Tú eres perfecto.

Francesco


Si las piezas de una máquina quisieran funcionar simultáneamente en dos sentidos distintos, se perdería la sincronización y la máquina terminaría rompiéndose.

Tú también eres una máquina, sin duda la más perfecta, pero también se puede romper. Ese es el precio que el cuerpo paga por la incongruencia mental.



Mientras tanto, en la Tierra, en el continente europeo…

Agustín, entre noches de insomnio y tardes monótonas, pensó una y mil veces que hacer con su vida.

Y después de pensar y darse opciones decidió volver a su antiguo trabajo.

Se levantó a la mañana temprano y llegó a la oficina, habló con su jefe y, café por medio, le pidió regresar a pilotear los aviones, un trabajo que siempre había realizado con mucho amor.

Cuando fue a pedir trabajo la compañía aérea enseguida le dijo que sí.

El se fue feliz como un niño con juguete nuevo. Pero la felicidad se esfumó apenas tuvo el primer pensamiento.

Tenía conciencia de que estaba haciendo su última alternativa, de que no sabía si realmente él estaba en la vida para ese trabajo; se preguntaba si ésta era su Misión.

Agustín sabía en el fondo del corazón que poder viajar era su mayor anhelo, uno de los escapes que le encontraba a su vida.

A esta altura de su vida él había visto muchos países, conocía de costumbres y modismos. Las capitales de todos los países le parecían todas interesantes y algunas muy parecidas. Parecidas en violencia, ritmos acelerados, embotellamientos de tránsito.

—Los viajes también nos hacen crecer —pensó Agustín.

Y después de unos hacer los trámites de rutina… realizó su primer viaje después de su ausencia en el trabajo.

Agustín es un hombre bien parecido, es simpático, adorable. Fue recibido con mucho entusiasmo por sus compañeros de trabajo.

Llegó el momento de partir, y cuando despegó su avión, empezó a sentir la sensación del poder de los cielos.

Imaginaba ir hamacándose en nubes y la hora se le pasó sin darse cuenta.

Otra vez sentir la adrenalina del aire y la Fe en que iba a llegar a horario.

Pidió que avisaran el momento del aterrizaje, miró la hora y por supuesto el avión llegó a tiempo.

Habían hecho dos escalas en Sudáfrica, estaban llegando a Malasia, un país que le parecía muy extraño, una mezcla de modernidad con el tiempo detenido hacía muchísimos años atrás.

Debía quedarse dos días en ese lugar para luego regresar.

Muchas veces no sentía atracción por recorrer lo que ya sabía que conocía.

Durante su primer día en Malasia llamó a su casa, compro unas artesanías para su madre y comió algo típico del lugar. Nada le gustaba, así que comió un poco de pan y lo acompañó con un té.

Cuando se fue al hotel sintió una gran angustia y se dio cuenta de que tenía ganas de recorrer la India. Tenía la dirección de un templo hindú, la buscó en su agenda electrónica, hizo un llamado y preguntó si se podía hospedar unos días.

Pero luego de esperar en el teléfono a que le dieran una respuesta, reflexionó sobre la responsabilidad de su trabajo, era la normalidad y desistió de la idea de renunciar nuevamente.

En esos días él era uno más entre sus compañeros. No era mucho lo que contó de su vida a sus conocidos.

Para sus compañeros, Agustín era un poco introvertido, tímido, inseguro.

Jamás contó una aventura amorosa, no hablaba demasiado de su familia, se limitaba a observar y sólo si se lo pedían, daba algún consejo.

En el viaje de regreso, cuando todavía estaba dando vueltas con sus maletas en el aeropuerto, recién llegado de su primera escala, vio en el aeropuerto a una mujer que lo impactó.

Ella estaba sentada esperando tomar su vuelo, todavía era temprano y los demás pasajeros estaban entretenidos en sus compras de último momento.

La muchacha tenía el pelo largo y castaño.

Era delgada, alta, estaba sentada y se la veía sola. Tenía la mirada fija en unos de los televisores que anunciaban los vuelos.

Parecía triste, tenía algo especial.

Se sintió sorprendido, porque no tenía la costumbre de prestarles tanta atención a los demás.

Las personas que viven en su mundo interno, con la vida llena de recuerdos, no saben mirar hacia fuera y a veces les puede suceder que hasta el amor se les pierde de vista.

¿Cómo se hace para acercarse a una mujer tan bella, sin que ella no lo tome a mal?, se preguntaba Agustín.

