; ya no habrán animalitos para combatir, ni corderitos para morir sobre el altar"— El pequeño Caín deseando ver rayar pronto ese día, dijo a su madre: —“Madre, mañana el sol nacerá en el paraíso; ¡Pide para que él se quede! Así podré jugar, jugar, y nunca más dormir". — Ansioso en ver rayar el día que no tendría fin, el pequeñito Caín solamente se durmió hasta después de hacer a su madre prometer que pediría al sol permanecer.

23 Un nuevo día de sol radiante a caminar por el cielo surgió para Caín, trayendo en sus rayos alegría y calor. Mientras jugaba en el jardín, sus ojitos curiosos se volteaban muchas veces hacia el sol que parecía acariciarlo con una sonrisa de esperanza. Viéndolo, sin embargo, caminar en dirección del occidente, el pequeño corrió hacia su madre, preguntándole: —“Madre, ¿Él prometió quedarse?"—Eva, tomándolo en los brazos, le sonrió procurando hacerlo comprender con palabras simples,mientras le señalaba el distante paraíso, la historia de la redención.

24 El sol vendría un día para quedarse. Caín, insatisfecho con las palabras de la madre, demostró no tener paciencia para esperar ese día que yacía en un futuro distante. Repetía en llanto: —"¡Yo quiero el sol ahora, mañana no!"— Eva, pacientemente, procuró calmar a su hijo, hablando sobre la luz de Dios, que puede convertir la noche en día. Él lo amaba y podría henchir su corazoncito de brillo, de alegría y paciencia. Podría así, esperar feliz el día de sus sueños. Balanceando la cabecita en rechazo al consuelo de la madre, Caín pronunció entre sollozos: —"Yo quiero al sol porque yo puedo verlo, al Eterno no". —

25 Como una flecha dolorosa las palabras de rebeldía de Caín penetraron en el corazón de Eva, haciéndola llorar amargamente. Los fieles en todo el Universo se unieron a ese llanto. Una tristeza infinita se cernía sobre el corazón del Creador rechazado. Se esbozaba en los gestos de Caín los primeros pasos por el camino descendente de la rebeldía. ¡Cuántos lo seguirían rumbo a la muerte! Inconsciente de la tristeza que se había abatido sobre el reino de la luz, Adán, al ver el sol declinar en el horizonte, dejó su trabajo en el campo dirigiéndose hacia la casa.

26 Tenía un cántico en el corazón al caminar hacia un encuentro más con los suyos. Al acercarse al altar, vio junto a él a su compañera postrada en llanto. El pequeño Caín yacía allí también llorando. Tomándolo en los brazos, Adán le preguntó con ansiedad: —"¿Qué sucedió hijo mío?"— Caín tristemente respondió: —"Mamá dejó ir al sol todavía"— amparando al hijo con su brazo izquierdo, Adán puso su mano derecha sobre el hombro de Eva, más no encontró palabras para consolarla. La frase dicha por su hijito, pareció rasgarle el corazón, haciéndolo revivir la caída. Después de re-flexionar, Adán sintiéndose culpable respondió a Caín: —"Fue papá quien dejó ir al sol todavía hijo mío". —

27 Con sollozos de gran tristeza, Adán se unió a ellos en llanto. El recuerdo del Salvador, sin embargo, lo consoló. Secando sus lágrimas y las de su hijito, le dijo con ternura: —"Podemos alegrarnos hijito, pues Dios prometió hacer el sol para siempre brillar en el cielo; él será como el fuego que aparece en el altar, expulsando a las tinieblas de la noche"—. Con los ojitos vueltos hacia el último claro del arrebol, Caín permaneció sin consuelo. En aquél atardecer, no hubo como de costumbre una alegre cena. La pequeña familia, entristecida, permaneció silente a meditar por largas horas, hasta que soñolientos durmieron bajo la luz de las estrellas.