Miró el mismo televisor que ella estaba mirando y viéndola todavía atenta, se le acercó muy tímidamente y la interrumpió diciéndole que, si quería saber algo, él con gusto se lo podría informar.

Ella lo miró a los ojos y los dos sintieron una vibración especial.

La mirada de ella tenía chispitas de Luz.

Ella vio la misma Luz en la mirada de él.

A los dos se les aceleró el pulso.

Agustín sacó de su bolsillo unas pastillas de menta, casualmente eran las preferidas de ella.

—¿De dónde vienes? —le preguntó él.

—De la India —le contestó ella y agregó— Vengo del sur, de Nilayan.

—¿Has ido de vacaciones?

—Algo parecido.

Ella metió la mano en su abrigo de color azul y le mostró la imagen de un hombre.

—¿Quién es? —preguntó Agustín.

—Es un Maestro espiritual, algo así como fue Jesús, algunos lo consideran Dios, otros un avatar, la verdad es que estar con él es una experiencia maravillosa.

No sabes lo que se siente estar en ese lugar, donde más de cinco mil personas de diferentes partes del mundo le cantan al Dios en que cada uno cree, ése es el lugar donde se respira amor.

Un lugar totalmente ecuménico, donde te dicen que si vas a rezarle a tu Dios, al momento tienes que haberte convertido en una mejor persona. Porque si no mejoras no vale de nada practicar la oración.

Porque las religiones no son teóricas, el amor cuenta por sobre todas las cosas. Sea cual sea tu creencia.

Realmente fue mejor que estar de vacaciones, aunque puede hace mucho calor, y también puede que te moleste el no tener confort durante esos días, pero en esas circunstancias también te das cuentas de que el calor y el color lo forman las personas.

Todo lugar donde no haya amor, por más riquezas y lujos que tenga, es pobre.

Agustín escuchó con mucha atención y curiosidad, así que le pidió que siguiera con el relato:

—Cuéntame más dijo entusiasmado.

—Podría estar horas contándote, te podría decir que una vez que estás ahí te cambia la vida.

Puedo decirte que te darás cuenta realmente de quién eres cuando estás tan lejos de todos tus apegos, cuando ni la cultura se parece a la tuya, cuando ni los dioses compartes.

Te das cuenta de que los días son únicos e irrepetibles y que las personas también son irrepetibles.

—¿Has ido sola?

—Una amiga me acompaña, ella me dio el empuje para que pudiera ir, sola no me hubiera animado. Sin embargo, a pesar de no tener a los míos, en estos dos meses que me he marchado no me he sentido sola, a veces la soledad te invade estando en compañía.

—Sabes, la soledad no siempre es mala, lo malo es sentirse solo —dijo Agustín.

—En este viaje aprendí que la vida es lo más maravilloso que tienes, pero que si no tienes amor la vida no tiene el mismo color.

El amor es tan fuerte que te salva de todas las formas que puedas imaginar.

Te voy a confesar algo, en este viaje me impulsó el amor de la espiritualidad, el amor del Universo en el que creo firmemente, el amor a los milagros y a lo mágico.

En este viaje me impulsó el amor de un hombre que hace unos años no veo y que lo único que sabía era que él iba a estar en el mismo lugar que yo en la misma fecha.

Quizás ésa fue la ilusión más loca que tuve, pero entre tantas cosas que me motivaron para ir, él fue otro ingrediente más,

Y lo busqué entre toda la gente, recorrí los lugares que él solía recorrer en este lugar.

Cuando era de noche, en la ciudad nos reuníamos para cantarle a Dios, y entre la oscuridad, los aromas a sahumerios y el perfume de las flores yo imaginaba encontrarlo. La luna de la India es increíblemente blanca y redonda. El me había dicho una vez: "Imagínate los dos juntos mirando la luna".

—Y seguramente cuando mirabas la luna pensabas en él.

—Sí, ahora me río de mi absurda idea, pero en esos momentos igualmente lo disfruté.

—Mi madre te diría que sufres una especie de obsesión, que debes olvidarte de todo amor pasado, que escoba nueva barre mejor —Y guiñándole un ojo, Agustín estiró su mano y se presentó.

Cuando Camila iba a contestar, llegó su amiga y a Agustín uno de sus compañeros le hizo una seña de que se debía marchar. El se despidió y fue camino al avión, liviano, alegre como hacía años no se sentía.