28 El enemigo y sus huestes, en sarcasmo de maldad se burlaban en aquella noche del sufrimiento de Dios y Sus fieles. Repitiendo las palabras de rebeldía del pequeño Caín, se jactaba como vencedor. En un desafío al Creador pronunció: — ¡Mira como este mi pequeño esclavo te rechaza! Lo mismo se dará con todos aquellos que han de nacer. Estoy seguro que el derecho del dominio jamás saldrá de mis manos. — Todas las huestes rebeldes repitieron en eco las afrentas del engañador, humillando a los súbditos de la luz que sufrían del lado del Eterno. Con sus afrentas, el enemigo procuraba hacer a Dios desistir de Su plan de redención. Si eso sucediese, su reino de tinieblas se extendería por toda la eternidad, suplantando el dominio de la luz.

29 En respuesta al desafío del enemigo, el Eterno solemnemente afirmó: —Aunque todos me rechazaren, Yo cumpliré la promesa. — El Creador no soportaba el pensamiento de ver al pequeño Caín caminar hacia la perdición. Por él intercedía cada día, ofreciendo ante la justicia Su sangre que vertería. Ángeles poderosos lo guardaban en cada momento, espantando las tinieblas espirituales que lo acechaban procurando volverlo insensible a los beneficios de la salvación, que eran ilustrados por los símbolos. Adán y Eva en su incansable ministerio de amor, todos los días enseñaban a Caín las lecciones espirituales ilustradas en la naturaleza.

30 En cada sábado procuraban afirmar en su mente juvenil la esperanza de una vida eterna, que sería fruto del sacrificio del Salvador. Él después de vivir una vida sin pecado, moriría como un cordero, para poder expulsar para siempre las tinieblas. Caín se conmovía a veces con las enseñanzas, mas casi siempre cuestionaba vacilante. Rebeldemente preguntaba: — ¡¿Por qué Samael se fue a rebelar?! —Cierta noche, rehusando oír los consejos de sus padres, los acusó de todo el mal diciendo: —"Si ahora no tenemos un sol a brillar, es por culpa de vosotros." —

31 La contemplación del Edén distante bañado en sol hizo nacer en el corazón juvenil de Caín pensamientos de aventura. Él comenzó a pensar: "Este paraíso no está tan lejos como afirman papá y mamá. ¡¿Por qué esperar y sufrir tanto tiempo?! ¡Él es tan bello! ¡Es de él que surge todos los días el sol! Si lo conquistáramos, será fácil detener la luz en su fuente; Así viviremos en un paraíso de eterno sol. Las ideas de aventura de Caín, llenaron el corazón de Adán y Eva de tristeza. Vieron que su interés era solamente por el tiempo presente; él soñaba con un paraíso de felicidad y luz conquistado por su fuerza.

32 En sus planes, no sentía la necesidad de un Salvador; — ¿Para qué, si era tan joven, inteligente, lleno de vida y de ideales?— así decía. Los días de luchas, intercesiones y sacrificios por el destino de Caín se fueron pasando. Oportunidades preciosas para apegarse al Salvador surgían cada día delante de él, mas todas las rechazaba, una por una. En su incredulidad llegó a dudar de la existencia de ese Dios, el cuál jamás había visto. A los padres que, afligidos pero siempre con paciencia, procuraban librarlo de la perdición hacia la cual estaba caminando, prometió un día, después de sonreír con aire de incredulidad, creer en el Creador y en Su plan de salvación, si se diera el caso de que Él se volviese visible en la hora del sacrificio.

33 Con ardiente fe, aquellos padres comenzaron a clamar al Eterno. Su presencia visible podría, quién sabe, salvar a aquél hijo amado que cada día se volvía más rebelde. El Creador oyó el clamor de los padres afligidos. Aunque sabía que su aparición difícilmente quebraría en el corazón del joven Caín su espíritu rebelde, estaba dispuesto a satisfacer la petición. Extendería los brazos amigos a Caín, procurando con amor conquistarle el corazón.

34 Como conocía sus anhelos y sueños de aventura, fácilmente Él podría identificarse con él, cautivándolo, pues Él también era Alguien que siempre había cargado en el pecho sueños de aventura; ¡¿No había sido la creación del Universo una gran aventura?! ¡¿No había sido Su sueño verlo incrustado de soles fulgurantes, iluminando billones de mundos con su brillo?! ¡¿No era también el mayor de los Suyos atravesar el valle de la muerte, en la búsqueda de la conquista del Edén distante, uniendo para siempre el sol en su cielo?! ¡Tenían muchas cosas en común! Caín estaba curioso en aquel día sexto.