Ella le comentó a su amiga que había tenido una charla amena con el piloto de su vuelo, y que sin querer le había contado su historia.

Camila le dijo a su querida amiga que se sentía desconocida.

—Creo que cuando llegue no dejaré de hablar y de contar lo maravilloso que fue este viaje para mí —agregó Camila mientras se cerraba su abrigo pensando en el frío de los aviones.

Mientras tanto ella, junto a su amiga, esperaba el llamado del embarque.

Los altavoces se encendieron y avisaron la partida del avión que las llevaría rumbo a su país.

Camila se quedó emocionada por el encuentro con el atractivo muchacho.

Xóchitl, su amiga, le pidió que mirara la zona de embarque y Camila, que no dejaba de pensar en el encuentro, se empezaba a reír sola.

Su amiga le preguntó de qué se reía.

—¿Qué piensas?

—Déjame que acomode mis pensamientos, y en cuanto encontremos nuestros asientos te contaré lo que me está pasando.

—¡Ah no, cuéntame ahora! ¡Quiero saber ya! Te brillan los ojitos, ¿es la emoción del piloto que acabas de conocer? Permíteme darte un consejo, ya es hora de que abandones esta experiencia; ya es hora de que encuentres una pareja, en tu casa nadie tocará a tu puerta, no es bueno que dejes pasar el tiempo estando en soledad, ya basta de desconfiar de todos los que se te acercan, no todos los hombres son deshonestos, tú puedes encontrar el amor de tu vida en cualquier momento, no dejes pasar las oportunidades.

¿Recuerdas que cuando sentiste ganas de viajar, ni lo dudaste? ¡Vienes de concretar un sueño!, ¿O no?

Sabes, los sueños se realizan en cadenas, quizás es momento de sacar el pie del freno y lanzarte a la aventura de realizar tu propia leyenda personal, es hora de salir de tu papel de victima y emprender situaciones atractivamente y novedosas.

¿Recuerdas cuando en el Templo, la gente más mayor, como les costaba movilizarse, llegó a ese lugar habiendo viajado días enteros? Permanecían horas sentados meditando o esperando ver a su gurú; a esa gente no le fue fácil estar ahí, sin embargo confiaron en sus sueños, así que todos estamos en el mismo barco de la vida, sería bueno que de vez en cuando tomes el timón, y te hagas cargo de elegir a qué puerto quieres llegar.

Mientras el avión despegaba y las azafatas hacían las señales de rutina, Xóchitl comentó que tenía sueño y que quería dormir lo más que pudiera.

Camila quería hacer lo mismo, sin embargo Cami, como le dicen los que la quieren, no encontraba una posición cómoda en su asiento y como todos los vuelos en los que no queda otra que entretenerse con la pantalla del asiento de adelante, escuchar música o leer la misma revista de compras, la otra opción es pensar y pensar, es proyectar o recordar.

La mente nunca está en el presente, eso es un aprendizaje duro y lleva tiempo capitalizarlo como experiencia.

Los pensamientos viajan en penas o nostalgias del pasado o en ilusiones y miedos del futuro.

Y el futuro, sin ideas claras, sin ilusiones concretas, a veces imaginarlo da mucho temor, por eso es más fácil hacer un auto análisis del pasado.

Al principio, Camila recordó su último día de trabajo en su consultorio, dejar todo en orden como si no fuera a regresar.

El momento de la despedida de sus hijas, el abrazo de las manos chiquitas de sus amores más grandes, su viaje al Ashram. Como quien hace un recorrido por su historia, comenzó a recordar sus últimos años de matrimonio, su molestia continua, cuyo origen no podía descubrir.

Recordó cuántas veces había perdonado las mentiras de su pareja pero no las había olvidado, mentiras piadosas le decía su marido, mentiras que la confundían a tal punto de culparse de no haberse dado cuenta mucho antes. Inclusive tener el coraje de lanzar su matrimonio por la borda.

Ahora se estaba preguntando por qué había dado tanto amor, cuidados y entrega a los suyos, sin que los otros siquiera agradecieran o pidieran ayuda.

Quizás inconscientemente casi todo lo que había soportado tenía como fin que la quisieran un poquito más.

Recordó las veces que se dividía entre esposa, madre, hija, profesional, sin tener tiempo para dedicarse a ella misma.

Las veces que el tiempo no le alcanzaba para ir a donde quisiera, como visitar amigas o ir a la peluquería, o tomar un café tranquila con alguna que otra amiga. Las veces que tuvo que mentir para ir a un curso de espiritualidad, porque eso era de gente loca.