35 En la faz de los padres, veía el ánimo y la alegría, frutos de una fe grandiosa. Estimulado por esa expresión de confianza, el joven comenzó a ayudarles en los preparativos para el santo sábado. El Sol finalmente se escabulló rodando hacia el poniente, dejando como de costumbre su rastro de nostalgia que anunciaba miedo. En medio de las tinieblas, Caín discernió la figura blanca del cordero siendo levantado hacia el altar por las manos del padre —ese incansable sacerdote que siempre estaba implorando al Creador por la salvación de su amado hijo. —

36 Con la mano levantada, Adán se preparaba para el golpe que podría, quién sabe, romper en el corazón de Caín su incredulidad, haciendo nacer en un solo momento la creencia en la salvación. De sus labios se escapa entonces la plegaria de la fe: — Padre Eterno, oye mi petición; ¡Mi hijo precisa de Ti! ¡¡Solamente una mirada Tuya podrá conquistarlo. Ven Señor!! — Esta oración sincera cayó en los oídos de aquél hijo conmoviéndolo. Solamente la plegaria ya sería suficiente para convencerlo de la existencia real de un Salvador.

37 Mientras seca las lágrimas de la emoción, Caín se estremece al oír el ruido del golpe de la muerte. Todo era solemne en aquel momento; ¡¿Vendría el Creador del mundo en respuesta a la oración de amor?! ¡¿Cómo lo encararía en su incredulidad?! Un fuerte brillo envolvió pronto toda la colina bañando también el valle oriental. Los ojos bien abiertos de Caín se posaron entonces en los ojos amables del Creador, que traía en la faz un brillo superior al del sol, mas no ofuscante.

38 Contemplándolo con admiración, Caín exclamó: — ¡Él es joven como yo, y se parece al Sol!—Adán y Eva, conmovidos por la gran nostalgia tenían deseos de saltar al pecho del Salvador y besarlo, pero dejaron que Él se encontrase primero con Caín. Con alegría, vieron al precioso hijo envuelto en los brazos del gran amigo, que era parecido a su astro. Después del largo abrazo, Dios abrazó y besó también a la querida pareja, compañeros en el sufrimiento. Con alegría, salieron a pasear por los jardines de la colina.

39 Al centro iba el Creador y Caín, y a los lados Adán y su compañera. ¡Cuánta felicidad experimentaban en esos pasos! Estaban completos. Caín, conquistado por el afecto del Padre Eterno, Le mostró sus animales de estimación y su pequeño jardín cargado de lindas flores. ¡Como estaba encantado de verlos coloridos en aquella noche deshecha por el brillo del Creador, como bajo la luz del día! Parecía hasta como si el mismo Sol hubiese bajado a ellos. Al pensar en el Sol, Caín como lo amaba mucho, comenzó a hablar sobre él diciendo: — ¡Como él es bello y bueno! Cuando él se va no obstante, deja en sus lágrimas de sangre un sentimiento de tristeza y temor.

40 Todo desaparece en su ausencia: los animales, el jardín; ¡hasta los pajarillos silencian sus cantos!... Pero basta a él decir que va a aparecer y, todo se llena de encanto; La naturaleza se despierta de su mansedumbre, pareciendo todavía temer a las tinieblas, mas cuando las ve huir, permanece alerta y canta; ¡Los animales, los pajarillos, el jardín,... todo vuelve a un feliz vivir! ¡¡¡Mas, esta felicidad siempre acaba!!! —

41 Después de hablar estas palabras, Caín mirando al Creador indagó curioso: —Papá siempre dice que fuiste tú quien creó al Sol. ¿Es verdad?— Con una sonrisa de sinceridad Dios le contestó que sí.— ¿Cuando tú le hiciste en el principio, con-tinuó Caín, él ya huía hacia el poniente?— —Él nunca huye, respondió el Eterno, es el mundo quien huye de él. ¡Él esta triste con esa ingratitud!— — ¿Pero cómo?— Preguntó Caín, contemplando curioso Su faz de luz. Con palabras cariñosas, Dios comenzó a contarle la historia de Lucifer que, en su ingratitud desterró de sus ojos y de los ojos de una multiplicidad de criaturas, el brillo de Su faz —el Sol Verdadero. —

42 Después de actuar así, engañó a muchos diciendo que el Sol era quien huía de ellos. Con su astucia, continuó el Creador, el ángel rebelde procuró arrastrar al ser humano hacia las tinieblas, y lo consiguió. El Sol en aquel día, lloró tantas lágrimas de sangre, que bañó todo el cielo. En su último suspiro de luz, sin embargo, él le prometió al mundo ya arrebatado por las tinieblas, volver un día a brillar para siempre, llenando todo su seno de vida.

43 Después de decirle estas palabras, el Eterno mirando a aquel joven, con expresión de tristeza en los ojos concluyó diciendo: —Hoy, el ángel rebelde promete a sus seguidores que irá con su fuerza a detener el sol, pero él jamás conseguirá realizar ese plan, pues no posee el lazo que podría detenerlo: el amor. — Cabizbajo, Caín oyó de los labios del Creador esa historia de promesas, la cual ya se había cansado de oír de sus padres. Esa historia no le daba placer, pues mostraba una noche larga de sacrificios sobre el altar, y de un Salvador a perecer en dolor.

44 En realidad, Caín no veía razones para todo eso. ¡¿Porqué no desterrar lejos el sufrimiento coloreando las tinieblas de luz?! En un esfuerzo de conquistarlo, el Eterno con mucho amor miró a aquél joven insatisfecho, y le dijo que, solamente la sangre de Su sacrificio podría hacer al Sol brillar para siempre, en un reino de eterna felicidad y paz. No había otro camino para esa conquista. Por ello, debería ser paciente, descansando bajo Su cuidado.

45 Después de conversar por largo tiempo con Caín, en la tentativa de hacerlo reconocer su necesidad de salvación, Yahwéh volteándose hacia la pareja, comenzó a consolarlos con la promesa del nacimiento de otro hijo. Treinta y seis sacrificios más serían contados, y sus brazos envolverían al segundo hijo. Nacería también del dolor, mas traería en los ojos el brillo y el consuelo de la salvación. Su testimonio de fidelidad sería perpetuado por todas las generaciones, en el símbolo de un altar cubierto de sangre. Las semanas se iban pasando, trayendo a la pareja nuevas de alegrías y tristezas: de un corazón lleno de vida a latir en el vientre de Eva, y de un vacío con olor de muerte a crecer en el corazón del joven Caín.

46 Aunque él se había deslumbrado ante la manifestación de Dios, esa aparición en nada le cambió su manera arrogante de pensar sobre el sentido de la vida. Él no veía sentido en los sacrificios ofrecidos en el altar. En los días que siguieron a su encuentro con el Creador, él argumentaba con sus padres diciendo: —Si yo fuese poderoso como el Eterno, yo jamás me sometería al sacrificio para reconquistar el reino perdido. Él es fuerte, y brilla como el sol. Él podría con una sola palabra expulsar todas las tinieblas, devolviéndonos el paraíso.

47 ¡¿Para qué tanto sufrimiento?! — Con ese argumento, Caín se suponía más sabio que el Creador. Quién sabe si, en un próximo encuentro tendría oportunidad de aconsejarlo. De esa forma, el joven Caín se sumergía cada vez más en el abismo del orgullo y del egoísmo —lugar de ilusiones hacia donde se dirigía, — pensando estar caminando hacia la victoria. ¡¿No había sido Lucifer junto con un tercio de las huestes celestiales atraídos por esa misma ilusión?! El Dios bondadoso, todavía, no sellaría el destino de Caín sin antes procurar de todas las formas salvarlo de la ruina eterna.

48 Esa gracia inmerecida, fruto del divino amor, sería concedida a todo el ser humano que viniese a nacer en éste mundo.



Extracto de EL LIBRO DE MELQUISEDEC
Una revelación del verdadero carácter del Mesías
Autores de la traducción al español:
Isaac Ramírez Vargas y Ezequiel Ramírez Vargas
Tomado de la versión en portugués de Enoch Mucheroni
Traducción al español: Isaac Ramírez Vargas, y Ezequiel Ramírez Vargas.

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