Cómo no sentirse culpable cuando cada tanto decidía hacer algo por ella.

Cómo hacer para que los cambios que venían surgiendo en ella no le trajeran consecuencias negativas a los que decían quererla. Quizás porque ellos querían a la mujer de antes, la que se callaba, la que no se miraba al espejo mas que para peinarse y colocarse cada tanto algo de rubor, para no verse pálida.

Sin duda algo estaba cambiando en ella, un día se descubrió en el espejo y se vio con mas de veinte años de los que tenía realmente, ese mismo día miró su cuerpo y se dio cuenta de que no lo disfrutaba, que no se quería lo suficiente, otros tantos kilos de más la alejaban de su adorable figura, de sus primeros años de casada.

Tanto cambio junto, se preguntaba, cómo hacer para construir sin destruir, cómo dedicarse a bajar de peso, a usar cremas, aprender a vestirse diferente sin contar los cambios que venían fluyendo por dentro, la pregunta que se venía haciendo es si valía la pena tanto esfuerzo.

Agustín se marchó, con aires de felicidad por la bonita charla con Camila.

Fue caminando por la manga del avión con sus pequeñas maletas, con su entusiasmo de saber que hay personas que se saben conectar de un modo maravilloso con el amor.

Saludó a sus compañeros, y ya sentado con la vista en la cabina pensó en esa interesante mujer que acababa de conocer.

Y después de hacer un pequeño recorrido mental por su pasado, se fue dando cuenta de lo solo que se sentía.

Quizás el amor no era para él.

Hacía mucho tiempo que no se enamoraba y que nadie lo movilizaba pero esa mujer no era común, claro que él tampoco se sentía parte de los demás.

Miró la hora, sacó cuentas, pensó en que sus niños estarían regresando de la escuela, pensó en el hogar perdido, en su matrimonio roto, y otra vez le volvió la imagen del monasterio de la India de cuya existencia le habían contado muchos años atrás.

Y pasaron nuevamente las horas, otra vez las escalas y el regreso a su casa materna.

Agustín no tenía una vida rutinaria, sin embargo tanto era su malestar que los días se le pasaban lentamente.

Su madre siempre estaba de buen humor y llena de amor. Lo mimaba como cuando era niño.

Los pequeños hijos de Agustín se alegraban cuando el los visitaba, últimamente los llevaba los fines de semana y les concedía todos sus caprichos.

Hacía mucho más por ellos que cuando los tenía todo el tiempo en su casa.



En el Cielo…

Ningún Maestro deja olvidado a ningún Alma de las que están en la Tierra.

Por la noche, en medio de las estrellas, ellos encienden una fogata por cada Alma que vive en el mundo y piden que la Luz del espíritu llegue como energía divina de cada espíritu.

Ellos saben qué les pasa a todas las personas, y no miden si ellas se equivocan o aciertan, sólo mandan amor, armonía y belleza.

Y a quien no le llega esa fuerza simplemente es porque no se abre para recibir el Fuego del Espíritu.

En el Paraíso, la fuerza que ejerce la luna es muy fuerte, y cuando se transforma en luna llena los Maestros la miran y bendicen a los enamorados, a los apasionados, a los que abren su corazón a los demás.

Los Maestros aman la fuerza del amor, y con la Luz de la luna mandan gotitas de maná dulce y rocían las almas solitarias

Ellos suelen masajear el corazón de las personas que, como Agustín, se sienten solas, porque creen que el amor no les corresponde.

Los Ángeles también hacen su trabajo, en esos días los Arcángeles, Duendes, Elementales y demás Guías, bailan a la luz de la luna y le cantan al Creador.

Nada más bonito que el Cielo de la noche y el sol en el amanecer.

Nada más brillante que una noche de amor tanto en el Cielo como en la Tierra a esta fiesta son invitadas todas las almas que regresan de su viaje por la vida.

Y como Francesco en su etapa por el Cielo pedía por su familia, las personas que fallecieron y gozan de estar en planos superiores le mandan Luz a sus seres que lo acompañaron en su vida.

Hay tanto amor en el Cielo que no cabe.

Hay tanta protección divina para los que están en la Tierra, que los humanos tendrían que brindar por la vida y por la muerte en cada minuto y a cada instante.



Extracto de "Francesco decide volver a nacer de Yohana Garcia"

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